Capítulo 2: El principe Luca
Él me mantuvo la mirada y yo tuve que apartarla porque teníamos que retirarnos del escenario para que entraran los demás actos, la luz me dejó un poco aturdida y tuve que pestañear varias veces cuando volvimos a entrar a camerinos, aunque creo que estaba era aturdida por ver a ese chico raro que me pidió ser su novia al lado del rey.
¿De verdad era el principe?
Bueno, tenía una corona en la cabeza y estaba sentado al lado del rey, pero ¿Qué sentido tenía eso? ¿por qué el príncipe me iba a pedir ser su novia; una chica que acababa de conocer?
Nada tenia sentido para mí en este momento.
¿Tal vez era un chico que se le parecía? Porque el chico que habló conmigo cuando estaba perdida no tenía una corona, de seguro los confundí...
Nos cambiamos de ropa y nos dirigíamos a la salida de la mansión, es decir, éramos contratados; no invitados de la fiesta así que no podíamos quedarnos y los de seguridad estaban muy pendientes de eso.
De repente observé a un chico al lado de la puerta de la salida, estaba con varios guardas e inclinaba la cabeza saludando cortésmente a las personas que pasaban…
Tenía la corona.
Tenía los ojos grises.
Cuando su mirada se fijó en la mía, supe que era la misma persona que me pagó cuando llegué para ese trato.
—Chicas —dijo Gabriela cuando nos acercábamos a la salida a todas las bailarinas en general—, ahí está el príncipe Luca, deténganse para reverenciarlo.
¿El príncipe Luca?
Uh, recordaba que de hecho Gabriela me había comentado que la familia real estaba pasando por un momento tenso porque el príncipe Luca rompió su compromiso.
¿Él era el príncipe Lucas? ¿Por eso me pidió que fingiera salir con él porque rompió con su prometida?
No entendía nada.
Nos detuvimos y todas hicieron una reverencia, pero como andaba distraída por la noticia, no me agaché quedando de pie como una estúpida.
—Reverencialo —dijo Gabriela entre dientes casi queriendo exterminarme con los ojos.
Me agaché rápidamente pero no sé si fue que de repente la gravedad cambió o qué cosa, pero cuando me doblé perdí el equilibro yéndome de boca al piso y dándome un mal golpe en los codos cuando los metí para protegerme la cara.
Joder.
Esto no podía estarme pasando a mí.
—No puede ser —susurró Gabriela cubriendo su rostro, definitivamente creo que me expulsaría de la academia de baile.
Escuché como el ambiente pareció cambiar a suspiros de sorpresa, no lo entendí hasta que vi unas botas frente a mí, y cuando alcé la vista estaba una mano tendida hacia mí.
—¿Estás bien?
Alcé un poco más la vista, el príncipe Luca me miraba desde toda su altura, su mano estirada aun para ayudarme, tragué pesadamente saliva.
«Es el príncipe».
No fui capaz de decir o hacer nada, lo cual era curioso porque hablé con él más temprano y no sentí temor porque no sabía quién era, pero ahora... no podía salir de mi asombro.
«Reacciona, se supone que debes reaccionar, no quedarte así de quieta».
—Ven —dijo agachándose un poco—, toma mi mano.
Le hice caso tomando su mano y él me ayudó a levantarme, aclaré mi garganta.
—Gracias —susurré.
—Discúlpela alteza —dijo Gabriela acercándose—, ella es de las novatas, apenas está empezando y es una de las más torpes.
Le lancé una mirada gélida, pero ella solo miraba al príncipe.
—Pueden retirarse —dijo el príncipe Luca a Gabriela, todas obedecieron rápidamente yendo hacia la puerta, pero cuando yo iba a irme también, él aferró más fuerte el agarre que tenía en mi mano—. Tú no.
Me voltee hacia él enfrentándome otra vez a su mirada, no entendía por qué de repente me sentía tan nerviosa.
—Yo… —murmuré— eres un príncipe; el príncipe Luca.
—Si. ¿Tanto te sorprende?
—No sabía que había hecho un trato con un príncipe —negué con la cabeza completamente incrédula—, y es decir, ¿por qué en tu sano juicio buscarías a una desconocida y le pagarías para que fuera tu novia por 1 noche?
El fijó la mirada en mí y dijo:
—Porque estoy desesperado.
No entendía absolutamente nada de nada, pero cuando comenzó a caminar no soltó el agarre en mi mano, sino que me llevó con él.
—¿A dónde vamos? —pregunté.
