—Mi padre, por suerte, no sabe nada —mentí con algo de enojo. —y yo voy a evitar a toda costa que lo sepa. Esto no tiene nada que ver con él. Tiene que ver conmigo. Me di cuenta de que no puedo vivir con el hombre que destruyó a mi familia. El deseo se acabó, Bastian. Él soltó una carcajada irónica, carente de cualquier rastro de humor. —Todo esto debe ser una broma. Una broma de mal gusto. Estás asustada por algo y estás reaccionando así. Ven aquí, hablemos como adultos... —No me estoy riendo, Bastian —le corté con una seriedad que lo dejó helado. —Por lo tanto, no es una broma. Lo nuestro se terminó hoy. No me busques, no me llames y, por favor, no me hagas despreciarte más de lo que ya me desprecio a mí misma por haber caído en tus redes. Vi cómo la luz en sus ojos se apagaba por co

