La desesperación era flama, a su vez la locura empedernida no rodeó como una serpiente a su presa, arrancando de nuestros labios el trayecto hacia la acogida del placer. Después de dos copas de alcohol, cada uno, de estar hablando tonterías en el yate, pasamos a esto, a quitarnos la ropa con el énfasis agresivo por tenernos el uno al otro y sentirnos hasta lo más profundo. Era cierto eso que se decía de alguien cuando se bebía una dos o cuantas copas de alcohol enviara a su sistema, porque cuando eso pasaba ya la normalidad dejaba el cuerpo, y solo quedaba una estela débil que terminaba esfumada y corriendo a los brazos de la tentación en ejecución. Nosotros éramos la clara prueba de eso, nos estábamos besando como si no existiera el mañana, tocandonos más allá de lo que hicimos alguna vez

