bc

Coincidencias

book_age12+
58
SEGUIR
1K
LEER
decisivo
valiente
humor
serio
misterio
secretos
crimen
like
intro-logo
Descripción

Sinopsis

Catalina Bellmore hija única de la gran familia Bellmore y presidenta de una famosa editorial, cansada de una vida de lujos y dinero adopta de vez en cuando una segunda identidad que le permite alejarse del foco de las cámaras y la tediosa rutina entre los socios de su familia.

Catalina se muestra en el trabajo y la gran pantalla como una mujer arriesgada y desconfiada, una audaz empresaria que no teme a decir lo que piensa y desvela las más escandalosas primicias jamás escuchadas y vistas. Su otro yo Clara Liner es una joven músico que se oculta del mundo en una plaza donde puede tocar a su gusto sin llamar la atención de personas indeseadas, conoce a unos chicos en su juventud, años después su reencuentro la conducen a tocar en un bar junto a ellos. Esa noche tras las presentaciones Clara observa a un grupo extraño de hombres apresar a otro y golpearle, mira atentamente la escena entre la oscuridad de unos botes de basura, uno de los hombres inesperadamente se da vuelta en su dirección y ésta escapa apresuradamente temiendo ser descubierta. Semanas después descubre que presencio el homicidio del joven empresario y socio de su familia, el joven Andrés Morgan hijo de otra de las familias más importantes del país junto a la suya. Esto desencadenada una ofuscada huida para Clara y siembra la intriga en ella, pues en las pantallas se muestra lo ocurrido como un desafortunado incidente.

En su búsqueda se topa con dos sujetos que terminan ayudándola en su identidad como Clara, ambos vecinos de su pequeño departamento. Kley Allen un astuto y hábil genio de las computadoras; y Henry Morel un sencillo oficinista desempleado con demasiado tiempo libre. ¿Descubrirá al responsable detrás de las sombras?

