Igor respetaba a la mujer que trabajaba. Había tenido el ejemplo de su abuela, sus tías, su madre y su anterior esposa: eran mujeres muy trabajadoras, con ideas clarísimas de lo que querían hacer y de lo que querían generar para ellas y para las personas que amaban. Le parecía imposible simplemente apagar los sueños de Tamara o robarle la alegría de construir sus propios proyectos. No la había invitado a ir con él a un viaje de negocios, primero porque pasaba muy ocupado y, segundo, porque ella estaba trabajando; pero si Tamara quería trabajar a distancia para estar cerca, él estaba encantado de recibirla. La pareja no había perdido el tiempo. Él le había mostrado parte del apartamento de soltero que tenía, pero ¿a quién quería mentirle? Quería todos los mimos que su novia podía darle. El

