—Al principio, pero me siento mejor sabiendo que no tendré a un patán a mi lado. No nos quedemos hablado de esto, tú debes salir, estas son mis cosas y ya ni vienen al caso. ¿Carla ya está de camino? —preguntó, cambiando de tema. Incluso sonrió. —Así, y debería de ir saliendo, para que no empiece a tocar el claxon. Te amo, mamá. Te llamaré cualquier cosa. —Por favor —se inclinó a mi mejilla y la besó con dulzura —. Te quiero. Así me puse en marcha hasta la salida, yo que salgo, y Carla a los segundos apareció. —Vaya, estás hermosa. ¿Es el vestido de ese día? —Sí, que compré hace dos semanas, estaba indecisa, ya sabes —torcí los labios. Ella asintió con la cabeza. —Bueno, te queda estupendo, sabía que era la decisión acertada de ese día. ¿Lista para pasar una noche increíble y