chap-preview
Vista previa gratis
Pequeñas mentiras
Una vida normal y tranquila es lo que la mayoría de las personas busca, estabilidad económica y una prominente calma en su vejez. Mi madre, una mujer capaz de obtener lo que busca lo consiguió, adquirió por matrimonio cierta parte de los bienes del hombre que sería mi padre al yo nacer. Sus encantos la llevaron a conquistar su corazón y con ello apoderarse de las decisiones de éste, siendo capaz de hacer cumplir todos sus caprichos y necedades si así lo desea. Mi padre el Señor Eduard Bellmore; presidente de varias compañías importantes en el país, entre ellas una de las más reconocidas editoriales Nuevo Cielo, cayó ante sus encantos. Se maravilló hasta tal punto de sus curvas que fue imposible para él ver a otra mujer que no fuese ella. Años después eme aquí como hija única de dicho enlace. La causa; la señora Fatima Bellmore, mi madre, decidió que con un hijo ya sea chico o chica les era más que suficiente, obviamente ella no dejaría su estructural cuerpo dañado al ser una madre de más de tres hijos, primero ocurriría su muerte antes que permitir la perdida aunque sea parcial de su belleza. Sus enseñanzas se basaron en una muy buena educación, para mi desgracia en casa y con incontables profesores de, además de diversas materias esenciales para aprobar el colegio con honores, una gran cantidad de otras, pongámosles habilidades para una persona educada en una gran familia; entre ellas: música, dibujo y danza. Nunca he logrado entender para qué son realmente necesarias, deje de cuestionármelo luego de varios años. A los doce años cumplidos considere la posibilidad de independizarme de mis padres, vivir mi vida sola o con mis abuelos, sin embargo la falta casi absoluta de mi familia en casa me hizo sentir como si ya lo estuviese, así, no hubo razón para comentárselo a nadie y termine olvidando mi genial idea. Después de obtener aptitudes inevitables según mi madre para evadir a las personas no deseadas y ganar todo lo que anhelas, aprendí como divertirme sin la necesidad de ir a juegos o al colegio, la adrenalina que sentía cuando jugaba a escaparme de casa durante días, no se comparaba con la que sentía en la montaña más alta del parque de atracciones o las excursiones a diversos lugares históricos y naturales. Además de que compensaba todo el aburrimiento que suponía estar en casa todos los días del año. Esto no involucro nunca los engorrosos festejos y reuniones sociales a los que era arrastrada por mis padres y ciertas veces mis abuelos, debo admitir que nunca me importo asistir a las mis abuelos, eran por mucho más divertidas que las otras. Es cierto que el confinamiento fue parte de mi vida pero, me salí con la mía en más de una ocasión, logrando disfrutar mi juventud a tope; escapes furtivos, fiestas nocturnas y bebidas alcohólicas fueron toda una experiencia para una chica normal, salvo que con suficiente dinero para haber realizado millones de fiestas si hubiese querido. La vida universitaria la lleve tranquila sin contar una que otra rebeldía hacia mis adorados padres que acababa en la cancelación de mis tarjetas de crédito durante meses, jamás me afecto dichas decisiones, una de las cosas que más agradezco de haber aprendido de mi confiable abuela, es que siempre hay que estar preparado para todo. Eso me llevo a adquirir una cuenta segura separada de los bienes de la familia, oculta e inexistente para ellos, destinada a cumplir con mis necesidades en situaciones donde debería prescindir del dinero de mis padres. Mi abuela estaría muy orgullosa de mí, lo sé. Aunque eso no quita que mi señor padre y su esposa me fastidien la vida cada que pueden, a veces siento que es su pasatiempo preferido. No creo que tanto observar fijamente el cristal del ventanal de mi oficina logre romperlo y así crear una situación tal que me permita escaquearme de las obligaciones de cualquier presidente de una lujosa compañía. Pero vale la pena soñar. Tanto pensar en esos días y en una viable forma de escape, sin encontrar ninguna, hacen que mi humor empeore. Al menos las reuniones programadas para mi mañana y tarde ya han acabado, los últimos rayos de luz del día puedo verlos