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1525 Palabras

P.O.V Jasmine. Al fin encontramos a la mujer, había estado desesperada por el infante y no pudo evitar abrazarme agradeciendo el gesto que tuve de ayudar a su pequeño. Hacer esos gestos, ayudan, no había la menor duda. No la tenía, sonreí y agité la mano a modo de despedida. Ya era hora de volver a casa, además mi estómago rugía. Pero en lugar de irme a casita, pasé por la cafetería del señor Matthew. Se alegró tanto de verme que me abrazó efusivamente. Entrar a ese lugar siempre tenía un efecto curador, no sé si era el olor a dulces y postres que adornaban la extensa vitrina o los jugosos platillos que se servían, todos mis favoritos. —¡Jasmine! Que gusto verte por aquí, ¿cómo estás? —A salvo, me siento mejor. Muero de hambre, ¿puedes ofrecerme algo? No traigo dinero, pero te pa

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