El miércoles inició con una noticia que “arruinó” mi día.
Nyx había pedido el día libre para hacer diligencias y me quedaría sin mi guardia, con el que hablaba de temas absurdos y triviales y con el que discutía por tonterías.
Las clases fueron aburridas, el profesor Logan admitió que el contenido de la guía era súper tedioso, pero debía enseñármelo porque era parte de la materia y del plan de estudios.
Alekséi se paseaba por toda la biblioteca, vigilando a Liss y al rato a mí —pobrecillo, aparte de quedarse solo por un día, se le duplicó el trabajo.
Cuando fui a almorzar, vi a Alekséi y a Sara almorzando juntos, él le acomodaba los mechones rubios tras las orejas y ella le sonreía con dulzura. Sentí un globito de felicidad explotar en mi estómago, me parecían una pareja adorable y era suficiente motivo para estar feliz.
Liss y yo comimos casi en silencio, ella estaba abollada con tantos deberes y yo… —me costaba admitirlo— extrañaba a Nyx.
Al terminar de ver mi última clase, decidí escribirle a Nyx por el chat.
—Hola :)
Busqué mis deberes y comencé a realizarlos. La tarde sería larga y qué mejor forma de aprovecharla; aparte, no quería causarle problemas a Alekséi y él me agradeció que me quedara en el jardín, ya que Liss lo tenía mareado al casi corretearla por toda la casa.
Al rato volvió al jardín y se sentó en la silla que estaba a mi lado, se recostó del espaldar y entrelazó sus dedos sobre la mesa.
Lo vi tan imponente, serio, con unos mechones de cabello n***o como la noche sobre su frente.
—Alekséi.
—Dígame, señorita Amy.
—¿Conoces a Sara de otro lugar?
«¿Por qué tuve que preguntar eso? ¡Qué incómodo!».
Sonrió y sus mejillas se ruborizaron un poco.
—No, la conocí aquí.
—Uhm, ya. ¿Y a Nyx sí lo conoces desde hace mucho?
—Sí, del ejército.
—Oh, no sabía…
Él solo se limitó a sonreír, un poco desanimado. Con la luz del sol los ojos se le veían más dorados, más claros y contrastaban con sus cabellos negros. Era muy lindo y aunque no estuviese diciendo mucho, su compañía era agradable.
—Quizás me lo estoy imaginando… pero escucho chillidos y son de su hermana.
No se los estaba imaginando, yo también los oía muy claro.
—Es Liss pidiendo atención.
—Con todo respeto, pero me va a volver loco. ¿Cómo…?
Me reí tapándome la boca y él también se rió.
—Es mi hermana, ya estoy acostumbrada.
—Mi hermana tiene la misma edad y no se parece en nada. Es una perita en dulce, aunque ella dice odiarlo todo y a todos. —Rió.
—¿Tienes una hermana?
—Sí, espere.
Sacó el celular de su bolsillo y buscó, buscó hasta que dio con lo que quería. Me pasó el celular y había una foto. Salían los dos, él la llevaba sobre su espalda y ella sonreía muy feliz, al igual que él.
—Kassie. Es a quien más amo.
—Puedo verlo.
Kassie tenía los ojos más oscuros que él y las facciones más delicadas y femeninas, el cabello no era tan oscuro y le llegaba a la altura de la mandíbula, lo tenía un poco revuelto y con unas bonitas ondas.
Le devolví el celular y detrás de nosotros sonó un chillido más agudo de Liss.
—Me lleva la que me… —masculló Alekséi entre dientes—. Señorita… Ya vuelvo —dijo con la mandíbula tensa que forzaba una sonrisa.
—Aquí estaré.
Se levantó y entró de nuevo a la casa, a buscar y apaciguar esos grititos de niña caprichosa de Liss.
Había pasado por lo menos dos horas, Alekséi no había regresado y Nyx no me había respondido… Más olvidada un calcetín sin par, me quedé sola terminando mis deberes. Eran las cinco de la tarde y no sabía si él iba a regresar ese día o temprano la mañana siguiente.
Más tarde esa noche mientras cenábamos, les pregunté a mis padres por el guardia y me dijeron que regresaría por la mañana, que yo no debía intentar escapar esa noche porque Alekséi estaba autorizado a cargarme de regreso a mi alcoba.
De solo imaginarlo me dio mucha gracia y disimulé la risita, dado que era más probable que Liss sí se aventurara a semejante travesura e imaginarla pataleando sobre el hombro del alto guardia iba a ser algo digno de recordar para la posteridad.
