Pasos

2005 Palabras
Grillo había escuchado a algunos de sus amigos usar pastillas para comer cosas con lácteos, así que preguntó a un médico si podía conseguir la receta y le dijeron que era de venta libre. Luego había ido por ella a su casa y, finalmente, terminaron cerrando una heladería solo para los dos. Hicieron una degustación de helados, y Grillo se pidió su ensalada de frutas especial, mientras ella pidió un par de batidos de fresa, solo para estar segura de cuál era la textura y combinación que le gustaba. Grillo probó la fresa con coco, y luego la fresa con fresa y leche condensada. —¡Espectacular! —dijo, y ella se sintió feliz. —Amo esto. —Comimos queso. —Libre de lácteos —responde, y él ríe antes de besarla. —Ahora, después de esto, voy directo a dormir. Como dulces y me baja la energía como si repeliera mi hiperactividad usual. Los dos se ríen. Tamara le escribe a Grillo: Tamara: Necesito un amigo. ¿Ya regresaste de tu cita? Grillo: Estoy con Sima. Luego se toma una foto con ella y se la envía. Tamara: Qué guapos, sigan. Mañana hablamos. Grillo: Puedo ir después de mi cita. Tamara: Estoy bien, es una tontería. Sima está fascinada con la cita. Solo el gesto… Le encanta Grillo porque la hace sentir escuchada y feliz. Entonces entiende lo que él decía de no estar lista para eso: para enamorarse de alguien, sentir que estaban flotando en una nube y que de pronto se rompiera. —¿Está todo bien? —Sí. Tamara pensó que estaba libre. —¿Tu mánager? —Mi mánager y mejor amiga —aclara. —Solo amiga, porque las fotos no son comprometedoras, pero sí sugestivas de que podría haber algo —Grillo niega con la cabeza. —Ella está muy enamorada de Igor, el productor —Sima asiente. —¿Y tú? —pregunta. —Yo estoy encantado contigo —responde, y le da un beso en los labios—. Tengo que hacer un viaje este fin de semana… —Tengo un shooting —responde ella—. Yo estoy soltera, no tengo rollos con nadie. Estoy dispuesta a enamorarme, a hacer el ridículo por amor. Sabes, quiero todo, pero no soy de hacer triángulos amorosos. Si tú dices que Tamara es solo una amiga, es una amiga a la que quieres muchísimo. Yo voy a respetártelo. Si crees que puede haber algo, necesitas resolverlo. Me quito de en medio. —Tamara es parte de mi vida. Es parte central de mi vida, Sima, y no quiero que te cierres a la oportunidad de conocer a alguien maravilloso porque la prensa insinúa cosas que no son. La misma semana que conocí a Tamara conoció a Igor, y lo adora. Y esta semana, cuando tuve que pensarme si salir o no contigo, fue la primera en animarme a hacerlo, y no me arrepiento de ello. Gracias por señalar tus límites, pero cuando amo a alguien, como amo a Tamara, para mí tampoco es negociable un ultimátum. Lo que sí es posible es que me conozcas más, y que la conozcas a ella y a Igor. ¿Qué tal una cita los cuatro? Sima da un sorbo grande a su bebida, apoya su cuerpo contra el respaldar de la silla y asiente. —Vale, pero antes vas a tener que follar conmigo. No vaya a ser que seas malo en la cama y tenga que seguir saliendo contigo innecesariamente. Grillo se ríe. —Acabas de comer helado. —Tengo espacio mañana al mediodía. —¿Solo una hora? —Mi amor, hay que saberse ajustar, pero en realidad, estoy libre a partir de las doce y no tengo planes hasta el día siguiente. —Ahí estaré, pero, por favor, asegúrate de no estar gascienta. Ella rueda los ojos y le pide que las pastillas funcionen antes de tomarse el segundo batido. Los dos ríen y salen a bajar un poco el azúcar. Grillo descubre que es verdad: el azúcar le sienta fatal, la hace sentir cansada de inmediato, le pesan los ojos y se despide súper seca de Grillo, todo por la ilusión de irse a dormir. Él conduce directo a casa de Tamara. Cuando llega, se encuentra con Igor, quien le abre la puerta. Los dos se ven y sonríen. —¿Tamara está? —Sí, fue a ducharse. —Vale… —¿Quieres pasar? —pregunta. —Sí… —responde inseguro. —¿Quién es? —grita Tamara. —Grillo. —Ey, pasa. Voy, me cambio y regreso. Igor ve la interacción con Grillo y Tamara envuelta en una toalla. Los dos hombres se miran un par de segundos antes de que Grillo se ponga a preparar café frío, como si fuera su casa, y busque algo que comer con total naturalidad. Igor solo lo observa y, después, a su novia. Esta le da un beso en la mejilla y los dos sonríen. —Acabo de conocer a mi igual. Tú eres mi persona, mi mejor amiga, pero Sima es posiblemente el amor de mi vida —dice Grillo, e Igor se siente tenso. Pero su novia es testigo de que sus músculos se relajan. Ella le da un beso y luego va corriendo con Grillo a saltar como niños pequeños emocionados cuando mamá dice que sí hay helado. —Cuéntame todo. Es que has pasado de una cita a otra y necesito, por favor, que el viernes me necesites hasta tarde. —Sí. ¿No se supone que Igor se encarga de esos? —Igor tiene trabajo fuera de la ciudad y yo tengo que trabajar contigo —dice Tamara, y los dos la ven confundidos—. Mis papás estarán en la ciudad. —Oh, Tamara, ya quedé con tu mamá para ir a cenar. —¿Por qué no me dijiste? Podría haber cancelado mi reunión. —Mis papás van a destruirte, Igor. Son