El me miró con asombro, pero sonrío y continué hablando. —Ni yo misma podía creerlo cuando me enteré hace poco —confesé con una sonrisa triste. —Son dos vidas las que crecen aquí. Dos razones más para mantener esta farsa hasta el final. Viktor recuperó el aliento y me sonrió con una ternura una vez más. —Muchas felicidades, de verdad. Esto cambia las cosas, pero para mejor. Los cuidaré como si fueran mis propios hijos, Amy. Te lo prometo. No les faltará nada mientras yo esté cerca. —Gracias, Viktor —le dije, poniéndome de pie. —Eres mi salvavidas en este naufragio. Ahora debo irme, tengo mucho que organizar antes de enfrentar a mis padres esta noche. —Te acompaño hasta la salida —se ofreció él, tomando su chaqueta. Caminamos por los pasillos del edificio del hospital, hablando de tri

