Capítulo 7: Casamiento real

864 Palabras
Capítulo 7: Casamiento real Tomé un vestido brillante altos tacones, accesorios, me sorprendía lo elegante que debía de estar para poder cenar la realeza, me maquillé y tocaron la puerta. —Pase. Abrieron y vio la mujer que había visto antes; Emili se asomó, tenia también un deslumbrante vestido y perfectamente maquillada. —¿Qué llevas puesto? —dijo mirándome con una mueca de asco desaprobatoria de arriba a abajo. Me sentía desaprobada. —Un vestido. —dije lo obvio. —No es para un almuerzo real —refutó como si fuera estúpida—, no es digno. ¿Qué? Claro, era algo corto, pero lo veía elegante y lindo, aunque no sabia exactamente qué usar para un almuerzo con los reyes. Ella soltó un bufido enojado y fue al closet de mi habitación abriendo las puertas de madera y mirando todo lo que había adentro. —Ponte esto —dijo sacando una prenda y lanzó lo que parecía ser un deslumbrante vestido rojo a la cama. —¿No es demasiado? —murmuré, pero la mujer se fue dándome la espalda con los ojos en blanco como el exorcista, como si dijera con los gestos de su cara que yo le parecía estúpida. Maldita. Miré el vestido, era muy elegante, es decir, era un almuerzo no una fiesta… de igual forma no tuve mas opción, simplemente me cambié, me maquillé con otros tonos y salí de la habitación, j***r, tenía demasiada hambre. Salí al pasillo y cuando terminé de bajar la escalera me encontré con Luca, vestía un elegante traje que parecía ir como a una fiesta de etiqueta, ¿de verdad todos se vestían así para comer? Luca alzó la vista desde mi cabeza hacia mis pies, su rostro sin ocultar su expresión de sorpresa. —Guao —dijo acercándose—, estas deslumbrante. —Gracias —dije—, ¿Qué tal te sientes? Se veía adolorido en la forma que casi cojeaba al caminar. —Me duele el cuerpo entero. Aguanté las ganas de reírme, todos al empezar a hacer ejercicio nos sucedían cosas así. —Después que tengas un tiempo entrenando tu cuerpo —dije— lo verá como una necesidad. Él suspiró. —Eso espero, apenas puedo moverme. —Me lo agradecerás después, te lo prometo —dije, siempre al principio era difícil, después era más fácil entrenar. Nos dirigimos a la sala del comedor, me quedaba sorprendida que mucha gente trabajara en el palacio. —Solo actúa normal —dijo Luca probablemente al ver mi nerviosismo—, mantente callada y solo responde sin tantas explicaciones. —Vale. Me tomó del brazo con el suyo para entrar al salón del comedor, estaba temblando, mis manos frías cuando vi la enorme mesa adornada con luces y mucha comida, ahí estaba Alessandro, estaba de pie mirándonos con una sonrisa burlona. Luca me indicó una silla y me dijo que esperara a que sus padres entraran para poder sentarnos. Primero entró la reina, y luego el rey, ambos vestidos con ropas elegantes, y sobre sus cabezas reluciendo sus coronas de oro reluciente, hasta que tomaron asiento y solo entonces los demás pudimos tomar asiento. Sentía un nudo en la garganta, de compartir la mesa con ellos, ahora comprendía el por que de la vestimenta; tenia que ser elegante para no desencajar ni con el lugar ni con ellos. Ni siquiera sabía cómo agarrar el tenedor o el cuchillo, solo los veía a todos, así que los imitaba, quitando el plato mientras nos servían las porciones. Demasiada comida; todo se veía delicioso. Iba a meter un mordisco a mi boca cuando de repente el rey me miró. —Entonces —dijo mirándome y luego a Luca—, ¿Cómo dices que se llama? —Ana. —dijo Luca. Joder, aquí estaban metiéndome en la conversación. —Ana, lindo nombre —dijo el rey. —Preguntale si no la conoció en una feria de las pulgas o algo así —dijo Alessandro muy entretenido comiendo de su pollo. Casi me ahogué, tuve que tomar agua. —¿Qué? —dijo el rey. —Es mal educada —continuó Alessandro. Que hijo de puta. —¿Yo? —dije sin poder quedarme callada— Eres un mal educado insultándome cada vez que se te antoja. La mesa quedó en silencio, solamente el sonido del tenedor chocando con el plato que hacia yo. —¿Ya ven? —dijo Alessandro como si yo misma me hubiera puesto en evidencia al replicar. —Ya basta, Alessandro —dijo la reina tomando de su vino, sus ojos azules fijos en mí y luego en Luca— cuéntanos, ¿Cómo la conociste? Luca se removió un poco incomodo. —Ayer en la fiesta —dijo Luca sin tantas explicaciones. —Uhm, comprendo —continuó su madre sin ninguna expresión que la delatara por completo. —Bueno —dijo el rey—, espero que a finales de mes ya tengamos los planes de la boda listos, necesitamos un heredero. Me reí porque creí que era broma, pero nadie en la mesa se rio. Mire a Luca, él solo comía sin atreverse a mirarme. ¡¿Casarnos?!
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