Se movió despacio, con cuidado, no se sentía mal o herida, pero sí extraña. Frotó su rostro contra lo que sea que estaba cerca de ella y sintió la suavidad de eso, la calidez, sus manos lo acariciaron y Jara sintió como se deslizaba por ella, dejándola aún más cómoda, tan cómoda que no quería despertar, que no quería abrir los ojos. Cubría todo su cuerpo desnudo y hacía un hueco en ella, como si ya fuera parte de ella. Al frente estaba Pison, observando con fastidio que la loba no despertaba, sino que se acurrucaba cada vez más, hasta tal punto de no querer abrir los ojos, aún cuando sus heridas ya habían sanado. —Ven aquí.—le susurró a su serpiente, esta giró sus ojos hacia él y de mal humor tuvo que acudir hasta Pison y abandonar el cuerpo de la loba, donde tan placentera estaba, regr

