Capítulo 6: Entrando con el príncipe
La mañana siguiente me fueron a buscar a mi habitación para que me encontrara con el príncipe Luca en el desayuno en el jardín, estaba nerviosa, es decir, esta mentira se estaba haciendo cada vez más amplia, tenía miedo de que ahora conociera a sus padres y entonces... no tendría escapatoria, aunque claro, ser la esposa de un príncipe tampoco era un sacrilegio… solo que yo no era así, yo creía en el amor.
Y no podía enamorarme de alguien que había conocido en tan solo una noche.
—Que rápido —dijo Luca soltando un bostezo al sentarse frente a mí, yo ya llevaba un buen rato desayunando las tostadas con queso.
—Tardaste una eternidad, ¿te perdiste o qué? —dije llevando la taza de café a mi boca, había tanta comida que me había llenado de solo verla.
Él se rio un poco sirviéndose un poco de café, tenia aun algunas marcas de la almohada en el rostro, pero podía verlo más radiante, sin dudas mi corte le dio ese toque de belleza que necesitaba, sus ojos grises eran hipnóticos.
—Oye —dijo cuando me miró ahora un poco más despierto—, te ves linda sin maquillaje.
Sentí sonrojarme un poco y es que al despertar me bañé y no me interesé en maquillarme.
—Uhm, gracias… —murmuré.
—Pensé que tu belleza era pintada. —comentó.
—Ahm, okey —dije, suponía que se refería al maquillaje—, Uhm, ¿Qué se supone que haremos hoy?
—Esperar al almuerzo —dijo echándose hacia atrás—, te presentaré y ya ellos se quedarán tranquilos, luego en una semana te desaparecerás porque extrañabas a tu familia y diremos que te atropelló un carro.
Alcé ambas cejas.
—Tienes todo pensado ¿eh? —sonreí.
—Mas o menos. —admitió.
—Entiendo, entonces —dije echándome hacia adelanta—, ¿Qué haces en la mañana? ¿Hay gimnasio aquí?
—¿Haces ejercicio? —Dijo como si fuera un disparate.
—Si, usualmente, todas las mañanas, ¿tú no?
—No —bufó como si fuera un disparate—, usualmente solo me encierro a jugar, mi hermano es el ejercitado.
Oh.
Bueno eso ya lo había notado; su hermano infundía terror todo lo contrario a Luca, esto debía cambiar.
—Okey, ya que estoy dándote consejos —dije—, deberíamos hacer un poco de ejercicio, tu salud te lo agradecerá además de que necesitas sentirte mejor contigo mismo.
Él giró los ojos.
—Me siento bien conmigo.
—No, eso no es cierto —repliqué—, te comparas con tu hermano, dices que él es mejor que tú.
Luca lo pensó por un momento.
—Porque lo es, entrena mucho —dijo—, da miedo.
—Es eso —dije—, necesitas forjar tu carácter Luca, necesitas ser tu mejor versión, para que otra mujer como Danna Isabellina no vuelva a pegarte los cuernos.
Él pareció sonrojarse y bajó la mirada.
—Lo hizo porque yo no soy su tipo.
—¿Y la justificas? Eres un príncipe —dije indignada—, tienes que mandarla a la mierda y demostrarle lo que se perdió, ponerte muchísimo mejor ¿acaso no te dolió lo que te hizo?
Lo pensó por un momento y afirmó con la cabeza.
—Mucho.
—Entonces —me levanté de mi asiento—, hazlo, dale una cachetada con tu cambio.
Él afirmó con la cabeza.
—Vale. —dijo levantándose también de su lugar, le tomé la mano y ambos nos dirigimos al gimnasio bajo la mirada de las personas que trabajaban.
Esto de ser la falsa prometida, aun se me hacía difícil de asimilar.
Le indiqué algunos ejercicios a Luca que podía hacer, yo lo ayudé haciéndolos a su par, se notaba que él era muy novato en esas cosas.
—¿Hasta que hora vamos a entrenar? —Dijo, su rostro todo enrojecido después de varias horas, su cabello húmedo del sudor.
—¿Te cansaste? —dije con una sonrisa, yo también estaba sudada y con la respiración agitada.
Yo estaba acostumbrada a entrenar muchas horas.
—Son las 10. —dijo Luca limpiándose el sudor con una toalla.
—Si. —dije sin comprender a donde quería llegar.
—Vamos a parar —suspiró—, debes arreglarte para el almuerzo.
Ahora estaba nerviosa, pasé una mano por mi cabello, j***r, el almuerzo con los reyes.
—¿Qué pasa? —dijo Luca probablemente al ver que me quedé seria— ¿te pusiste nerviosa?
—Sí. —admití.
—¿Por qué?
—Me da… algo de miedo almorzar con los reyes. —susurré, era la verdad.
Y más miedo me daba aun, mentirles en la cara.
—Vamos —me animó—, estarás conmigo.
Suspiré.
—Vale.
El hecho de estar con él, se me hacia tal vez un poco menos terrorífico.
Salimos del gimnasio y yo me fui a mi habitación donde me arreglaría para el almuerzo con los reyes, intentando actuar normal, calmada y enamorada mientras les mentía descaradamente en la cara.