Antes de acostarme a dormir, mi celular sonó y su pantalla alumbró parte de mi oscura habitación. Tomé el aparato y al revisarlo vi que era Nyx, por fin se había dignado a responder:
—Señorita Goldman, hola :)
—Qué formal ja, ja. Dime Amy.
—Vale, Amy. Hola :)
—Jajaja. Tonto. ¿Cómo te fue hoy? Me aburrí horrorosamente :'(
—Me extrañaste… Todas lo hacen. Todo bien, pequeña. Necesitaba resolver unos asuntos.
Nyx no podía dejar el orgullo ni por un mensaje de texto.
—Vaaale… ¿Vendrás mañana, verdad?
—Yep, seré tu pegoste de nuevo. Por cierto, tu libro está genial.
—Me alegra que te haya gustado, cuando quieras te presto otro.
—Vale, acepto la oferta.
Pequeña, voy a dormir. Estoy algo agotado.
—Okii, descansa Nyx :D
—Un abrazo.
Puse el celular en silencio y me arropé con las sábanas. Mañana todo volvería a la “normalidad”.
Al día siguiente noté a Nyx un poco extraño conmigo, pues aunque me trataba igual que siempre y me hacía una que otra morisqueta cuando lo observaba a mitad de clase, tenía un brillo diferente en sus ojos.
Ese día decidí almorzar en la terraza del jardín, llevé mi plato y mi jugo y me dispuse a consumir mis alimentos apreciando el bello cielo despejado. Nyx almorzó con Alekséi y Sara —los tres eran muy amigos al parecer— y cuando terminó se sentó conmigo en la terraza mientras comía un trozo de pastel de fresas.
—No te había comentado… —habló con un tono muy animado.
—¿Qué cosa? —interrumpí.
—Bueno, era más una sorpresa, pero…
El bocado quedó a medio camino de mi boca. Bajé el tenedor y la sangre comenzó a fluir con violencia en mis venas.
—¡Nyx! ¿Qué es? —exigí emocionada.
—Calma, calma… —Rió—. Alek y yo lo logramos.
—¡¿Qué?! —supliqué.
—Nos aprobaron la solicitud de matrimonio gay.
—¿Ah? —Mi mejor cara de póker salió a relucir en ese momento.
Nyx se desternilló de la risa y le di un golpecito en el brazo.
—Estúpido.
—Ya ya… Logramos que ustedes dos puedan salir este fin de semana.
—No. Puede. Ser.
Mi grito de felicidad seguro se escuchó hasta en la planta alta de la casa. Como un resorte me levanté y le di un abrazo muy fuerte a Nyx, pasaron varios segundos para que fuese recíproco y ya luego me asfixiaba.
—¿Cómo lo lograron? —pregunté con curiosidad.
—Pues, hablando se entiende la gente.
—Te funcionará a ti, porque cuando yo lo hago no surte efecto.
—Ya aprenderás. —Sonrió con timidez—. ¿A dónde te gustaría ir?
—No sé, ¿qué tal si me sorprendes?
Perplejo, arqueó sus cejas y se recompuso.
—¿Qué tal que no te guste?
—¿Por qué no me gustaría?
—No sé… —Alzó los hombros.
—Me va a gustar. Sé creativo.
Él me miró con una sonrisa torcida y los ojos le brillaron como a un niño travieso, luego respondió:
—Vale…
Esa tarde estaba tan emocionada que me costó mucho concentrarme en lo que estudiaba para mis pruebas de mañana, tanto que Nyx se puso a estudiar conmigo porque de no ser así, hubiese estado corriendo y brincando de felicidad por todo el jardín y alrededor de la piscina.
En la noche, después cenar, le pregunté a Nyx si podía decirle a mi hermana sobre la salida del fin de semana, me dijo que sí, pero que cuidara mis palabras, pues se suponía que aún no deberíamos saberlo.
Liss también hizo un pequeño alboroto por la noticia y ya estaba planificando a dónde iríamos.
Ese era el momento justo para explicarle que no saldríamos juntas esa vez, ya le había pedido a Nyx que me sorprendiera con el lugar. Ella hizo un enorme drama —como que era algo típico de los Goldman— y puso cara de perrito para que lo reconsiderara, pero ya había tomado mi decisión y no la iba a cambiar.
Antes de acostarme, Nyx me escribió un mensaje deseándome buenas noches y para que me concentrara en lo que había estudiado, le contesté que no se preocupara y me acosté a dormir. Mañana saldría de varias pruebas y tendría un fin de semana diferente. Por fin, luego de tantos años.
