XIII
—Hola, pequeño, yo soy tu abuelo.
Matt lo vio esa primera vez, un enorme hombre de ojos azules y cabellos cenizos, de aspecto intimidante y gracioso acento. Se presentaba así, sin preámbulo alguno, sin saludos ni sonrisas. Él era apenas un niño que acababa de perder a una de las mujeres más importantes de su vida, su nana, su abuelita. Ya no creía en nada en ese momento, los cuentos de hadas le habían mentido.
Su madre lo llamó y al ver que estaba en compañía de ese «abuelo», corrió hasta él para cargarlo y alejarlo de ese hombre enorme. Él era tan pequeño, no entendía nada, aunque empezaba a experimentar lo que era el dolor, uno que por dentro carcomía, por no tener esa persona tan querida a su lado.
***
Otra tenía vez esos sueños de su infancia, que no dejaban de agobiarlo tan profundamente. De nuevo esa sensación de pérdida, algo estaba mal, todo le estaba doliendo y no era para menos. Entreabrió los ojos y al mover la cabeza para saber dónde se encontraba, una punzada en sus labios le paralizó el cuerpo, por poco se muere. Parpadeó otro poco, y supo que estaba en un hospital. Se movió para sentarse, al menos eso no dolía tanto.
—Estamos en el hospital del campus, somos los conejillos de indias de los estudiantes de medicina.
La voz provenía justo de su lado derecho, Louis estaba a su lado, con algunas vendas en el rostro y en el pecho, el resto de su cuerpo parecía estar bien. Matt siguió viendo a su alrededor, había muchos más lastimados, golpes, sobre todo.
—¡¿Pero qué demonios pasó?! —preguntó, para luego llevarse la mano a su boca, ese pequeño esfuerzo le hizo sangrar el labio.
—Nadie tiene idea, yo tampoco. Todos acá parecen ser Alphas… Creo que hubo un enorme ataque a la universidad… es horrible. He intentado preguntar por mí… por Gino, nadie quiere darme razón de nada. Tampoco de Aluna.
Matt agradeció lo que intentó hacer Leroy. Pero al solo escuchar el nombre de su amada jovencita, se vino el último recuerdo que tenía de ella, tendida en el piso, al parecer inconsciente.
—¡Tengo que verla! —gritó, intentándose poner en pie. De inmediato una enfermera llegó alertada y lo detuvo.
—No es posible por ahora la salida de ninguno de ustedes. Debemos verificar que no haya rastros de esa poción en su sistema.
—¿Qué poción? —preguntó Lu, sentándose mejor en la cama.
—Muchachos, el ataque químico que recibimos ayer, alteró el celo de los Alphas, haciendo que perdieran por completo el control de sus feromonas, y fue tan fuerte que los supresores no harían el efecto de siempre. Por eso, no podemos permitir que salgan. Por ahora deben mantenerse lo más lejos que se pueda de los omegas.
—Señorita, por favor, yo entiendo eso, sin embargo, ¿podría usted ayudarnos con información sobre tres personas? Dos son omegas, una se llama Aluna y el otro chico se llama Gino… y un Alpha, mi hermana. Se llama Anna Siberan.
La joven estudiante de enfermería se comprometió a ayudar. Una sola llamada bastaría para saber en la sección donde se encontraban los omegas. Matt se recostó en la cama, no sabía nada, estaba asustado y no entendía cómo rayos se había lastimado de esa forma.
Los minutos que se convertían en horas, pasaban inquietantes, él quería salir de ahí, al menos para ver a Aluna y a Anna un poco. Decidido, aprovechó cuando le quitaron las intravenosas, y un doctor traía el suero nuevo. Se levantó ante los ojos incrédulos de todos, y descalzo, cubierto por una bata, salió al pasillo. Solo quería encontrar a algún conocido que le pudiera dar razón de ellos, nadie le decía nada en concreto.
Al final del pasillo desierto, alcanzó a dar dos pasos hacia una recepción y una horrible alarma sonó, solo segundos después guardias enmascarados llegaron a él y lo tomaron de los brazos para devolverlo a la habitación. De lejos reconoció a Sam, así que lo llamó a los gritos, de seguro venía de ver a los chicos. Se le vio la intención de acercarse, e igual fue retenido.
Cuando Matt fue devuelto a su cama, todos los demás se rieron de él. Había sido estúpido creer que podría salirse con la suya, acto que muchos tacharon de arrogancia, aun así, el hombre estaba realmente desesperado.
