Algo le decía que nunca había cantado mejor. Natalia, vistiendo sus pantalones de tono vino tinto de corte ancho, sus zapatos negros de tela y su ombliguera blanca, lo estaba haciendo mejor que nunca. Los nervios que la acompañaron hasta el momento de subir al escenario quedaron atrás, y ahora cantaba Luz Oscura, composición de uno de sus compañeros, sin pensar en más que aprovechar la oportunidad que se le presentaba para dar su banda a conocer. No se podía comparar con lo que habían hecho antes: los pequeños conciertos y las presentaciones en bares no eran nada al lado de lo que ahora estaba sucediendo. Sabía que los cincuenta mil no estaban ahí por ella ni por Los Cirujanos, estaban para ver el grupo de ese simpático y apuesto muchacho que había conocido la noche anterior. Pero eso no i