La mañana del viernes pasó rápida, entre las pruebas escritas y el repaso que me hizo el profesor Logan, el tiempo se escurrió como arena entre los dedos. El lunes me esperaba otra prueba así que necesitaría estudiar un poco el domingo.
Liss y yo almorzamos juntas —como siempre— y me comentó que había invitado a Dario a salir mañana.
—¿En serio? —pregunté sorprendida por su iniciativa.
—¿Qué tiene? Él… me gusta. —Su rostro se puso muy rojo y no dejaba de sonreír.
—Sí, pero… ¿Así nada más? “Hola ¿cómo estás? ¿Quieres salir conmigo?” —dramaticé.
—Sí… Así nada más.
—Qué bonitos —suspiré enternecida. Yo también quería una historia de amor así.
—¿A dónde irás tú?
—Aún no lo sé. Le dije a Nyx que me sorprendiera.
—Estás loca —dijo con los ojos abiertos como platos.
—¿Por qué?
—Te puede llevar, literal, a cualquier lugar.
—Ajá ¿y?
—No lo quieres entender ¿cierto?
—Liss, él no es malo… Y no me hará daño. Nuestros padres lo contrataron y él va a cuidar de mí.
—Sí, bueno… —zanjó y movió una mano para cambiar de tema—. Oye, nosotras planificando y todo y nuestros padres no nos han dicho nada de la salida.
—¿Sí, verdad? —me reí por pintar pajaritos en el aire.
—Será mejor que nos portemos bien el resto del día para recibir las buenas nuevas en la cena.
Liss y yo hicimos nuestros deberes juntas y me ayudó a estudiar algunos temas que no entendía de matemáticas.
Cuando nuestros padres llegaron, bajamos corriendo a saludar; papá y mamá saludaron como de costumbre y fueron a ponerse cómodos para cenar.
Todo fluía normal, excepto la sangre por todo mi cuerpecito.
Yo solo necesitaba escuchar que nos había levantado el castigo y que Liss y yo podíamos salir el fin de semana para que el caballo desbocado que llevaba en el pecho se volviese dócil y calmado como usualmente era.
Terminamos de comer y antes de retirarnos —con el corazón desmayado—, madre nos llamó:
—Chicas, por cierto, pueden salir este fin de semana… Con los guardias, claro está.
Liss y yo gritamos emocionadas como si hubiese sido la primera vez que escuchábamos la noticia y les dimos un abrazo a nuestros padres. No nos había quitado el castigo, pero esto era mejor que nada.
Subí a mi recámara saltando con Liss y nos quedamos varios minutos cuchicheando sobre qué ponernos. Al rato, aunque Nyx estaba en la casa, preferí escribirle por chat:
—Ya mis padres nos dijeron que podemos salir este fin de semana :D
—Baia baia, me alegra eso.
—¿A dónde me llevarás?
Se tardó varios minutos en responder, me pareció extraño porque casi siempre me respondía de inmediato y aparte, estaba “En línea”.
—Te llevaré a un lugar donde no debes llevar falda.
—¿Por qué?
—Por tu comodidad.
—No me estás diciendo nada, así que usaré vestido.
—Joder, qué terca.
—Tú no me dices a dónde me llevarás.
—Se supone que es una sorpresa.
—Tonto *se enoja*. Pero te lo estoy pidiendo.
—En unas horas te enteras.
—Mjm.
—Mira… Solo prométeme algo.
—¿Qué cosa? Ya te había hecho una promesa antes.
—Sí, pero esto es algo distinto.
—Bueno, dime.
Me pareció tan extraño que me pidiera algo así por mensajes que esperé ansiosa su respuesta. Él aparecía escribiendo y luego se detenía, volvía a escribir y tardó varios segundos, quizá un minuto, por lo que me preocupé, al parecer era algo muy serio.
—Prométeme que dejarás de ser tan jodidamente terca, coño. Hazme caso.
Debía admitir que me reí mucho por su estúpida respuesta.
—Idiota. Voy a dormir.
—Vale, dulces sueños pequeña.
—Gracias Nyx, igual para ti.
Dejé el celular en la mesita de noche y tal como le dije a Nyx, entré al vestidor para buscar un vestido para mi tan ansiado paseo. Escogí un vestido corto y unos tenis. Iba a estar cómoda y bonita por si quería tomarme fotos.
Me acosté a dormir sonriendo, ya quería que fuese mañana.