—Yo... —No es necesario que digas algo, lo sabré solo con hacer esto. Entonces sin más, sus labios atraparon los míos, llevando un baile que me hizo temblar de pies a cabeza, elevándome a otro mundo donde la locura dejaba de ser un pecado, y nadie nos estaba señalando. Correspondí sintiendo que se me escurría el raciocinio entre los dedos, se lo daba todo a él, y tiraba el pudor al mar, mientras ya me encontraba debajo de su cuerpo siendo besada y tocada de esa forma por él. Su lengua y la mía de encontraron en una lucha etérea, a sabiendas que les iba mejor encajar, rendirse al desenfreno que ya hacía de la suyas. Entonces lo igualé siguiendo ese baile que ya exigía más de nosotros. Y cuánto nosotros queríamos eso. Sus manos amasaron mis senos, mientras su boca se encontraba dominan

