— Vamos, Chloe —Félix habló más calmado y la mujer comenzó a caminar fuera de la habitación, sin dejar de mirar a Lisa.
Unos segundos pasaron, pero la puerta no se cerró después, de manera que me quedé en el mismo lugar, esperando indicaciones de muchacha.
Poco después llegó Félix y acercó suavemente una de sus manos al rostro de Lisa, la cual, se tensó ante su toque.
— No te preocupes, no te haré daño.
La chica asintió lentamente y dejó que posara la mano en su mejilla. Él parecía estar enamorado de ella, pero no podía verlo de una manera diferente a que no fuera como un asesino.
Además, que según lo que había estado escuchando, también se encargaba de encontrar chicas para sus experimentos y les ofrecía cosas que no iban a suceder. Estaba cometiendo todos los delitos habidos y era increíble que de alguna manera siguiera fuera de la cárcel después de todo.
Lisa intentó mirar hacia donde me encontraba y Félix volteó, intentando ver lo que ella estaba observando.
— ¿Qué pasa? ¿Alguien está aquí dentro?
El hombre comenzó a dirigirse con rapidez hacia el baño y mi pulso se aceleró. Debía defenderme como fuera si llegaba a haber un choque entre los dos.
Gracias a Lisa, aquello nunca ocurrió.
La chica le abrazó por la espalda y recostó su rostro en el cuerpo de Félix, lo que hizo que éste se detuviera y se volteara inmediatamente a observarla.
— ¿Qué estás haciendo?
— No hay nadie. No me dejes aquí sola.
Sonreí un poco ante la actuación de la chica y continué observando lo que ella hacía para sacarlo de la habitación. Era muy fuerte. El hecho de comportarse de esa manera frente a una de las personas culpables de que su padre hubiese muerto solamente hacía que tuviera respeto por ella. Además, su manera de ser era lo mejor que tenía y no podía dejar de imaginar todo el acoso de parte de él que había tenido que soportar para llegar a la villa.
Lo bueno era que ahora, nos teníamos las dos para lograr nuestros objetivos y así, continuar con nuestros planes.
— Lamento lo que hizo Chloe. Ella piensa que estamos juntos.
— Pe-ero —Lisa tragó saliva y acomodó su cabello—. Ella es la madre de tu hijo.
— ¿Y qué pasa? No estamos juntos, pero ella está obsesionada.
— Está loca…
— Así como yo por ti… —Félix sonrió y una mueca de disgusto se posó en el rostro de Lisa, pero rápidamente la cambió por una sonrisa.
— Gracias por esta oportunidad. Estoy feliz trabajando aquí.
— ¿De verdad?
— Si… quisiera conocer más sobre tu trabajo.
— No creo que deberías.
— ¿Por qué?
Félix sonrió de medio lado y comenzó a arrinconarla, hasta que la dejó pegada a la pared.
— Porque no quiero que veas mi otro lado.
Sin consentimiento, el hombre se acercó a los labios de ella y la besó castamente.
Lisa solo atinó a cerrar los ojos, pero podía ver cómo sus manos estaban hechas un puño, lo que me partió el corazón. No podía salir de mi escondite o moriríamos las dos. Eso estaba claro. Además, ya habíamos llegado a este punto, solamente necesitamos un poco más de impulso para que todo saliera bien y las dos obtuviéramos lo que buscábamos.
Mientras tanto, si esto era lo que ella necesitaba hacer, estaba segura de que lo haría. Ella me había dejado en claro que sería capaz de cualquier cosa por conocer lo que había sucedido con su padre y hacer que las personas involucradas, pagaran por ello.
No había más explicación.
No supe si dos o tres minutos pasaron, pero pronto Lisa acompañó al hombre a la puerta y se despidió de él, diciéndole que en la mañana hablarían sobre el cargo que le gustaría ocupar.
Él al parecer, estaba emocionado por la idea, ya que le ofreció inmediatamente el puesto de asistente, pero ella se negó y prefirió arreglar todo al día siguiente. Luego de eso, cerró la puerta y se sentó en el pequeño sofá, donde las dos soltamos una exhalación profunda al mismo tiempo.
— Esto asqueada —fue lo primero que dijo la chica apenas me vio entrar a la habitación—. Lo odio.
— Lamento que debas aguantar todo esto… —Me senté a su lado y comencé a acariciar con lentitud su espalda. Ella necesitaba apoyo.
Se encogió de hombros y miró sus manos entrelazadas en su regazo.
— No importa. Es lo que hay.
— Esto va a terminar pronto.
Lisa levantó la mirada y pude ver sus ojos cristalinos. El corazón se me comenzó a romper en pedacitos y la pegué a mi pecho, dejando que llorara y se desahogara allí. Ella al parecer, no contaba con un lugar seguro y si en este momento era lo que necesitaba, yo tendría los brazos abiertos para que así fuera. Merecía el apoyo que esos delincuentes le habían quitado en su padre.
— Me da asco cuando me trata de esa manera —pudo decir entre cada uno de sus sollozos y asentí, entendiendo la situación por la que estaba pasando.
— A mi ellos me desnudaron y no sé qué más quisieron hacer conmigo. Lo bueno fue que logré escapar.
— ¿De verdad?
