—Francisco, dime qué tienes mi pedido —decía una voz desde afuera de la comisaría. Nadie salía de la comisaría. —Vamos Francisco, sabes que no queremos lastimar a nadie, ven y da la cara. Sin que nadie lo esperara, una docena de botellas de vidrios cayeron sobre los autos. —Oye tú ¿Tienes frío? ¿No quieres un poco de calor? —dijo Silvio mientras tiraba una última botella con una mecha encendida. En cuestiones de segundos se encendió un gran fuego, algunos terminaron quemándose, mientras que otros lograron escapar a tiempo. Silvio se apresuró a correr hacía un escondite. —Que esperan, ustedes vayan por él y ustedes disparen hasta la última bala hacía la comisaría. El sonido era bastante aturdidor, pero dentro de la comisaría no se escucharon gritos ni personas corriendo. —Alto al f

