Capítulo 4: El segundo heredero

997 Palabras
Capítulo 4: El segundo heredero —No quiero verme en el espejo —dijo Luca pareciendo realmente atemorizado por verse. Me reí entre dientes. —Tienes que hacerlo, quedaste muy bien —dije y era sincera le había hecho un corte perfecto para la forma de su rostro, él volvió a negar con la cabeza. —No. —insistió apretando los labios. —Vamos, no seas miedoso. —lo incité. —Cortaste mucho pelo. Joder, ahora entendía esto del príncipe que nadie quería, Luca le faltaba agallas; le faltaba despertar... le falta dejar de ser miedoso. —¿Por qué me confiaste las tijeras, entonces? —repliqué. Él giró los ojos —Pues —dijo—, ahora yo mismo me lo estoy preguntando. —Quedaste guapo —dije dejando las tijeras a un lado—, o sea, realmente no sé quien era tu estilista antes. Porque la verdad no le favorecía en nada. Luca negó con la cabeza. —No me gustaba ir con el estilista. —admitió. Oh. Bueno, eso tenía más sentido. —Pues te hacía falta —dije—, solo mírate. Él pareció por fin llenarse con un poco de valor y tomó una profunda respiración. —Vale. —murmuró levantándose, se sacudió el pelo de la camisa y caminó al espejo de la habitación, cuando miró su reflejo se quedó perplejo, su boca ligeramente abierta. —j***r —susurró—, ¿ese soy yo? Se agachó un poco tocando el cabello y luego las cejas. —Ajam. —dije orgullosa acercándome a él. —Bueno —dijo aun admirado—, pareces loca, pero sí sabes lo que haces. —Eh —dije frunciendo el ceño—, no estoy segura si es un cumplido. —Lo es. —admitió aun sin dejar de admirar su nuevo look. —Gracias. De repente, Luca se volteo y me abrazó, me quedé rígida por un momento pero luego me relajé correspondiéndole, creo… que Luca podía tener buenos sentimientos. Cuando de repente abrieron la puerta y nos separamos como si nos hubieran encontrado haciendo algo malo, por mi parte yo solo estaba confundida, pero Luca parecía haber visto al mismísimo diablo al ver a la mujer de vestido amarillo brilloso en la puerta mirándonos de manera acusadora, no llevaba corona, pero parecía ser alguien importante porque Luca se volteó hacia ella y dijo: —Eh, no es lo que piensas. —De todas las cosas que puedes hacer o pudiste hacer —replicó la mujer—, escaparte con una zorra en medio de una celebración a tu habitación es bastante interesante, príncipe Luca, pero recuerda que eso no será bien visto. Oh. Luca negó con la cabeza. —Es mi prometida. —intentó justificarse. Ella se quedó por un momento pensativa viéndome, parecía mirarme con algo de desdén. —¿Tu prometida? —alzó una ceja mirando nuevamente a Luca— ¿tan rápido encontraste otra? —No soy monje como para esperar —dijo Luca. Si esta señora tan solo supiera que de hecho yo era alquilada. —Organizaré el almuerzo de mañana para que la presentes —dijo la mujer—, sabes que no podrá dormir aquí. —Lo sé. —dijo Luca. —Lindo corte —continuó la señora—, por cierto. Se fue cerrando la puerta y nos quedamos en un silencio incomodo. Luca soltó un suspiro. —¿Quién era ella? —Pregunté. —Ella es Emili —dijo—, se encarga de mi imagen y la de mi hermano, siempre arreglando todo, es como la mano derecha de la realeza; de nuestra imagen. Oh. Con razón le tenía cierto temor. —Comprendo. —me limité a decir. —Entonces… —Luca apretó los labios—¿puedes quedarte y almorzar con nosotros mañana? ¿Mañana? Lo miré incrédula, mañana tenia que ir a la academia, es decir, tenía una vida mas que esta propuesta improvisada… —Pero se suponía que era hasta esta noche. —repliqué. —Por favor —dijo sacando unos billetes de su bolsillo—. Aquí esta lo que te prometí, te daré mil más. ¿Mil más? Miré los billetes y luego sus ojos grises. —¿Estas tan desesperado? —pregunté. —Sí. —dijo sin dudar. —Vale, está bien. —dije tomando los billetes. No me juzguen, dinero era lo que me faltaba en estos momentos y si iba a fingir, entonces, esto tendría que valer la pena. Luca me ubicó con el personal en una habitación muy grande, es decir, era más pequeña que la de Luca, pero aun así era muy amplia y elegante con comodidades. Vaya giro que había tomado mi vida en solo unas horas. Fingiendo ser la prometida del príncipe heredero al trono. Me trajeron mucha ropa fina, me bañé, vestí y acosté en la cama amplia con acondicionador de aire; algo que ni en mis mejores sueños hubiera pensado. Sabía desde este momento que mi vida cambiaria por completo, y extrañamente esto me gustaba… tal vez, mi proyecto de ayudar a Luca a sacar las garras tomaría forma mientras me quedara junto a él, algo en mí me pedía a gritos ayudarlo. Quería hacerlo. Pensando eso… me quedé dormida. **** Era de madrugada, 4 am exactamente cuando mi garganta se sentía completamente reseca, necesitaba agua. Me levanté para ir al baño, pero por alguna extraña razón, el grifo no soltaba agua. Joder. Solo quería agua. Salí de la habitación al pasillo sin saber exactamente a donde ir o donde quedaba la cocina cuando de repente escuché pasos y el cruce del pasillo choqué de frente con alguien. Oh. Me eché hacia atrás. —Perdón… —susurré alzando la vista en el momento que me encontré con unos profundos ojos azules en una mirada completamente malévola que me estremeció por completo dejándome sin aliento, lo reconocía, lo había visto antes, era… El príncipe Alessandro; el hermano menor de Luca.
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