Al final del día, no soporto las manos, las reviso y no doy credibilidad de lo que veo: mis manos están rojas, y la piel bastante rasposa, a tal punto que, probablemente ni la mejor de las manicuristas logrará arreglarlas. Hago un puchero a la vez de que me encamino al pequeño mueble para buscar mi pijama para poder ir a bañarme y acostarme a descansar. Ese imbécil se había pasado el día prácticamente que explotándome, enseñándome como debía de recoger los huevos y quitar la mierda del gallinero. Al principio no me había parecido un gran trabajo, pero conforme pasaban las horas, aquella maldita pala iba sacando callos en mis pobres manos, y, como si fuera poco, después debía de echar agua y pasar una puta escoba. ¡j***r! ¿Cómo hacían estas personas para vivir de esta forma? ¿metidos entr

