Capítulo 5: El príncipe Alessandro

402 Palabras
Capítulo 5: El príncipe Alessandro Me quedé rígida observando al hombre frente a mí, era muy alto, puede que del tamaño de Luca, pero sin duda muchísimo más ejercitado, vestía una franelilla blanca que hacía ver los músculos de sus brazos bastante fuertes y gruesos, su mirada parecía enfadada; estaba fija en mí. —¿Quién eres y que haces aquí? —preguntó en un tono tan fuerte que me estremecí; parecía enfadado. —Vine porque… —murmuré intentando justificarme, no sabía por qué de repente no recordaba como hablar. —Reverenciame —me interrumpió dando un paso hacia mí—, soy tu príncipe. Tragué otra vez en seco y le obedecí, le hice una reverencia, casi sintiendo que iba a sacar una espada y asesinarme o algo así. Era esto… infundía respeto de rey, era lo que a Luca le faltaba; intimidar. —¿Quién eres y que haces aquí? —Repitió su pregunta. Me atreví a mirarlo negando con la cabeza. —Su majestad —dije—, soy Ana, Ana Mitchell, soy, la prometida de su hermano Luca. Él tenía esa forma de mirarme que no bajaba la cara, solo bajaba los ojos; mirándome desde toda su altura. —¿La prometida? —repitió con burla mirándome ahora con desdén— Y con tan bajo intelecto, ya entiendo porque estas con él. ¿Qué? Lo miré con ceño fruncido. Que idiota. Me estaba insultando en mis narices. —¿Disculpa? —repliqué. Él alzó una ceja para decir: —No me repliques. —No voy a dejar que me ofendas imbécil. —solté sintiendo mi cabeza arder, por un momento me olvidé de todo; de donde estaba, quien era él… solo quedaba mi molestia. —Te cuidado como me hablas. —dio otro paso hacia mí, pero no me dejé intimidar por su altura. —Ten cuidado como me hablas tú. —repliqué. «Joder Ana, te pueden meter presa, ¡recuerda que es el príncipe!». A la mierda, era un grandísimo imbécil. Le sostuve la mirada y me fui del pasillo consiguiendo la cocina donde el servicio me dio agua, odiaba a los imbéciles, así fuera el príncipe, me valía mierdas. Hasta ese momento no me había dado cuenta, de que fue una mala decisión replicarle Alessandro, porque un imbécil no iba a tolerar que una chica le replicara nada, mucho menos alguien como él con tanto poder.
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