Mauricio se puso nervioso, se levantó y fue por un par de botellas con agua. Luego decidió que era momento de enfrentar una realidad que le había dado pánico conversar con su hijo toda la vida. No podía, no quería decirle nada de Ileana porque su hija había desaparecido. Le hizo una seña a Grillo para que lo siguiera. Caminaron casi una hora y él le entregó un folder amarillo, viejo y gastado. —Yo no quiero contarte una versión equivocada. Solo ella sabe lo que pasó, Grillo. Lo que sí puedo decirte es que tu mamá te amó desde el primer segundo, y tu papá hizo todo lo necesario por darte la oportunidad de vivir esta vida ridícula que tienes, en la que tu única preocupación es tocar música. —¿Están vivos? —Hijo, tu mamá dejó eso para ti hace años. No sé nada, trato de no saber. Mi recomen

