—No entiendo de dónde sale ese número —murmuré con frustración. Alejandro se acercó hasta mí e inclinándose sobre mi cuaderno revisó con atención lo que estaba resolviendo. Ajustó sobre su nariz las gafas y siguió la línea del ejercicio con su dedo índice. Olía todavía a Hugo Boss mezclado con champú. Mi corazón martillaba con fuerza. Sentía en mi brazo las exhalaciones de sus respiraciones tibias. Sin alejarse giró para verme la cara y su rostro quedó a escasos centímetros del mío. El calor invadió con rapidez mis mejillas al mismo tiempo que las suyas se sonrosaban. Se apartó y volvió a acomodar las gafas, aunque no se habían movido de su sitio. —Fíjate, estamos resolviendo una ecuación con incógnitas. Sabemos qué Y es igual a X más 8, y que X más Y es igual a 106, entonces tenemos que