a través de los edificios que ocultan la puesta del sol. Me quedaría a terminar trabajo de la semana, pero hoy no me importa mucho ser buena empresaria. La puerta de mi oficina suena, unos muy reconocibles golpes de mi confiable asistente me alertan de su llegada, segundos después sin obtener respuesta de mi parte la puerta se abre, Mia entra con unas carpetas en las manos y su habitual vestimenta de trabajo, es joven al igual que yo, sin embargo sumamente competente, solo por esa causa es mi asistente personal y no secretaria de algún departamento menor de la editorial. -    No deseo escuchar que tengo que firmar nada en este momento. Y libera el resto de mi semana, encárgate de todo en mi ausencia y mantenme informada de cualquier eventualidad que ocurra – ataje a decir antes de que siquiera mencione palabra, todo el mes ha sido estresante, solo son cuatro los días que quedan de este, los aprovechare para despejar mi mente. Mia suspira y coloca las carpetas al borde de mi escritorio, la ignoro y recojo todas mis cosas, las lanzo sin ningún cuidado en el bolso que tengo a la mano, muero por dejar la oficina y no esperare a que surja algo que me lo impida. Sin escapes maestros, solo saldré por la puerta tranquilamente. -    ¿Otra vez? – pregunta Mia llamando mi atención. -    Sí, otra vez y no exageres. La última vez que lo hice fue hace, por lo menos cuatro meses. Te daría también vacaciones pero… -    Primero, eso no son vacaciones y segundo, necesitas a alguien capaz que lleve todo mientras no estas. Lo sé. -    Bien, asegúrate que la nueva edición sea impecable. Igual estaré aquí unos días antes de que se lance. Has escuchado algo de mis padres. -    El presidente no se ha comunicado con la compañía, ni contigo personalmente. Por otro lado la señora Fatima te dejo varios mensajes, los cuales decidiste ignorar sin cuidado. -    ¡No puede ser! ¡Lo olvide! Respóndele y dile que estoy bien y ocupada. Que sea convincente, no quiero tenerla merodeando por aquí. -    Sí, yo tampoco – aseguro mi asistente con cara de horror, no la culpo cuando viene mi madre aterroriza a todos, Mia es la que se encarga de atenderla y vigilar que no haga desastres. Aun no olvido cuando quiso que la portada de la revista tuviera una interesante primicia de su vida adolescente antes de conocer a mi padre. A mi casi me da un infarto y mi padre no me hablo por lo menos unos meses. Tiempos oscuros sin duda. Eso sin mencionar que las cámaras nos siguieron en todos lados. Torpe prensa. -    Siempre tan servicial. Iré esta noche, imagino que está en condiciones aceptables ¿no es así? – indague rodeando el escritorio y dirigiéndome hacia la puerta. -    Sí. -    Bien -    ¿Podrías mirar estos papeles antes de irte? – pregunto, me gire y la vi con una de las carpetas en las manos. -    Envíamelos esta noche al departamento, los revisare apenas llegue y te lo hare saber ¿bien? -    Como digas -    Oye el vocabulario, soy tu jefa – la reprendí, a decir verdad existía la confianza de amigos entre nosotras, pero me agrada fastidiarle aún más su vida cuando puedo, eso definitivamente es de familia. -    No lo olvido – dijo con una sonrisa más falsa que los champuses 100% naturales - ¿te iras directamente? -    No, pesare primero por casa -    Enviare el auto -    Gracias – dije y me marche La oficina de la presidencia es la parte más tranquila del edificio, me encargue personalmente de ello; las demás oficinas y departamentos son demasiado bulliciosos, un parlante no se les compara. Se calman siempre que camino por ellos, menudos crédulos no engañan a nadie. Al llegar afuera la noche ya había caído, espere unos segundos y el auto llego, Fran, el chofer me habré la puerta como de costumbre. -    A casa, luego te puedes retirar por el resto de la noche. -    Entendido     El camino a mi edificio residencial es un poco largo, obtuve el departamento donde vivo un año antes de ser la presidenta de la editorial, no me importaba la distancia por aquella época de la casa de mis padres y sus empresas, un posible error de mi parte, aunque tener un chofer es la solución para ese tonto problema. Puedo recordar de forma muy clara cuando mi padre me llamo a