Capítulo 10: Destinado

1586 Palabras
X Escuchó como si se golpeara algo delicado, tal vez una taza. No movió un músculo, quería seguir hundido en esa calidez, en ese aroma del perfume de Aluna, que lo ahogaba en mil sensaciones de placer y lujuria. Siguió escuchando movimientos sutiles, se notaba que ella se estaba esforzando al máximo por no despertarlo. Entreabrió uno de sus ojos y se encontró con el precioso espectáculo de verla desnuda por la espalda. Era perfecta, su cintura tan bien delineada, sus firmes y redondas nalgas que empezaba a cubrir con unas pantaletas negras. Tragó un poco de saliva, quería seguir viéndola, fue entonces cuando ella se giró y tuvo que cerrar sus ojos de nuevo. Lo siguiente que se enteró, un rato después, es que ella le daba un beso en la frente y salía de aquella pequeña habitación. Cuando escuchó la puerta, abrió por completo sus ojos y se acostó boca arriba, con sus manos atrás de su cabeza. Era tan diferente eso que ahora experimentaba a lo que estaba acostumbrado; entrenamiento, presentaciones, noches de fiesta, licor, sexo, luego más entrenamiento y más presentaciones, todo en un ciclo que no terminaba. El afecto, ese desinteresado y lleno de ternura, no lo había recibido más que de su familia y su abuelita. Miró a la minúscula habitación y entendía por qué Aluna se vestía afuera, el baño era diminuto. Sonrió al ver que en la mesita, que servía de escritorio también, había un plato cubierto y una notita encima. No se quiso levantar, de verdad estaba muy a gusto en esa cama. —Te voy a comprar una mansión, Aluna… —susurró para sí mismo sonriendo. De pronto, un pensamiento fugaz cruzó su mente, ¿tenía lo suficiente para comprarse una mansión? No tenía idea de su dinero desde que su madre logró salvar parte de su patrimonio y ganancias, y vaya que había gastado en excesos. Se sentó en la cama, ese tema empezó a preocuparle, porque no solo era comprarle una casa, era mantener esa casa, vivir el resto de la vida de algo… y su carrera había acabado. —¡Rayos! Ahora entiendo por qué mamá me envió a este curso en finanzas. Como sea, tengo que trabajar después de que salga de acá. Se puso en pie, se arregló y salió de esa habitación de sueños, no sin antes comer el delicioso desayuno que le habían dejado preparado. *** —¡¿Pasaste la noche con Siberan?! ¡Aluna! ¡Estoy muy feliz por ti! —dijo Gino emocionado, tomándola de las manos. —No sé qué estás imaginando, pero no pasó nada. Solo dormimos, él pasó por un momento horrible luego de entrar en la casa de esa fraternidad y yo quería hacerlo sentir mejor. —¿Por qué? Aluna no supo qué responderle a su amigo. No había razón para que se esforzara tanto en cuidar de un hombre que, en sus palabras, solo era un amigo. ¿Por qué le importaba tanto? Ella estaba en negación de su situación debido a esa maleta tan pesada que cargaba respecto a su pasado. Gino le dio un golpecito en el hombro, no tenía que explicar nada. A veces existía una atracción más allá de los géneros y eso era lo que estaban viviendo, tanto Siberan, como Aluna. —No va a funcionar. Él debe encontrar a su persona especial, ese o esa omega correcto. —Aluna… —intervino Gino frenando su paso—. Creo que él es uno de esos pocos Alphas a los que el destino no le importa. Él ha viajado por todo el mundo, ha estado en las suficientes camas como para ya avergonzarse, y esa mágica conexión que le pasa a muy, pero a muy escasas personas en el mundo, no la encontró. Yo sé que lo que te sucedió fue horrible, aun así, no tiene por qué repetirse… Aluna sonrió a su amigo y luego cambió su expresión a sorpresa. Él llevaba un grueso collar en su cuello y no entendía la razón de llevarlo ahora, cuando Gino siempre se había negado a hacerlo. —Fue una orden de la dirección, solo por esta semana. Los omegas que no tenemos pareja debemos llevar el collar, por si acaso hay problemas. Aluna no entendía qué clase de problemas, no obstante, si la orden venía de tan alto, entendía que era algo serio. Ella llevó la mano a su nuca, como algo instintivo. Sonrió y siguió caminando con su amigo, hacia el salón, donde de seguro vería a Matt de nuevo. Él ya estaba en el salón de clases. La profesora aprovechó para decirle a los que iban llegando, que los omegas usarían de manera obligatoria su collar, para evitar ser mordidos sin su consentimiento. El incidente de la noche anterior, había disparado las