— Si —le sonreí, dándole alientos—. Ahora estamos juntas y no nos van a separar. Vamos a poder con esto las dos.
— Mi madre nunca me dijo nada como eso…
— Bueno, ahora yo lo hago —acaricié su cabello—. Aunque como una hermana mayor. No una madre.
Las dos comenzamos a reír y decidimos descansar. Al siguiente día yo debería volver a los conductos puesto que las personas de limpieza llegarían temprano y Lisa, debía estar lista para su charla con Félix y, además, su trabajo. El único momento en el que podríamos volver a tratar sería en la noche, cuando llegara.
— ¿Podrías traer un uniforme como el que usas? Así puedo en algún momento salir sin ser descubierta.
— Por supuesto, Joy. Buenas noches.
— Buenas noches.
La luz se apagó y cerré los ojos, intentando descansar. La maleta reposaba a mi lado y mi computador no se iba a ninguna parte. Él era lo único que me quedaba y no lo perdería aún así me costara la vida.
***
Al día siguiente todo parecía normal mientras esperaba a que Lisa saliera del baño y se fuera al trabajo. Ella había dicho que tenía algunas cosas en la nevera para que yo usara, ya que ella podría comer en la cafetería y más tarde traer más cosas para no dejar el pequeño objeto solo.
— Muchas gracias por todo —le sonreí cuando tomó su tapabocas y lo puso.
— No te preocupes. Nos vemos en la tarde. Puedes seguir durmiendo si quieres.
— No. Subiré inmediatamente. No quiero esperar que me descubran.
La chica asintió y salió.
Eran las seis de la mañana y me daba temor que en cualquier momento se pudiese aparecer alguna de las personas del servicio. Por la misma razón, decidí que lo mejor era subir con todas mis cosas y esperar hasta que ella volviera o intentar conocer más lugares y dejar algunos rastros para volver a la habitación sin ningún tipo de problema.
Recogí mi computador y éste vibró, haciendo que lo prendiera y mirara la pantalla, donde reposaba un mensaje que habían enviado en la madrugada y no me había notificado.
Te vi hoy. Te amo.
Aquello era escalofriante porque no sabía si realmente era un mensaje de Joel o se trataba de algo que estaba enviándome la Inteligencia Artificial por alguna razón. Antes de que pudiera hacer algo más, pude sentir cómo habían intentado abrir y me asusté, corriendo hacia el baño y cerrando la puerta inmediatamente.
— j***r, preciso…
Tragué saliva y repetí el proceso que había tenido que hacer varias veces para subir al conducto que había visto en el baño. Éste era un poco más angosto y me sentí preocupada por el estrés que me estaba generando el hecho de estar así de presionada. Ni siquiera sabía cuánto tiempo podía estar en ese lugar.
Solté un pequeño quejido por el dolor en mi pierna y exhalé, buscando algo de tranquilidad.
Escuché a algunas personas comenzar a reír y entrar al baño de Lisa. Decidí callarme y moverme un poco más lejos de la rejilla de manera que no pudiesen verme.
— ¿Ya vas a terminar?
— Esta es mi primera habitación —le dijo una de las mujeres a la otra—. Debo hacer quince más.
— Horrible —la otra exclamó y escuché cómo se les cayó algo de Lisa—. Mierda, esta niña siempre tiene todo botado por todos lados.
— Prefiero limpiar esta habitación que la de cualquier hombre. Asqueroso.
— ¿Recuerdas lo que le encontraron en la habitación a uno de los investigadores? Asqueroso.
— No era cualquiera. Era Julián Fox —se escuchó como un susurro.
— Horrible que estuviera con tantas mujeres y nadie le pudiese decir nada. Estoy segura de que él contagió a todas esas personas por traerlas desde afuera.
— No vayas a decirle a nadie más eso.
— Lo sé.
Continuaron hablando en el baño otro rato mientras limpiaban y alrededor de una hora después, salieron del baño hacia la habitación.
— Esa era la parte más complicada.
— Siempre lo es.
Era imposible sentirse tranquila en este lugar. Mis sentidos y cuerpo me estaban jugando una mala pasada y lo peor, era que no podía moverme.
Traté de volver a acercarme a la r*****a para tomar un poco más de aire y logré acercar mis ojos, cuando me encontré con otros ojos observándome fijamente. La mujer se quedó unos segundos en su lugar y pasó saliva, mirando a su espalda.
— ¿Señorita Cox?
— S-si… ¿Cómo sabe que soy yo?
— Todos lo sabemos —sonrió—. Aléjese, por favor. Alcanzamos a verla.
Asentí y volví a mi lugar de antes, escuchando sus pasos alejarse.
Prefería confiar en que no diría nada y así poder descansar un poco en mi lugar. Necesitaba tranquilizarme para no perder la cordura mientras ellas terminaban de limpiar el lugar y luego, podría bajar y descansar otro poco.
El tiempo se pasó lentamente mientras estuve allí. Sentía el cuerpo dormido y mi cabeza estaba doliendo horrible. Las mujeres habían continuado hablando sobre sus familias y cuánto debían trabajar durante el día. Había logrado escuchar que estaban haciendo las cosas lo más pronto posible gracias a la mujer que me había visto y no podía esperar al momento en que se fuesen.