WASHINGTON —¿No puedes dormir?—preguntó Abby cuando vió a su marido parado en el balcón observando la oscura noche con esos ojos lindos que tenía. Evan no había podido conciliar el sueño y para no despertarla se había levantado de la forma más cuidadosa posible para evitar arruinarle la noche de la misma forma que él. Lo que más deseaba era dormir, pero en el fondo había algo que le preocupaba. Había recibido una nota ese día. El partido no estaba nada de acuerdo en que Martha abandonara su cargo y esos ancianos podían tener la cara demasiado dura pues no habían tenido reparos en amenazar a Martha que de no quedarse, podrían demandarla por incumplimiento de contrato. A pesar de aquellas amenazas había mantenido su actitud firme y había mantenido su primera postura. No iba a quedarse.

