El plan estaba diseñado para llevarse únicamente a Grillo y, de esa manera, avisar a Mauricio que su nieto estaba bien. Cero drama, cero escándalos. Pero al llevarse también a Tamara, no habían contemplado del todo la situación. Ileana estaba tan emocionada cuando escuchó que su hijo quería verla, que habría aceptado cualquier cosa con tal de tenerlo abrazado entre sus brazos. Era una de las cosas que más había deseado en el mundo, y ahora tenía frente a sí una pareja de papás, una familia entera preocupada por su hija, un novio que había puesto el país de cabeza para encontrar a Tamara. —No quiero que se vaya —dice Ileana. Su esposo la abraza y le recuerda que la realidad es que su hijo se va a ir, pero que van a desviar la ubicación de la llamada. —Te amo. —Eres igual que tu hijo —re

