Capítulo 11: Trampa

1428 Palabras
XI Podía escuchar cómo se movían las manecillas de su reloj, que anunciaban casi la hora de finalización. Estaba algo aturdido, en esa semana había visto a Aluna apenas en clases, él se acercaba con la excusa de tener que hablar sobre ese trabajo que hacían en parejas, pero ella salía corriendo, no porque lo evitara, sino porque debía ir con Gino y él no podía acompañarla. La situación que debió ser un momento feliz, romántico y hasta cursi, no había terminado del todo bien. Lu había sido llevado a una enfermería muy lejos de la de Gino, ya que debido a este «encuentro», el ciclo de celo del muchacho se alteró y sus feromonas casi enloquecieron. Leroy cuando despertó, no esperó ni un segundo para ir a buscar a su destinado, con el corazón lleno de alegría, rebosante de expectativas y sueños con el futuro, no obstante, justo en el instante en el que parecía salían corazoncitos de su cabeza, cerraron la puerta de su paraíso y casi le rompen la nariz. A diferencia del Alpha que ya pensaba en reproducirse, Gino negaba todo lo que había pasado y no quería saber absolutamente nada de Louis Leroy. Eso fue un balde de agua fría para el ilusionado patinador, que de verdad ya estaba planeando su vida con él. El otro muchacho sentía que solo al escucharlo enloquecía, por eso deseaba mantenerlo alejado, estaba aterrado, confundido. Él había luchado mucho para salir de su pueblito donde sus padres lo había casi confinado a una villa, todo por ser omega. Ahora que tenía autonomía sobre su vida, pensaba que estar bajo el dominio de un Alpha le quitaba todo. —Es un asco —le contaba Lu a Matt, en uno de los almuerzos—. Una mujer omega me deja porque no soy suficiente y ahora, mi alma gemela me rechaza, por no sé qué maldita razón. ¿Qué hay tan malo en mí? Matthew hizo un gesto de compasión. Lograba entender la enorme frustración y desespero que albergaba Leroy en ese momento, más aún, cuando la razón por la que llegó ahí, fue una ruptura. Pese a todo eso, que le tenía de nuevo el corazón hecho trizas, el muchacho se ponía al día con el curso. —No hay nada de malo en ti, no seas tonto. Gino está aterrado de lo que está viviendo, para un omega es diferente. Si lo muerdes, para él sería así hasta la muerte… y si no funciona… Matt pareció hacer su propia reflexión, quizás eso fue lo que sucedió con Aluna. Estaba atada y liberarse podría costarle caro. Lu notó que el otro hombre se perdía en sus pensamientos, suponiendo que iban hacia esa bonita muchacha. —Cómo te fue con Aluna… —¿Cómo sabes su nombre? —preguntó Matt algo molesto. —Me lo dijo cuando tuvimos nuestra primera cita… —respondió Lu con sarcasmo, enojando a propósito al otro—. Lo supe la noche horrible que caímos en esa fiesta. Yo hablé con ella para librarte de responsabilidades. Con eso entendió mejor la situación, todo ahora encajaba. Miró a Lu, le resultaba una ironía que ahora estuviera tan al pendiente de su bienestar, cuando antes eran rivales que solo esperaban que el otro cayera para lograr la medalla de oro, o el primer lugar en el podio. En ese momento era un joven al que nada le estaba saliendo bien, ni siquiera ese maravilloso y único encuentro que solo muy pocos afortunados vivían. Matt se quedó toda la tarde en la cafetería, solo reflexionando. Ya no estaba en edad para juegos y manoseos, quería algo serio, así que tendría que hablar con Aluna muy seriamente del asunto, de cómo quería llevar una relación con ella. De verdad le gustaba, de verdad se le estaba colando en el corazón y aquello no lo había sentido antes, por eso, quería saber cómo estaba con ella y si se podía hacer algo con su pasado y con quien desgraciadamente aún era su pareja, así no estuvieran juntos. Con determinación salió por los silenciosos pasillos, asegurándose de ir por los lugares permitidos. Aún se podían ver algunos alumnos en