—Todavía me cuesta hacer este tipo de cosas —Nicolas aprieta mi mano mientras entramos al salón. La música de CocoMelon resuena a un volumen alto, que pone a vibrar el cuerpo de Madi. —¿Hacer qué? —Esto —se mira, mira a Madison, luego a mí—. Fingir que estoy super notable cuando la paranoia me está volviendo loco. Abrazo su cintura y le doy un beso en la mejilla. —Se va a poner peor conforme sigan pasando los días —le susurro—. Te necesito fuerte, Nick. Siento su respirar profundo y pausado. —Es difícil. —Por favor... —Trato. —Esfuérzate un poco más —le doy otro beso—. Te amo. Madi se nos escapa y sale corriendo al centro del salón, donde el tumulto de niños aguarda para subirse al aparatoso castillo inflable. —¡Con cuidado, cielo! Un mozo se nos acerca, ofreciénd