—A un lugar donde voy a explicarte todo lo que vas a hacer.
Me frené y él volteó a mirarme cuando le dije:
—No voy a follar contigo.
Él soltó un bufido burlón.
—No quiero eso.
Ah, bueno, era bueno aclarar las cosas.
—Vale. —murmuré y continué caminando.
Entramos al jardín y lo miré a la expectativa mientras paseábamos.
—Mi prometida está aquí —comenzó a decir—. Bueno, mi ex prometida, terminamos en la mañana y necesito que me vea con alguien tan ardiente como tú.
Sentí sonrojarme por cómo me había llamado: “Ardiente”.
—Es una medida desesperada. —continuo.
Ah, bueno, ahora había venido a mí porque estaba “desesperado”.
—¿Qué les ocurrió para que terminaran? —indagué.
—Prefiero no hablar de eso —dijo.
Ah.
Bueno, eso me parecía un poco sospechoso, pero iba a respetar su decisión, creo que esto era lo más loco que me había pasado en la vida.
Caminamos por el jardín y él se quedó rígido de repente al ver a una chica de vestido rojo que estaba sentada en un taburete del jardín hablando por el celular.
—Ahí está —dijo—, rápido, abrázame.
Reaccioné rápido envolviendo mis brazos alrededor de su cuello y él se agachó cuando me pegué a él, lo sentí ponerse muy rígido contra mí de repente.
—Era abrazarme, no restregarme las tetas en la cara. —murmuró, su aliento en mi pecho me hizo estremecerme un poco.
Apreté los labios.
—No es mi culpa que te encorves tanto. —refuté.
—Vale —dijo echándose hacia atrás para romper el abrazo—, ya se fue.
Voltee para ver como ella se iba del jardin moviendo las caderas de un lado a otro con su deslumbrante vestido, me imaginaba que ella era la cantante Danna Isabellina; su ex.
—¿Intentas darle celos? —pregunté confusa.
—Algo así. —pasó una mano por su cabello.
«Que infantil».
Pero luego lo pensé por un momento.
—¿Por eso llorabas cuando nos encontramos en el salón? —pregunté y observé sus ojos cristalizarse un poco pareciendo entrar en el recuerdo de eso que le dolió tanto.
Al parecer era un rompimiento definitivo para que reaccionara así.
—No le digas a nadie que lloré —dijo—, no soportaría tanta humillación.
«Pobrecito».
Debía de tener el corazón roto, recordaba que Gabriela había mencionado algo de su rompimiento, ¿de verdad hubo infidelidad?
—Vale, pero —dije—, ¿te engañó?
Él solo afirmó con la cabeza.
Oh.
—¿Quién engaña a un príncipe? —murmuré sin comprender, él sonrió levemente mientras soltaba un suspiro.
—Ella al parecer. —susurró.
—Es una idiota. —dije acariciando su hombro, su mirada triste como todo un príncipe despechado, su rostro comenzando a enrojecer.
No me gustaba verlo llorar.
Él no respondió nada, simplemente soltó un suspiro.
—Oye, tienes unos ojos bonitos. —comenté para distraerlo un poco.
Él sonrió a medias.
—Al menos Dios se apiado de mí.
¿Qué?
—No digas eso —dije—, es decir eres un príncipe.
Casi nadie tenia el privilegio de nacer en una familia real.
Él negó con la cabeza.
—El príncipe más torpe, menos agraciado, menos habilidoso… y la lista sigue —dijo.
No puede ser.
Además de ser un príncipe despechado, era un príncipe con baja autoestima.
—Eres muy duro contigo mismo —dije—, de seguro tienes habilidades sorprendentes.
Él se rio como si hubiera dicho un chiste.
—La habilidad de mover mi única ceja como el gusano. —la movió y me quedé con cara de póker; completamente inexpresiva.
Es decir, bien, Luca tenía mucho pelo en la cara, como sus cejas, su corte en afro y su ligera barba sin forma, pero era alto, tenia unos ojos hermosos y hasta era un príncipe…
Aunque claro, algo malo debía de tener si su prometida lo dejó por otro.
Extrañamente, el hecho de que él no se creyera la gran cosa y tuviera baja autoestima me daba el sentimiento de protegerlo.
—¿Tienes frio? —preguntó posiblemente al ver que llevé las manos a mis brazos abrazándome a mí misma para conservar el calor.
—Un poco —dije, la brisa estaba muy fría.
—¿Entramos? —sugirió.
Afirmé con la cabeza.
—Sí, por favor.