Empecé a andar camino a casa pero ya no quería caminar, era como si mis piernas se rindieron ante el avance y solo tenía un atrofeo de una forma bestial; no tenía energías para hacerlo, la labor se había vuelto un acto espantoso. Ese era el peso de la desilusión de cargar con un pedazo de un corazón que estaba destrozado. Y no escribí a sonar dramática pero así de mal me sentía en ese momento, pisando la realidad al tiempo que no, porque esto se asemejaba tanto a una pesadilla de esas que aparecen en una noche normal y escandaliza con su oscuridad. No era aprueba de balas y él había disparado justo en mi pecho. La realidad jamás había estado de mi lado todo se sentía como un día oscuro incluso con el sol colgando en el cielo. No ayudaba nada que fuera pleno invierno donde la nieve lo cub