su oficina meses después de mi graduación universitaria. Él se encontraba parado a espaldas de mí y muy convenientemente mi madre también se encontraba allí, me dijo calmadamente mientras se volteaba y me daba la cara que ahora que dejaba la vida universitaria y entraba al mundo laboral, un trabajo sería lo más sensato para solidificar mi independencia y probar mis aptitudes logradas, por lo cual me cedía una de sus compañías para que yo me hiciese completamente cargo de ella. Ciertamente mis estudios se basaban en el manejo económico, además de una carrera alternativa de literatura y letras, no puedo imaginar cómo se me ocurrió estudiar eso, pero lo hice. Inmediatamente después de aquel discurso me entrego los documentos que volvían sus palabras reales. No logre decir nada en todo ese tiempo, quería probar un trabajo moderado por unos años antes de adentrarme de lleno en el negocio familiar, claro que lo que yo deseaba no lo sabían mis padres y ellos ya tenían sus propios planes para mí. Por lo menos cinco días después de esa charla entre a la editorial no como la hija del jefe, sino como la presidenta ejecutiva de Nuevo Cielo. Me enfrasque en el trabajo hasta que logre llevarlo como a mi mejor me pareció, cambie hasta el color de las paredes y la totalidad del mobiliario de cada rincón del edificio, repase a cada empleado por menor que fuese y despiadadamente según mi padre, pero razonablemente según mi madre despedí a la cuarta parte de los empleados y contrate a sus reemplazos inmediatamente. Dos años luego llego Mia mi actual asistente, competente por naturaleza y aliada discreta. Muy favorecedor a mi parecer, a veces siento que mi padre me tiene vigilada entre los empleados de la compañía, aunque no logro descubrir nada en concreto necesito a una persona que solo trabaje para mí y pueda darle la suficiente confianza. Así logre perder cinco años de mi vida en un parpadeo, ahora a mis despampanantes 27 años me di cuenta que necesito un espacio para pensar y razonar sobre mis decisiones que no sea casa, un lugar lleno de lujos te nubla en más de un sentido el juicio, también me afecta los nervios y mis pensamientos. Soy fiel creyente de los piensan que las malas mañas nunca mueren, puedo asegurar que eso es cierto, nunca se borran solo evolucionan y se adaptan. Por ellos aún me gusta… digamos pasar tiempo lejos del lujo y el dinero. El movimiento seso, salí de mis pensamientos y observe que había llegado a casa. Fran abrió mi puerta y se despidió con un ligero movimiento de cabeza, vi como entro al auto y se fue tan fácil como llego. Camine y pase a través de las puerta rotatoria de la entrada, me dirigí a paso seguro a el ascensor ignorando por completo todas las miradas que seguían con mucho cuidado mis movimientos – deberían meterse en sus propios asuntos. Deberé hacer algo al respecto, en serio me fastidian – El ascensor se detuvo en el último piso, Salí y arroje el bolso en la encimera de la cocina, me serví un trago de vino y me lo termine en segundos. Es hora de preparar mis cosas para despejar mi mente, algunos prefieren los deportes extremos, otros las bebidas y las discos, mis gustos son más sencillos de los que muchos imaginarían. El sonido de mi teléfono paro en seguida mis acciones, lo tome y mire el nombre de la pantalla, parece que Mia no fue muy confiable en la información que la dio a mi madre sino no estaría llamándome casi inmediatamente de comunicarse con ella, pero que ensimismosa puede llegar ser a veces. Alargar lo inevitable es tonto, mejor respiro y atiendo a sus palabras. Descolgué la llama y atendí a sus quejas. Sí, quejas; sus palabras no pueden considerarse de cortesía o cariño, son puros reproches sin miramientos. -    No contestas mis llamadas. Y cuando creo que por fin lo haces, me habla tu secretaria diciendo muy secamente que mi hija está demasiado ocupada como atender una simple llamada de su madre – ni un segundo transcurrió y ya su voz gritona me hizo alejar el teléfono de mi oído antes que me dejara sorda. -    Te quería devolver la llamada, sabes que estoy ocupada. Y Mia es mi asistente personal no mi secretaria, lo sabes bien. -    Cariño eso no me interesa. La subasta