dos Lucías andantes. —Vamos a comer el sábado —propone Igor—. Podemos llevarlos a la casa, la cocina está lista. —¿Compraron una casa? —pregunta Grillo. —Sí. Vamos a mudarnos juntos. Grillo ve a Tamara, luego a Igor, y contiene la risa. —Júzganos. —Son dos adultos. Tú estás joven, pero creo que ustedes dos tienen una relación seria, sólida y muy madura. Y tus papás van a destruir esa idea, entonces yo no comería con ellos, pero pueden invitarnos a Sima y a mí. Nosotros les apoyaríamos. —Tú no eres cuerdo —responde Igor—. Tú sientes que ha sido muy rápido. —Siento que nos conocemos de toda la vida. Te amo, y todo en nuestra relación es lo que quiero, pero se nos fue un poco la cabeza. —No hay un tiempo correcto para nada. A veces pasas años con un idiota que no te valora, y otras veces solo hacen falta dos citas para saber que ahí es —Tamara ve a Grillo, e Igor ve a Tamara—. ¿De qué me querías hablar? —Tu cita. Me pareció que era importante el chisme —Grillo reparte tres cafés e Igor sonríe porque no lo pidió, pero parece genuinamente el amigo de su novia, el amigo que les apoya. Siente que está jugando de su lado de la cancha y le gusta. Los escucha hablar de toda la cita. Tamara sonríe ilusionada, y busca asiento a su lado. Él toma su mano e Igor se ríe totalmente de Grillo. —Cero sexo, eh. Apláudeme. —La primera semana que trabajé con Grillo, lo encontré con dos mujeres en el sofá de su casa, haciendo algo guarrísimo. —Tamara, me alegra que tengas todo ese sexo vainilla con topping de caramelo. A veces yo quiero coger en el sofá de mi casa. —Las cosas que tengo que escuchar y vivir —se queja Tamara, e Igor se ríe. —Me voy mañana. Paso a hacer ejercicio, y luego me das el top 20 de ensaladas que le gustan a Almy —responde—. Igor, un placer, eh. De verdad, nos vamos a comer los cuatro juntos. —Vale, cenaremos los cuatro —responde Igor. Grillo se va, y Tamara sonríe hacia su novio. Le da un beso y un abrazo. —¿Estás arrepentida de la casa? —No, pero sé que vamos muy rápido, y que no estamos siendo claros con cosas no negociables. —¿Como qué? —Creo que esperas que eventualmente deje mi trabajo y yo no lo voy a hacer. No me siento cómoda viviendo en una casa que no compré legalmente y no hemos hablado de distribuirnos los gastos. —Sí, es muy tarde y yo no quiero discutir nada de eso —responde Igor mientras se pone en pie. Tamara le ve incrédula y le sigue a la habitación. Igor se acuesta de inmediato y ella enciende la luz. —Igor. —Odio las discusiones —reconoce él mientras se incorpora en la cama. —Llamémoslo diálogo maduro —insiste Tamara. —Okay. Yo tengo más años de trabajar que tú, más dinero que tú. Tengo más posibilidades de comprarme dos casas más y de mantener la casa sin sentirlo. No lo necesito y, porque no pagues, no es menos tu casa. Estoy en una posición en la que puedo permitirme darme el lujo de darte una vida cómoda, incluso si no es lo que quieres —comenta. —Igor, no voy a ser tu mantenida. —No, pero ahorra y ábrete un negocio que te guste. Invierte en algo para los dos, no sé… No creo en el 50-50 y eventualmente, si no pagaste la luz por cinco años, me da igual, porque mis hijos se van a alimentar de ti. —Si terminamos… —Igual tenía que pagar ese recibo —responde. —Necesitamos llegar a algo bueno —dice mientras piensa—. Yo me haré cargo de la jardinería. —No, cielo. Vamos a ir 20%-20%. Eso es lo que yo gasto de mis ingresos en la casa. Saca un 20%, lo pones en una cuenta conjunta, lo ahorramos y al final de año decidimos si queremos remodelar algo en la casa, comprar algo, si se dañó el baño y hay que hacerlo de nuevo. —No sé cuánto es tu 20%, pero me sentiré mejor si gasto un 30%, porque aquí estoy gastando 35% de mis ganancias —él asiente—. Vale. Los dos sonríen. —No pretendo que te quedes en casa toda la vida, ni que me esperes amarrada en una silla. Eso es una mala percepción. Pero me gustaría tener una mamá full time para mis hijos. Mi mamá trabajó muchísimo, y no disfrutó de muchas cosas con nosotros, ni nosotros con ella. Crecimos con la nana y yo esperaría estar lo suficientemente desahogado económicamente como para tomarme el tiempo de criar a la gente que traiga al mundo con su mamá. No quiero que renuncies, pero evidentemente, si pudiese elegir, no elegiría tener un hijo en medio de la gira de Grillo, porque vas a querer ser parte de eso. Te lo has ganado. Solo que nuestro hijo se merece algo que al menos yo considero un lujo y mi mamá no tuvo —responde tranquilo. —Okay… planificación familiar extensa —se anota Tamara. —Yo no voy a darte un hijo en los próximos cinco años. No estoy siendo honesto: no planeo ser mamá en mínimo siete años. ¿Tú quieres eso? —Estoy fenomenal con eso. Me gustaría disfrutar de todo el tiempo posible contigo —Tamara le ve sonreír y se contagia. —Ahora que discutimos gastos y nuestro futuro, puedes venir a la cama para convencerte de otras cosas. Ella sonríe y asiente. Igor la sienta sobre su regazo y le acaricia el pelo. —Un paso a la vez. —Un paso a la vez —responde ella antes de besarle.
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