Taconeo y la presión en mi pecho se hace aún más grande. Miro mi reloj pulsera por décima ocasión en menos de quince minutos: esta mujer tiene más de dos horas de atraso. Con disimulo, de mi cartera saco un blíster con pequeñas píldoras y pongo dos en mi garganta. Suerte que Leslie pudo comunicarme con un buen psicólogo en la ciudad para que reanude mis sesiones y solicite una carta médica para más ansiolíticos. Mañana será mi primer sesión y la segunda será con Nicolas. Él y yo lo hablamos y coincidimos que es buena idea una "terapia de pareja". Sacudo la cabeza. Mis pensamientos me distraen de lo que ahora es importante: las puertas del café. No puedo creer que esa maldita y cínica mujer me haya dejado plantada aquí. Decencia sé que no tiene, y a decir verdad ni siquiera

