Al día siguiente María despertó muy temprano y preparó el desayuno para llevarlo a Jadira, esperaba encontrarla lúcida, necesitaba hablar con ella, era importante luego de lo ocurrido, no quería intervenir en la decisión de sus hijos, esperaba que la conversación que tuviera con ella pudiera tratar el asunto que tanto la angustiaba. Al abrir la puerta, Jadira estaba ya de pie, mirando a la ventana muy fijamente, se volteó a ver quién era y sonrió al reconocer A María. - Buenos días bella durmiente, qué tal tu noche. - Buenos día María qué gusto verte. - ¿Cómo te sientes hoy? - Bien, María, ¿Por qué me lo preguntas? Estoy de vacaciones en tu casa, estoy mejor que nunca. - Ayer te dolía la cabeza. - Oh, pero estoy bien ahora, ni si