anual de arte será dentro de unas semanas y espero que estés allí. Tu padre también desea verte. Ya sabía que algo buscaba con su insistencia. -    Si solo padre quiere verme, puede hacerlo cuando le visite en casa, no necesito ir a una subasta para ello. -    Estarás en ella, la presidenta de Nuevo Cielo debe estar presente. No manches el nombre de nuestra familia querida – no creo que sea lo único. -    ¿Quiénes estarán en la subasta? – pregunte -    No entiendo a qué te refieres -    Te aseguro que los hijos de los socios de mi padre no necesitan conocerme ni yo a ellos. -    No digas tonterías por supuesto que deben conocerte. Si quieres ampliar la editorial debes tener los contactos para hacerlo. -    Eso lo sé, te encargaste de que lo entendiera todo perfectamente, no necesitas recordármelo -    Pareciera que sí – no me dejara tranquila hasta que acepte y no tengo ganas de esquivar sus constantes llamadas. -    ¿Si te digo que estaré allí, me dejaras de llamar? -    Disfrutare de mis salidas al club si lo haces. -    Entonces nos vemos en la subasta, saluda a padre de mi parte -    Asegúrate de estar atrayente ese día – dicho eso colgó sin esperar respuesta de mi parte. No esta vez, no seré su carnada para un nuevo proyecto. Ni mucho menos su enlace para expandir la fortuna de la familia. Deje el teléfono en el sofá y me dirigí a mi habitación, ahí encontré todo lo que necesitaría para los próximos días, los metí en una mochila y me la cargue al hombro cuando acabe de cambiar mi ropa, no hay sentimiento en el mundo que describa como es deshacerse de un vestido formal y tacones molestos por; un jumper un poco holgado, un suéter cómodo de esos de algodón puro y unas converse planas y livianas, lo diré, es único y muy satisfactorio. Me deshice de mi maquillaje y deje casi al natural mi rostro, ate mi cabello en una coleta desordenada y ya me encontraba lista para irme. Tome mis llaves y mi otro teléfono, me di un último vistazo al espejo y salí. El ascensor me llevo hasta el estacionamiento, de ahí fui a la puerta de los empleados de servicio y llegue al callejón lateral al edificio. Evite los ojos curiosos tanto como pude, logre confundirme entre las personas como una persona más de la multitud logrando llegar hasta el metro. Algo a lo que aun después de tantos años no puedo acostumbrarme, me aburra la cantidad tan absurda de gente que constantemente lo toma. Mi estación llego, me baje y fui directo a un mediano edifico de apartamentos pequeños, no estaba tan loca para elegir un sitio tan peligroso pero, quería algo cómodo donde podría fingir que soy otra persona. Pase por la entrada, agarre de un tirón el correo acumulado de la casilla y subí las escaleras a paso rápido. El lugar se encontraba en perfectas condiciones, con la compra ya hecha, Mia hizo un buen trabajo, divise los documentos en la mesita del centro luego me ocuparía de ellos. Arroje el bolso en el pequeño mueble frente al televisor. Alcance a verme en el espejo de fondo siempre me sorprendería a mí misma lo mucho que cambiaba con solo ponerme otra ropa, de seguro le provocaría un infarto a mis padres verme vestida como lo estaba pero, en mi defensa si quería pasar desapercibida tenía que hacer un esfuerzo genuino. Y Clara Liner tenía que tener una personalidad única tanto como Catalina Bellmore. Observe la hora en el reloj de la pared y me di cuenta de lo tarde que era, aunque temprano para mí. Tome mi guitarra de la esquina y la colgué a mi hombro. El espectáculo todavía no comienza. Algo de lo que nunca me arrepentí fue de aprender música, tocar la guitarra se convirtió en mi pasatiempo preferido tras años de práctica diaria. Mi voz apestaba, pero la melodía que podía crear con las seis cuerdas me gustaba mucho. Cuando tenía diecisiete años me escape como de costumbre de casa, llegue caminando a una plaza del centro sumamente alejada de los vecindarios que reconocía, el sonido atrayente de unos cantantes callejeros llamo mi atención, esa noche no me moví de allí hasta que se fueron, volví unas cuantas veces cuando tenía la oportunidad. Por tonterías de la vida uno de ellos me dejo tocar su guitarra. Termine tocando con ellos en varias