El juez leyó las formalidades, el lenguaje legal y aburrido que era el único sonido entre nosotros.
Pero yo no escuchaba la ley; solo escuchaba el eco del flashback en mi cabeza, la promesa de venganza que ahora se convertía en una realidad compleja.
Amy evitaba mi mirada, concentrada en el juez. Yo, en cambio, la estudiaba, preguntándome qué la había hecho cambiar de opinión.
¿Era el amor genuino que había visto en mis ojos? ¿O era el desafío, la intriga de casarse con el hombre que había irrumpido en su vida?
—Señor Bastian Black, ¿acepta a Amy Morrow como su legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, hasta que la muerte los separe?
El usó mi segundo apellido tal como se lo había pedido antes, Bastian Black. Era el nombre de la víctima, el nombre de mi venganza.
Miré a Amy. —Sí, acepto —dije con con una sonrisa fingida.
Era la verdad más grande y la mentira más peligrosa que jamás había pronunciado.
El juez se dirigió a ella. —Señorita Amy Morrow, ¿acepta a Jett Cross como su legítimo esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, hasta que la muerte los separe?
Amy levantó la vista y, por primera vez, sus ojos se encontraron con los míos. Su expresión era ilegible, pude sentir su miedo y su alegría a la vez.
—Sí, acepto —dijo, su voz apenas un susurro.
El juez hizo un gesto a Edward y a la otra testigo. Las firmas se estamparon, sellando el destino de ambos.
—Por el poder que se me confiere —declaró el juez. —los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
Me acerqué a Amy, tomando su rostro entre mis manos.
No fue el beso desesperado de la noche frente a su casa; este fue un beso de posesión.
Ella ya no era solo la hija de mi enemigo. Ahora era mía.
En ese instante, me di cuenta de que mi venganza acababa de casarse con mi condena.
Salimos del Registro Civil, con el peso de los anillos recién colocados sintiéndose extrañamente ligero en nuestros dedos.
Edward nos esperaba cerca de la salida, con una carpeta bajo el brazo y una expresión de asombro que intentaba disimular con profesionalismo.
—Felicidades a los dos —dijo, extendiendo su mano hacia Amy y luego hacia mí. —Deseo que sean felices y que puedan vivir un amor puro y limpio.
—Gracias por venir, Edward —respondí, dándole un apretón de mano.
Edward entendió la señal y supo que era el momento de irse.
—Los veo luego, entonces —dijo, lanzándome una mirada de advertencia antes de marcharse.
Él sabía que el verdadero peligro apenas comenzaba.
Amy y yo caminamos juntos hacia el estacionamiento.
Por inercia, tomé su mano, su piel era liviana y se sentía caliente sobre la mía, sentía físicamente que era real, pero en mi interior solo era parte de la misma venganza.
Estábamos casados. El corazón de Tadeo Morrow, su hija, ahora era mi esposa.
—Debemos hablar con tus padres —dije, sintiendo la adrenalina del momento disiparse y dar paso a la fría estrategia.
Amy apretó mi mano, pude sentir su miedo.
—No sé cómo lo tomarán. No esperaban que me casara contigo, si no con Luciano. De hecho, mi madre tiene el catering para la otra boda casi cerrado.
—Iremos juntos a la mansión. Ahora no eres una novia a la fuga, Amy. Eres mi esposa.
Ella se detuvo junto a mi coche. Se veía nerviosa, pero sería su fuerza, ella había tomado la decisión, y era la incorrecta.
—Confieso que estoy nerviosa —dijo finalmente, mirándome con miedo y esperanza.
La envolví con mis brazos, atrayéndola a mi pecho. La besé en la frente, jugando el papel que acababa de firmar ante la ley.
—No tienes por qué tener nervios —le dije, con mi voz sonando protectora. —Ahora tienes un esposo que te va a defender.
Amy me abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en mi traje.
Era una muestra de vulnerabilidad que me gustó y me disgustó a partes iguales.