Luego de que le pusieron el suero, el doctor le entregó un móvil, al parecer de parte de su hermana. Suspiró de alivio y le envió un mensaje a ella, que supo se encontraba bien, pues alcanzó a ser confinada en uno de los auditorios, entonces no estuvo expuesta a nada. Le preguntó por los otros dos chicos, y solo le dijo que Gino estaba en otra sección del hospital, igual, en un tratamiento para eliminar por completo eso de su cuerpo. Aluna se estaba tratando unas heridas.
Ese mensaje igual se lo transmitió a Lu, que respiró algo aliviado. Después prestó su celular para que los otros pudieran averiguar por sus amigos afuera. No se podía llamar, pero sí hablar por mensajes.
—Qué fue lo que le pasó… quién pudo lastimarla… Aluna…
—No te atormentes, Siberan. Asumo que fue un caos todo, pudo haber sido empujada por una estampida de gente, está viva y por ahora, eso es lo importante. —Lu suspiró un poco y luego revolvió sus propios cabellos—. Vaya, ahora entiendo por qué estudias acá, la diversión nunca se acaba…
Matt intentó sonreír, pero ese corte en el labio le recodó que no podía hacerlo.
—Quién pudo haberle hecho daño… —volvió a cuestionarse Matt.
—Fuiste tú.
La voz vino directo de la puerta, se trataba de Sam, que entraba campante por el lugar. Luego se posó frente a los pies de la cama de Matt, que no lograba entender lo que dijo.
—¡Qué dices! ¡No inventes algo tan horrible! Yo jamás…
—Aluna llevaba a Gino a un auditorio, y tú los atacaste. Te lanzaste sobre él, destrozaste su collar, querías marcarlo. Aluna intentó detenerte, entonces la sostuviste del cuello tan fuerte que por poco la ahorcas y luego la lanzaste contra una pared, rompiéndole una…
—¡¡MENTIRA!! ¡¡CÁLLATE!! ¡¡ES MENTIRA!! ¡¡MALDITO INFELIZ!!
Matt enloquecía de nuevo, no obstante, esta vez muy consciente de que lo hacía. Se lanzó sobre Sam que logró repelerlo, y cuando estaban por iniciar una pelea, como pudo Leroy lo apartó del otro.
—¡¡¿Por qué le haces esto?! ¡¿Por qué le dices esas cosas?! —reclamó Lu, también furioso. Los doctores llegaban a tranquilizar a Matt, que lloraba descontrolado.
—No es mentira… tú llegaste justo a tiempo para impedir que él mordiera a Gino, de una patada en el rostro. —Miró a Matt, que aún no procesaba todo lo que pasaba—. ¡Aléjate de Aluna! Solo la harás sufrir más…
Un guardia al fin sacó de allí a Sam. Matt regresó a la cama, no parecía necesario el calmante, pues estaba consternado. Lu también regresó a su cama ante la mirada de los otros Alphas, que ahora estaban más asustados de haber mordido a algún omega, sin su permiso.
—Ya, cálmense todos —dijo Lu algo molesto—. Y tú, Siberan deja de creer lo que ese idiota te dijo.
—No puede ser, yo jamás haría algo así…
—Mira, Matt, si algo parecido sucedió, estábamos bajo los efectos de esa porquería… aun así, ese hombre debe mentir. Se nota que le caes muy mal.
—Aunque de ser así, entendería el porqué me duele tanto el rostro, recibir una patada de alguien que vive de sus piernas, como tú y yo, lo justificaría.
Ambos sonrieron, tristes y angustiados. Jamás habían experimentado la voracidad de su genética de esa forma, ellos eran Alphas varones, y punto. Pero esos matices grises que se escondían en las sombras sobre su propia naturaleza, le producía terror.
Un joven que tenía el móvil de Matt, se llevó la mano a su boca, al parecer veía un video. Rotó el aparto y todos fijaron su mirada en el mejor patinador del mundo, hasta que llegó todo a manos de Lu.
—Dios Santo…
—¿Qué pasa? —preguntó Matt, que intentaba dormir un poco.
—Nada, descansa. Es solo una información de lo que pasó.
Matt no quiso hacer caso y de un movimiento veloz, se levantó y rapó de las manos de Lu, su celular. Ante sus ojos se destapaba la verdad, todo, cada palabra que dijo Sam resultaban verdad. Una cámara de seguridad había captado todo y Matthew Siberan vio aquello una y otra vez, hasta que se le secó el corazón. Ya la cita del sábado con Aluna, quedaba cancelada.
***
Fin capítulo 13