Troy —¡Te pareces mucho a papá!—grité, corriendo a su lado, teníamos que saltar un riachuelo, pero como ya no tenía yo mucho impulso, salté sobre Ryan y él saltó aquel riachuelo con mucha facilidad.—¡Bien hecho, Ryan! ¡Ahora más rápido! ¡Más rápido!—mi cuerpo se pegó al enorme lobo plateado, sujetándome a él. No sé a dónde me llevaba, pero era él quien marcaba el paso, quien dirigía en el camino. Esquivó todos los árboles que había en su camino y fue aumentando la velocidad, hasta llegar al acantilado. Se detuvo. Retiró su transformación y me dio un abrazo. Un fuerte abrazo. No sé qué tiempo llevábamos corriendo, pero a mí me pareció que fue toda una vida, años y más años corriendo a su lado por entre los bosques, las praderas, yendo a las colinas, los campos, cazando juntos y…so