—Solo espero no arrepentirme de esta decisión —dijo contra mi pecho.
—No te arrepentirás —le aseguré, con una firmeza que quería que creyera.
Mientras la abrazaba, sintiendo su cuerpo temblar ligeramente, mi mente se volvió cruel, enfocada únicamente en el objetivo:
"No te arrepentirás, Amy, pero ellos sí. Desde ahora empezará mi venganza y por medio de ti, la joya de la corona, los Morrow pagarán cada lágrima, cada gramo de dolor que le hicieron pasar a mi familia."
La abracé un momento más, saboreando el dulce y peligroso fruto de mi victoria.
El primer paso estaba dado. Metí a Amy en el auto. La guerra acababa de ser declarada en el corazón de la mansión Morrow.
Media hora después, el auto se detuvo frente a la imponente mansión Morrow. Sentí la mano de Amy temblar ligeramente al soltar la mía.
—Estoy muy nerviosa —dijo, con la voz apenas audible.
—No tienes por qué —le recordé, con audacia. —Estamos juntos en esto.
Entramos y la mansión estaba en un silencio inusual, y entonces los vimos.
Tadeo y Francesca estaban sentados en el salón principal, y para nuestra sorpresa, Luciano también estaba allí.
Estaba vestido con una elegancia impecable, claramente esperando una reunión importante.
Al vernos entrar, Luciano se levantó del sofá, con una sonrisa de suficiencia dibujada en su rostro. Se acercó a Amy, ignorándome por completo.
—Mi amor, te estaba esperando —dijo, tomándola de la mano con una familiaridad que me hizo apretar la mandíbula.
Amy retiró su mano con un movimiento brusco.
—Es bueno que estés aquí, Luciano. Tengo algo que decirles a todos.
—Sí, hablaremos de nuestra boda en otro momento, Amy. Estaba explicándole a tus padres el incidente de anoche —intervino Luciano, con condescendencia.
—No habrá boda, Luciano —dijo Amy con voz clara, aunque nerviosa por lo que continuaría diciendo.
Luciano se echó a reír, un sonido bastante desagradable.
—Vamos, lo dices porque estás enojada.
Tadeo, que había estado observándonos con la ceja levantada, se levantó del sofá.
—¿Por qué estaría Amy enojada, Luciano? ¿Qué es este escándalo?
—Tuvimos una pequeña discusión anoche —explicó Luciano, tratando de simplificarlo. —Amy vino a verme un poco tarde a mi departamento y, bueno, quise pasar la noche con ella.
Francesca miró a su hija con alarma, y yo también, no lo negaré.
—¿Es eso cierto, Amy? ¿Fuiste a verlo después de la cena de negocios con el señor Black?
Amy me miró brevemente, y luego miró a su madre, decidida a decir parte de la verdad.
—Sí, fui a verlo después de regresar de la cena de negocios con Bastian.
—Olvidemos lo que pasó anoche, mi vida —dijo Luciano, tratando de retomar el control de la conversación.
—Lo que pasó anoche —interrumpió Amy, con su voz llena de resentimiento. —fue que intentaste llevarme a la cama y, aunque estaba dispuesta a hacer el amor contigo, no pude. No pude porque no podía dejar de pensar en alguien más.
—¡Olvida eso! Nada detendrá nuestros planes de boda —insistió Luciano, acercándose a ella.
La escena había llegado a mi límite. Mi plan de venganza me exigía protegerla.
Caminé hacia Luciano con una calma peligrosa, lo agarré fuertemente por la corbata, forzándolo a inclinarse hacia mí.
—Vuelve a acercarte a ella, y te juro que no tendré el control que estoy teniendo ahora —dije enojado, con mi rostro a centímetros del suyo.
Luciano se rió, aunque su rostro se puso pálido por la falta de aire.
—¿Y tú quién eres para decirme eso? No eres nadie, eres solo un inversionista más de los Morrow.
Mi sonrisa fue de pura maldad. —Te equivocas. Amy es mi esposa.
