Peter Anderson. Me cambie la ropa colocándome unos pantalones cortos y guantes de boxeo, guardo toda mi ropa y pertenencias en el casillero, cuando termino de cambiarme enseguida voy al saco de boxeo y procedo a golpearlo repetidas veces, sintiendo como la rabia y la adrenalina se mezclaban en mi sistema. Imaginando que el saco de boxeo era el cuerpo de ese idiota y que lo acabaría en segundos, como si fuera un gusano al que desearía pisar o una hoja blanca que quisiera romper en pedazos. El saco de boxeo me ayudaba a permitir y realizar un correcto desplazamiento de pies al tiempo que recibe impactos y ayuda a esquivar. Le daba varios golpes sin piedad, recordando cada momento malo del pasado y me desquitaba teniendo la respiración agitada con la mandíbula tensa. —¡Hey, relájate viejo

