Cerró sus ojos, absorbiendo ese extraño aroma que él tenía tan agradable para ella y se durmió, cansada, adolorida y a gusto en el regazo de Troy, aquel amado que lograba aliviar todos sus males, como su pequeño y privado sol, solo para ella. Pero fuera, fuera de aquella cueva, el árbol no dejó de crecer, crecer y crecer hasta casi cubrir toda la cueva bajo aquella sombra y todas sus enormes ramas que se adueñaban de todo el lugar, con un tronco demasiado ancho, unas ramas muy extrañas y aquel color verde tan luminoso raro, dejando claro que no era un árbol normal. —Hay que cortar ese extraño árbol.—comentó Amaris mientras las lobas lo rodeaban. —Vamos a derribarlo y a alejarlo de aquí. Parece como si nos rodea y nos acorrala a la vez.—dispuesta, Gwen dio el primer empujón contra el e

