Capítulo 8: Momento en el pasillo real

962 Palabras
Capítulo 8: Momento en el pasillo real No hablé el resto del almuerzo porque realmente no quería salir de ahí huyendo o faltar el respeto de alguna forma, más aún cuando el idiota del príncipe Alessandro me veía con cara de querer matarme, pero cuando los reyes se levantaron finalmente nosotros pudimos irnos también, esto del protocolo era… interesante. Sali de ahí casi sin respirar y Luca me agarro del brazo cuando estaba por subir las escaleras hacia mi habitación, incluso la comida me había caído mal. —Hey —dijo—, ¿qué pasa? —¿Qué pasa? —repetí casi sintiendo que iba a vomitar— Tu mamá quiere que nos casemos y tengamos un hijo a fin de mes. Él me seseó acercándose un poco más, ahora que lo veía mejor, definitivamente mi cambio de look lo hizo verse muchísimo mejor. —Baja la voz, por favor —pidió. Uh, verdad que era un secreto. —Lo siento —dije soltando un suspiro—, pero no entiendo como saldremos de este engaño que se vuelve cada vez peor. Él tragó pesadamente saliva. —Cálmate, te lo dije solo dame 1 semana mas ¿bien? —dijo— Necesito eso mientras todo esto se calma. —Vale. —murmuré, pero no me convencía del todo. —Sé que no debe sonar tentador la idea de casarte conmigo y tener bebes —continuó Luca bajado la mirada. Le acaricié su rostro sintiendo que se me partía el alma al ver a semejante joya rota por los comentarios hirientes de la gente. —No eres tú, es que me da miedo ¿vale? —expliqué— Yo… creo en el amor y apenas te conocí ayer, todo esto es un disparate, sé que eres una gran persona pero casarnos de la noche a la mañana… Era demasiado. Luca me miró. —¿Y si te pago? —preguntó. —¿Por casarme contigo? —alcé las cejas incrédulas. —Si, es decir —sonrió—, incluso podrás crear tu vida junto a alguien más, pero piensa eso, casándote conmigo nunca te faltara nada. ¿Qué? ¿Qué lo engañara? —No hagas eso Luca —dije con lastima—, tu mereces un buen amor, alguien que te quiera, que te respete, que te ame y se preocupe por ti, no necesitas mendigar amor. Él negó con la cabeza. —Es la presión —dijo—, estoy desesperado por casarme, no por amor. Oh. Bueno, eso era… deprimente. —Por favor, solo dime que lo pensaras. —continuó Luca. ¿Casarme? j***r, eso era un paso muy grande… —Lo haré —prometí, aunque no estaba del todo segura. —Vale —sonrió. Luca se fue, yo por mi parte subí las escaleras cruzando los pasillos hacia mi habitación pero una mujer que no había visto y que al parecer era trabajadora del castillo, me intercepto para darme clases de etiqueta, de como agarrar la comida y comer “correctamente”. Si mi día era una pesadilla, solo se ponía, pero. Al salir casi era la hora de la cena y solo quería bañarme y dormir, odiaba todo aquí quería largarme... aunque el dinero sí era algo que valía la pena. Cuando cruzaba el pasillo tropecé con alguien y como no, al alzar la vista vi que era el príncipe Alessandro, maldita sea. Sus ojos azules fijos en mí casi como si pudieran traspasarme, su mirada malvada siendo algo enigmático para mí. —Como no —dijo—, siempre estorbando. Su simple voz burlona me hacia la sangre hervir. —Ya basta ¿vale? —solté— No debemos tener esta enemistad. Él alzó una ceja sin borrar su irritante sonrisa poniendo sus manos dentro de sus bolsillos. —¿Enemistad? —repitió— No soy tu enemigo, de hecho, me caes algo bien. Me quedé sin palabras, evidentemente sabía que mentía, le caí mal desde el primer momento. —Creería más fácil que te golpeaste la cabeza —refuté. Él dio un paso hacia mí, yo no me moví, pero todo mi cuerpo se estremeció. —Puedo contar con los dedos de mis manos las veces que alguien me ha enfrentado —alzó su mano como modo de referencia. —Bueno —dije—, espero que no me mandes a cortar la cabeza. Se acercó aun más de modo que invadió mi espacio personal, mi corazón acelerado cuando sus ojos azules miraron mis labios, la intensidad que salía de él era peligrosa y de alguna extraña manera me atraía. —Es interesante como parezco intimidarte —susurró, su aliento chocando con mi rostro. —No me intimidas —mentí. Dio otro paso hacia mí y yo di uno hacia atrás de modo que mi espalda chocó contra la pared y él aprovechó para acorralarme, una de sus manos fue a mi cuello pero sin apretarme, su simple toque hizo que dejara de respirar y toda mi piel se volviera caliente en cuestión de segundos. —¿Y si te mando a cortar la cabeza? —susurró inclinándose de modo que su nariz rozó la mía. Maldición, sentía que iba a desfallecer. —Estoy a solo un movimiento de alzar la rodilla y dejarte sin herederos si no me sueltas —dije—, príncipe Alessandro. La verdad era que temblaba, pero no iba a dejar que siguiera intentando intimidarme. Me soltó con una sonrisa burlona y dio varios pasos atrás, extrañamente, extrañé su cercanía. —No llevas sostén —comentó antes de darse media vuelta e irse y yo solo temblé recuperando el aliento sabiendo que mis pezones duros habían delatado mi deseo y a la vez intimidación. ¿Qué había acabado de pasar?
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