El silencio en la sala fue absoluto. Luciano soltó una exclamación de incredulidad, mientras Tadeo y Francesca se quedaban inmóviles, en shock.
Solté la corbata de Luciano, y caminé al lado de Amy, tomando su mano con delicadeza.
Francesca fue la primera en recuperarse, sus ojos se fijaron en el anillo de Amy.
—Amy, ¿es esto verdad?
Amy miró a sus padres, luego a mí.
—Sí. Me casé con Bastian. Lo amo desde la primera vez que lo vi y no podía casarme con alguien que no tiene control sobre sí mismo como Luciano.
Tadeo se frotó la barbilla, pensando rápidamente. Este era un escándalo, pero Bastian Black era una mina de oro.
—Esto será un escándalo —dijo Tadeo, por fin. —pero si mi hija ama a Bastian y ha tomado esta decisión, yo no me opondré.
—¡No es justo que acepten un matrimonio de la nada! —gritó Luciano, furioso.
—Lo más importante es lo que Amy quiera —respondió Tadeo, con una falsa benevolencia que me hizo sonreír internamente. —Y yo siempre apoyaré sus decisiones.
—Son unos padres muy apoyadores —le respondió en tono enojado.
Luciano, con sarcasmo, se giró hacia la puerta y salió de la mansión, golpeándola con furia.
Una vez que Luciano se fue, el rostro de Tadeo se relajó en una sonrisa genuina.
—¿Pero cómo pasó esto? —preguntó Tadeo.
—Él tiene la culpa de esta boda repentina —dijo Amy, señalándome con un dedo juguetón. —Cuando supo que me iba a casar, me propuso matrimonio.
—La verdad es que estoy feliz de que mi hija se case con alguien que ama —dijo Tadeo, claramente más feliz por la seguridad financiera que yo representaba.
Francesca se acercó. —¡Haremos una cena esta noche! ¡Una celebración!
Amy abrazó a su madre y luego a su padre. —Los amo. Gracias por apoyarme.
—Tú eres lo más importante para nosotros —dijo Tadeo, con una sonrisa de satisfacción.
Yo me acerqué a ellos, fingiendo amor y familiaridad que no tenía.
—Me encantaría quedarme y planear la celebración —dije con seriedad, dándole un beso en la mejilla a Amy para disimular la verdad ante sus padres. —pero tengo algunos asuntos que atender con Edward y otras personas.
—Te acompaño a la puerta —dijo Amy, sin soltar mi mano.
Salimos juntos. Amy me miró con una felicidad que me hizo sentir una punzada de algo parecido a la culpa.
—Te veo en la noche —dijo.
—No podremos vivir juntos hasta que encuentre un lugar para ambos.
—No te preocupes por el lugar —dijo Amy, sonriendo. —podemos vivir aquí, en la mansión. Mis padres viajan mucho y trabajan mucho. Incluso nos toparemos pocas veces con ellos.
La oferta era perfecta y era lo que esperaba, tener un acceso directo, y cero sospechas.
El plan acababa de recibir una actualización dorada.
—No sé si me sentiré bien viviendo bajo el mismo techo que tus padres —mentí, fingiendo considerar.
—Te prometo que no será nada —insistió ella.
—Lo pensaré —dije, dándole un tierno beso en los labios.
Amy me abrazó, sentía como su corazón latía más rápido que antes.
—Espero que tú respuesta sea positiva. Aquí tendremos mucho espacio y yo estaré cerca de mis padres.
—Hoy en la noche te daré mi respuesta.
Me alejé de ella y la miré fijamente a los ojos, me llevé una mano a mi boca y le di un tierno beso.
—Te amo bella esposa— Le dije sintiendo un revoltillo en mi estómago.
Ella me miró con cara de felicidad. —Yo también te amo guapo esposo.
Nos dimos un tierno beso. Y luego subí a mi auto y me marché.
La victoria era mía. La puerta del castillo estaba abierta de par en par.