En la habitación, Elena aún se encontraba parada frente a la cama, con la mirada perdida. Las lágrimas secas en las mejillas la hacían parecer derrotada. Su cuerpo laxo solo tenía fortaleza para mantenerse en pie. Toda su vida pasaba por su mente: antiguos recuerdos de su verdadera madre, su llegada a la casa de los Norato, su feliz infancia, la muerte del único padre que había conocido, la locura de su madre adoptiva y su lucha por sobrevivir al lado de su hermano. Nada de Vicente Arcadia, quizás por eso había sido tan fácil que todos la engañaran. Siempre pensó que su existencia era tan normal como cualquier otra, con alzas y bajas, alegrías y tristezas, éxitos y decepciones. Jamás imaginó que detrás de aquella pantalla se ocultaba una verdad tan retorcida, que le arrancaba el ún