los alrededores, Anna al parecer tendría una reunión con sus amigos, así que estaría solo en su departamento. Pero sus pasos no lo llevaban a su sitio, lo dirigían a la habitación de Aluna. No importaba si no se encontraba, la esperaría. Subió los dos pisos de esa torre y tomó algo de aire antes de atreverse a tocar. Apoyó con firmeza el bastón en tierra, eso le daba algo de estabilidad y le hacía sentirse más fuerte. Tocó la puerta, no podía ver si había luz bajo esta, igual, no importaba. Escuchó cómo giraban la perilla, sí estaba dentro. Ella se asomó, solo que a Matt se le hizo muy difícil fingir que no se daba cuenta de que ella estaba en ropa interior. Ella solo lo miraba, como si se luciera ante sus ojos. —A-Aluna… Eso fue todo. Solo llamarla por su nombre encendió el fuego en el interior de la jovencita, que lo agarró por su camisa y lo entró con violencia a la habitación. Luego lo empujó a una pared y como una fiera se lanzó a su boca. El Alpha entonces, respondía como todo un dominante, como el macho que debía ser. La tomó por sus preciosas nalgas para después con una fuerza extraordinaria colgársela en la cintura. El bastón había caído, aun así, Matt mantenía perfecto el equilibrio, ahora que era la jovencita quien estaba contra la pared. Metió su rodilla entre las piernas de Aluna para moverse mejor, pero ella estaba amarrada a esa cintura, besándolo como si el mundo acabara esa noche. El mentón del hombre se topó de nuevo con esos pecho tan deliciosos, suaves y tentadores que deseaba ya en su boca. No le quitó nada, solo bajó un poco su sostén haciendo que sus pezones saltaran un poco. Se saboreó y luego empezó una enloquecida succión, que lograba adorables gritos de parte de la chica. —¡Matt! ¡M-ás! ¡Más! —jadeaba Aluna, perturbando a Matthew, haciéndolo perder la cabeza. Sin dejar de probar la delicia de sus senos, metió la mano por medio de sus pantaletas, ella estaba algo húmeda, aun así, poco para ser omega. Estaba llegando muy lejos, Aluna se lo permitía, tenía que aprovechar para ir hasta el final y luego hacer a su lado, su propio cuento de hadas. Un nuevo gemido salió de sus labios cuando uno de los dedos largos y pulidos de Matt entró en su cuerpo. La jovencita echó su cabeza hacia atrás, Matt entonces le regaló un intenso beso en el cuello y justo cuando iba a deshacerse de esas pantaletas, el móvil de Aluna sonó. —De-tente, Matt, debo responder… —pidió ella muy agitada. —¡¡¿Qué, qué?!! —gritó el patinador sin bajarla aún—. ¡Olvídalo! —¡Por favor, Matt! ¡Se trata de Gino! A regañadientes la soltó. Ella respondió y a medida que hablaba iba poniéndose ropa. Matt la detuvo en un punto, estaba ya muy molesto. —No vas a jugar conmigo, Aluna. Hoy definimos esto. Aluna colgó, y lo tomó por ambas manos. Estaba muy apenada por tener que irse. —Por favor, esta vez debo ir con Gino, su celo le ha caído terrible, necesita de mi ayuda… debo vigilar que no salga a correr buscando a ese muchacho Leroy. Creí que hoy estaba bien, pero tiene una recaída. Por favor… —¿Te está divirtiendo ver cuánto te deseo? —la pregunta la hizo con la voz y el corazón herido. —¡Yo también te deseo! Pero no sabes nada, y tengo que decirte lo que pasa conmigo… y tengo miedo a que me odies… —¿Por qué lo haría? Aluna se terminó de poner un jean, sintiendo aún en su entrepierna y en su interior el dedo de Matt. Se giró para darle un suave beso, de verdad quería estar con él. —El sábado en la noche, te espero acá. Solo son un par de días… y entonces, seré todo lo tuya que deseas. Matt no se creía lo que escuchaba, y en medio de su indignación aceptó. La vio salir muy deprisa. Su erección estaba por enloquecerlo, así que fue hasta el minúsculo baño y se bañó la cara en agua fría. Ella se había escapado esa vez, ya no habría una segunda. *** Fin capítulo 11
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR