Pensé en seguirlo, pero no tenía dinero para un taxi y él seguro iría en su moto al “punto de encuentro”, así que caminar tampoco era una opción. Respiré profundo y deseché la idea, me senté casi acostada en una de las sillas de la biblioteca y encendí el computador que estaba allí. Se me ocurrió la genial idea de buscar a Nyx en las r************* … Me enderecé y tipeé “Nyx Hedderich” en el buscador, este mostró pocos resultados y ninguno era Nyx. Escribí solo el apellido y me mostró al menos a cien mil personas, me comencé a frustrar y decidí hacer la búsqueda por imágenes; le escribí a Liss —que vivía con su celular en la mano— para que buscara mi móvil en mi mochila y me mandara la foto que Nyx tenía de perfil en su chat. A los minutos me respondió con la imagen y la cargué en el b