ocasiones hasta que se convirtió en mi hábito recurrente ir allí y pretender ser otra artista callejera más de la plaza. La única que conoce aquello es Mia y bueno mi abuelo, que fue el que me encontró a los veinte años allí. Ese viejo no dejaba de molestarme siempre desde la muerta de la abuela, sabía exactamente como encontrarme, sinceramente no sabía cómo lo hacía. Camine hasta observar la plaza, me acerque a unos de los bancos y toque como siempre; una melodía suave, luego unas más movidas y una petición para el final. Una pequeña multitud se reunió a mí alrededor mientras las horas pasaron una tras otra rápidamente. Mis dedos cansados pedían descanso, agradecí a las personas que se congregaron a mí alrededor y decidí volver al pequeño departamento. -    Si no te veo en persona no lo creo – hablo una voz a mi espalda. Me gire y vi a un hombre joven y una chica con una flauta en su mano derecha, me gustaría decir que los reconocí al instante, no fue así. No tenía idea alguna de quienes eran esas personas. -    Disculpa, ¿tú eres…? – pregunte ladeando mi cabeza en clara señal de duda. -    Me duele que no me reconozcas. Los chicos se sentirán dolidos. ¿Chicos? Oh, los que conocí tiempo atrás en este mismo lugar, imagino que son ellos, sin duda el rostro del muchacho se me hace familiar, un rostro igual a ese pero más infantil fue el baterista las veces que me presente con los chicos en los mini conciertos que hacían. Si no me equivoco el nombre del muchacho era Nataniel, Nate para los amigos. -    ¿Nate? ¡Eres tú! Es cierto que el tiempo vuela – dije cuando la luz del reconocimiento alumbro mis recuerdos, con una sonrisa de verdadera alegría en mí rostro. Ahora que lo pienso tengo mucho tiempo sin verles, no había venido en meses, sin embargo llevo unos cuantos años sin toparme con ninguno de ellos en la plaza. -    Lo mismo podría decir de ti Clara, veo que sigues tocando tan bien como antes. -    Gracias -    ¿Acústica? ¿Dejaste la eléctrica? – pregunto viendo mi guitarra -    No, solo toque esta hoy, algo suave. No veo a los demás ¿viniste solo? – indague buscando a mi alrededor. -    Algo así, ella es Hana – me presento a la chica que tenía a su lado, ella solo movió su mano con un saludo escueto. Vaya actitud de rebelde sin causa para ser tan joven – es nueva, la traje para que tocara algo sencillo y observara cómo funcionan las cosas por aquí. -    Eso es genial, como en los viejos tiempos. -    Sí, como cuando iniciaste. Oye, ¿tocamos algún día de nuevo? – me pregunto genuinamente interesado -    Seguro, avísame cuando ocurra. Y salúdame a los chicos. ¡Adiós! Me despedí de ellos, hacía demasiado tiempo que no les veía. Volví caminando al departamento, la noche estaba tranquila. Las pocas personas que aún permanecían afuera eran las que volvían de fiestas o iban a ellas, es lo normal si caminas a las doce de la noche por las calles de residencias. Deje mi guitarra en su lugar habitual y me digne a darme una buena ducha y a dormir plácidamente después de eso. Me hubiera encantado cumplirlo si un ruido ensordecedor no me hubiese sacudido los tímpanos dejándome aturdida por una fracción de segundo - ¡Qué chillido tan fastidioso! ¡Por dios! Matare a aquel que no me deja descansar en paz -. Me di cuenta que el sonido provenía del departamento al frente del mío. Me asome para verificar mi idea y efectivamente, el ruido provenía de allí. ¡Cómo me hierve la sangre! ¡Rodará su cabeza! -    ¿Qué maldito desgraciado? Ah, no puede ser… - escuche a alguien gritar y la puerta de al lado se abrió de golpe dejando ver a un chico alto, de piel tostada en pijama y tremenda cara de molestia en su rostro. Camino con los puños apretados hasta la puerta y no toco, más bien golpeo como nunca sus nidillos en la madera. Nada, la música chillona seguía sin tregua. Es obvio que le ha escuchado, bendito idiota de pacotilla. El muchacho se voltio y por primera vez desde que salió de su departamento me miro, sus ojos mostraban clara irritación, debían estar igual que los míos. Ambos volteamos a ver la puerta aun cerrada, soltamos un bufido de rabia, entre a mi departamento azotando la puerta lo más fuerte que pude. Bendito idiota, Bendito