capitulo 1

820 Palabras
El Murmullo de la Oscuridad La noche previa a Halloween siempre era más fría, más oscura, como si el mundo presintiera lo que estaba por venir. En la pequeña ciudad, las luces parpadeaban, y las calles vacías daban la impresión de ser una trampa, una boca abierta a la espera de que alguien caminara lo suficientemente cerca para ser devorado por la sombra. Viviana caminaba lentamente por la acera desierta. Había algo en el silencio que le parecía casi reconfortante, algo que le hacía pensar que, tal vez, su propia tristeza se mezclaba con el aire gélido, como si la ciudad y ella compartieran una misma desolación. Las hojas secas crujían bajo sus botas, resonando en la quietud de la noche. Mientras andaba, la música de su auricular derecho reproducía en un bucle constante la misma canción: "I need a big boy, give me a big boy…". La voz de SZA flotaba en sus pensamientos, acompañando cada paso. Viviana sonrió para sí misma, una risa apenas audible, casi una burla. Aquella letra le hablaba de un deseo que parecía lejano, de un amor que nunca llegaría. Solo fantasías que se disipaban como humo cada vez que despertaba a la fría realidad de su soledad. "¿Qué estoy haciendo?" murmuró para sí, como si la misma melodía la estuviera retando. Había una parte de ella que anhelaba lo que describía la canción: algo grande, protector, aunque una parte más profunda la advertía de que aquello, en el mundo real, solo podía ser peligroso. Las luces de la calle titilaron, arrancándola de sus pensamientos. Se detuvo. Algo no estaba bien. El aire, ya frío, se sentía más denso, más pesado, como si estuviera siendo observado. Miró alrededor, pero no había nadie. Sólo oscuridad. A lo lejos, el zumbido de un poste de luz quebró el silencio, pero aún así, no pudo sacudirse la sensación de que alguien o algo la acechaba. Viviana comenzó a caminar más rápido, apretando su chaqueta alrededor de su cuerpo. Era como si cada sombra se alargara a su alrededor, tratando de alcanzarla, como si las tinieblas mismas estuvieran vivas. Quería calmarse, decirse que era solo su mente jugándole una mala pasada. Pero no podía. No cuando sabía lo que venía. Él. El asesino que regresaba cada año. Los rumores no cesaban: decían que nunca mostraba su rostro, que sus víctimas eran elegidas al azar. Habían quienes creían que aparecía por venganza; otros, que simplemente disfrutaba del terror que provocaba. Nadie sabía quién sería el siguiente, pero todos en la ciudad lo esperaban. Ella no debía estar fuera a esa hora. Nadie lo hacía. Pero algo la había empujado a salir, algo irracional, como si buscara sentir algo más allá de la tristeza que la consumía cada día. Y ahora, estaba en medio de la nada, rodeada por la amenaza invisible que colgaba en el aire. Un ruido a su espalda la hizo detenerse en seco. Giró lentamente, su corazón latiendo en su garganta. No había nadie. Solo la calle vacía y las luces parpadeantes. Sin embargo, la sensación seguía allí. Su piel se erizó, su respiración se aceleró. De repente, la música en sus auriculares se cortó, reemplazada por un zumbido bajo y distorsionado. "I need a big boy…" se repetía una y otra vez, pero ahora sonaba perturbador, deformado, como si alguien lo estuviera susurrando directamente a su oído. El pulso de Viviana se aceleró, y al arrancarse los auriculares, el zumbido cesó de inmediato, dejando solo el eco del silencio. No estaba sola. Su mirada se alzó lentamente hacia un punto entre las sombras, y allí, en la penumbra, lo vio. Una figura alta, corpulenta, su rostro cubierto por la máscara blanca y vacía que conocía demasiado bien. La silueta no se movía, solo la observaba. El brillo de un cuchillo en su mano reflejaba la tenue luz de la luna. Viviana sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Quiso correr, pero sus piernas no respondían. Quiso gritar, pero el terror le robó la voz. Estaba congelada, atrapada en un momento que parecía eterno. La figura dio un paso hacia ella, lento, calculado. Su mente comenzó a divagar. ¿Es este el final? ¿Este hombre enmascarado sería su verdugo? Pero, extrañamente, al borde del pánico, Viviana sintió algo más. Una punzada, un latido profundo en su interior, algo oscuro y confuso. Quizás era el delirio o la desesperación, pero por una fracción de segundo, en lugar de miedo, sintió... una extraña curiosidad. ¿Por qué la observaba así? No parecía precipitarse, no atacaba. La figura detuvo su avance a unos metros de ella. Podía escuchar su respiración pesada bajo la máscara. Y entonces, sin aviso, él se giró, desapareciendo en la oscuridad como si nunca hubiera estado allí. Viviana quedó sola otra vez, pero esa soledad, por primera vez, se sintió diferente. Como si algo en la noche la hubiera reclamado.
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