alertas más de lo normal. Tomó asiento muy arriba, atormentado por ese incidente en que él mismo se vio involucrado y que provocaba todas esas precauciones. Se percató de que Lu se sentó a su lado, y sin que tuviera que decirle nada, le pasó una Tablet para que revisara de manera fugaz sus notas. Leroy agradeció con un movimiento de su cabeza y lo que pareció ser una sonrisa. La puerta del salón se abrió muy despacio, y por esta entraba su Aluna, que se sonrojó un poco al verlo. Luego tomó asiento muy adelante del tablero. Matt, en cambio, creyó que empezaba a flotar. Gino entró un poco después ofreciendo disculpas por la tardanza. La amable docente se alegró de verlo con su collar y le pidió que tomara asiento, ya iban a comenzar. La clase iba normal, algo tediosa. Números y números que Leroy intentaba acomodar en su cuaderno y luego en su laptop. A Matthew le gustó mucho que se estuviera tomando todo tan en serio. Sin embargo, el muchacho de la nada comenzó a toser. Cuando Matt volteó a verlo, Louis tenía la mano en su pecho, parecía encontrarse enfermo; tomaba aire de manera exagerada e igual lo exhalaba. Se estaba sintiendo mal, eso era claro, y cuando el de cabellos castaños pretendía decirle que sería mejor que fuese a la enfermería, escuchó a alguien más toser. Abrió mucho los ojos al darse cuenta de que Gino parecía estar tan mal como Lu. —¡¿Es que acaso no tomaste la medicina, estúpido?! Acá hay muchos omegas que entran y salen de su celo en todo momento, no puedes descuidarte con eso. —Claro que la tomé, por supuesto que lo hice... De repente, Gino se levantó y pidió permiso para retirarse. La situación se estaba poniendo tensa, sus feromonas de la nada se estaban esparciendo, y los Alphas eran los primeros en notarlo. Gino se dirigía rápido hacia la puerta cuando un grito, uno desesperado, le pidió que se detuviera. No era otro más que el nuevo de la clase, el otro mejor patinado, quien intentaba detenerlo. Gino subió la vista y empezó a temblar. Nadie entendía lo que estaba sucediendo, pero Matt pudo llevarse una idea al ver los ojos transformados de Jean, por completo exaltados. Fue entonces cuando de manera agresiva intentó correr hacia Gino, el muchacho se asustó y sus feromonas se hicieron todavía más fuertes. Matt logró con gran dificultad detener al desesperado chico, pero estaba por salírsele de las manos. —¡Por favor, que los otros Alphas ayuden al señor Siberan! —gritó desesperada la profesora mientras activaba la alarma—. ¡Aluna saca a Gino de acá!, ¡pronto! Nadie entendía nada, Aluna apenas se levantó para ir con Gino ante la orden y fue cuando vio que Matt intentaba detener a su colega en el patinaje. Pero entonces, las cosas no salieron como esperaban. Cuando Aluna iba a tomar del brazo a su amigo para sacarlo de ahí, este corrió en dirección a Lu. Todo fue mucho más confuso, y la fuerza de Leroy estaba ganando a quienes lo retenían. Aluna también luchaba por detener a Gino, que por fortuna fue detenido por Sam, quien se lo cargó al hombro mientras lo sacaba del salón. Ambos, Leroy y Gino, fuera total de sí mismos, empezaron a gritar casi al unísono que los soltaran, que tenían que ir con el otro. Todo sucedía muy rápido, la alarma era ensordecedora, los gritos y las carreras de quienes salían de los salones, como si el edificio estuviera en llamas, convirtió más la situación en caos. Un hombre vestido con traje de protección y usando una máscara de gases entró al salón, pidiendo a todos que evacuaran. Llegó hasta Lu y sin piedad, mientras los otros aún lo sujetaban, le inyectó en su cuello un calmante. El muchacho cayó inconsciente en segundos sobre el regazo de Matt. Parecía que igual suerte corrió Gino, pues no había rastro de feromonas por ningún lado. Los otros Alphas del salón se sintieron aliviados y bromearon que, al menos, así se libraron de la clase. El hombre del bastón miró al desmayado muchacho y sonrió moviendo la cabeza, sin poder creer lo que había pasado. —Maldito afortunado. Tu primer día y encuentras tu destino. Te odio... El momento y el lugar, tan alejado de todo lo que ellos dos conocían, los estaba cuestionando de una manera brutal hacia lo que podría ser el futuro. Matt sabía que si su deseo era estar con Aluna, lo cumpliría. Con el destino de su lado o no, esa niña tenía que ser suya. *** Fin capítulo 10
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