Keyla La luz del día golpea mi cara haciendo que maldiga eternamente al sol, los ruidos de afuera y la maldita puerta siendo azotada al abrirse hace que odié tener oídos en estos momentos. —¡Vamos arriba holgazanas! —grita la voz de Félix. Suelto un gemido de dolor, mi cabeza va a estallar en cualquier momento y mi estómago arde como la mierda. —Mierda Félix ¿puedes irte y cerrar la maldita puerta? —habla Renata con voz rota. Tapo mi cara con la almohada tratando de amortiguar la voz de mis queridos amigos que están siendo como martillazos a mis oídos. —No lo siento Reni, ya tienes que levantarte —contesta el — ya son las dos de la tarde. Saltó en mi cama al escuchar la hora, pero rápidamente me arrepiento. —¡Mierda mierda mierda mierda! —sollozo sobando mi cabeza. Siento

