Le abrí la puerta del conductor a la pelirroja y le sujeté el cinturón de seguridad. Cogió mi rostro con sus manos y me acarició los labios con su lengua. Mi entrepierna palpitó despertándose con el contacto. Cuando arranqué el automóvil me dirigía a mi motel de costumbre cuando ella me pidió desviarnos a su casa. Estaba más cerca y estaba sola. Introduje los datos en mi gps y cambié la ruta. Me dedicó una sonrisa lujuriosa, la misma que me conquistó minutos antes en la fiesta, se inclinó hacia mí y trazó pequeños círculos con sus dedos en mi pierna. Ya estaba duro y ella lo sabía, porque me apretó con fuerza causándome un gemido. Pero ella no paró allí. Bajo el cierre de mi pantalón n***o e introdujo su mano. En cuanto su tibia mano sostuvo mi erección tuve que bajar la velocidad del a