idiota. Llame inmediatamente a Mia, contesto en el tercer tono, me hice apenas audible por encima del horrible sonido. -    Mia. ¿Qué diablos está pasando? – pregunte enfadada, gritando a todo pulmón por la música del diablo que estaba sonado por todo el piso. -    ¿A qué te refieres? ¿Y dónde rayos estás? ¡Qué música! -    No te hagas la graciosa conmigo, estoy en casa dispuesta a irme a dormir y un desgraciado se atreve a romper mis tímpanos en mi edificio. ¿Me podrías explicar cómo es eso posible? – vocifere irritada -    Oh, ya veo. Un nuevo inquilino lo alquilo hace unas semanas atrás, he recibido varias quejas por su causa. -    ¿Y no pretendes hacer algo al respecto? – la interrumpí exasperada -    Ya lo hice – me respondió tranquila – dejara el edifico mañana, ya me encargue de ello. -    ¿Mañana? ¡No podré dormir con semejante alboroto! – me queje. El muy idiota se quiere vengar por echarle, no me gustaría hacer un escándalo de esto y alertar a las personas. No quiero a chismosos al frente de mi puerta. -    ¿Si quieres yo…? -    No. Dime donde se encuentran los fusibles de este complejo los bajare y no tendrá de otra que callarse. -    ¿Segura? – pregunto – podría ir con alguien y sacarlo -    No está bien, si se va mañana no hace falta, hare eso y problema resuelto. La noche está fresca, estaré bien. Mándame la ubicación ahora, quiero dormir. -    Enseguida – dicho eso colgué, que molestia. ¡Qué tan difícil es lograr un alto a tu rutina diaria!    El sonido seguía intermitente, me las pagara el muy idiota. Mia me envió lo que necesitaba para callarle a mi teléfono. El último piso, al lado de las escaleras en una oficina cerrada bajo llave que solo tiene la persona encargada del mantenimiento del edificio y su dueño, es decir yo, está la caja de los fusibles. Fácil, solo debo evadir a curiosos y fingir que fue un problema de mantenimiento que se solucionara mañana a primera hora del día. Busque la llave y la lance a mis bolsillos, tome una linterna para cuando regresara y salí sigilosamente por la puerta. Al caminar por los pasillos escuche las quejas de los demás residentes de allí, incluso me topé con una mujer mayor que llevaba un palo en su mano caminando muy decidida en esa dirección, si logra hacerle parar antes de que llegue a la caja de los fusibles tal vez me arrepienta de hacer lo que voy hacer. Llegue al último piso, fui directo a la dichosa oficina, saque mis llaves y entre, deje las luces pagadas para que nadie se entere que estuve aquí. Ahora la caja ¿Dónde estará? Le mande un mensaje a Mia y esta me respondió al instante - la esquina derecha de la pared del escritorio. Muy bien – Ahí está, un estante viejo me estaba tapado la vista. Me aproxime y ¡Oh Dios mío! ¡Qué Jesús me ampare! Una figura agachada se dio la vuelta cuando por el susto retrocedí y me di contra el respaldo del escritorio provocando que este hiciese ruido. La luz de una linterna me cegó por un momento antes de golpearla y lanzar la tenía en mis manos a la sombra que ahora estaba de pie. -    Auch, ¿pero qué te pasa? ¡Estás loca! – una voz masculina se quejó, después de unos segundos cuando mi vista se acostumbró a la poca luz distinguí al muchacho que vive al lado mío, el que tenía cara de enojo. Qué mal. -    Perdón- musite apenada. Un minuto - ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? – pregunte cayendo en cuenta que la llave de ese sitio solo la tienen el encargado del edificio, Mia y por supuesto yo. -    Podría preguntar lo mismo – inquirió éste con los cejas levantadas y los brazos cruzados. -    Yo pregunte primero – ataque haciendo su misma pose – finjamos que esto es normal -    Por supuesto, pero igual no responderé – dijo con voz seca. Magnifico yo tampoco. ¡Y ahora qué!  

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

La embarazada sacrificada

read
3.2K
bc

engañada

read
3.7K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.0K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
55.8K
bc

Prisionera Entre tus brazos

read
102.0K
bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
64.8K
bc

Eres mío, idiota.

read
3.6K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook