Cedí, sabía que no se iba a resignar, no esta vez que a toda costa buscaba de sacarme a dónde volvía a caer. Así era mamá, y sé que cualquier otra madre dulce en el mundo. Ya estábamos en la cocina y empezamos a cortar algunas zanahorias, con lo que haría estaba bien, menos pizza. Esa comida me traía recuerdos a la cabeza de nosotros. —¿Cómo se atreve Alexander a estar contigo estando casado? Es que es algo inaceptable, no puede ser. —Nunca se casó mamá, eso me dijo, incluso el compromiso lo rompió con ella. Quizá no debí creerle, que se haya ido sin una despedida ya es una clara muestra de que no le importo. —¿Ni una nota ha dejado? Cuando lanzó la pregunta, de forma rápida volé a ese momento, sí, había un papel doblado en la mesita de noche. Uno que yo no quise leer. Pero puede q
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