Capítulo 14: Tres días

1334 Palabras
XIV El niño lloraba, el niño estaba de nuevo perdido. Ese de enormes ojitos azules, ese que llevaba tanto peso en su sangre superior, otra vez se fundía en la tristeza y la soledad. Ahora no había regazo al cual recurrir, menos una pista de hielo a la que ir a danzar. El orgulloso Alpha dominante, por primera vez sentía que se derrumbaba todo a su alrededor y solo deseaba que uno de sus muros cayera sobre él y lo aplastara. Luego de saber la verdad, Matthew no dijo nada. Se quedó mirando un punto fijo y ya no le importó que hicieran con su móvil, lo que les daba la gana. Fue Leroy quien puso algo de orden las horas siguientes, ya después él salió de la clínica, pero Matt debió quedarse, al ser ese tipo especial de Alpha. Se le quebró el corazón al verlo así, no era propio de esa genética élite. A ellos no se les permitía sentirse inferiores, o tristes, o fracasados. Los Alphas solo debían sobresalir, mirar sobre el hombro, procrear seres humanos mejores. También vivían en la injusticia. Anna pudo visitarlo un poco después de la salida de Lu, que le dijo lo mal que se estaba sintiendo por haber lastimado a Aluna. También quiso el muchacho visitar a la joven y a Gino, no obstante, parecía muy pronto para que Alphas y omegas se vieran. Por ahora las clases estaban suspendidas y regresarían el lunes siguiente. —Matt… —dijo emocionada la hermanita que se parecía tanto a él. Sin embargo, él no respondió a ese entusiasmo y lo que vio la buena jovencita, fueron esos ojos perdidos, esa expresión desvinculada de la realidad, esa misma que tenía cuando se perdía en sexo y alcohol, esa misma que lo llevó al declive de su carrera. Anna sintió que un escalofrío le recorrió por completo, y tuvo que morderse los labios para no llorar frente a él. Ese era su hermano de años atrás, cuando no le importaba nada, donde su arrogancia lo llevó a quebrarlo en mil fragmentos que nunca pudieron recuperarse por completo. —No fue algo que hubieras querido hacer —susurró Anna, tomándolo de una mano. —Esa no es excusa. Yo hubiera podido luchar un poco más contra eso… pude haberla matado. —No se puede luchar contra algo así, Matti… no eras tú, fue ese monstruo que todos los Alphas llevamos dormido, que solo despierta cuando los malos lo provocan. El hombre levantó la mirada, eso era cierto, dentro de su ser había un monstruo, pero de eso no se hablaba, ni lo describían los bonitos libros de ciencias de la salud. Solo se decía, de manera superficial, que los Alphas en raras ocasiones, no podían controlarse al celo omega. Hacer mayor énfasis en eso, era solo crear un miedo, todavía más, innecesario. Matt salió con la ayuda de Anna, que llevaba otro bastón, porque el suyo no supo donde había quedado. Quizás dentro de poco no necesitara de uno, en el video en el que por poco viola y muerde a Gino, se notaba que se movía muy bien. Esa noche se acostó en su cama, no preguntó por nada ni por nadie. Anna se fue a su habitación, quiso vigilarlo, pero el sueño la venció. Cuando fue a buscarlo la mañana siguiente, él ya no estaba. De eso iban ya a pasar tres días. —Lu, ¿has sabido algo? —preguntó Anna, desesperada, ya había buscado y llamado a todos sus conocidos, y nadie daba razón de su hermano. —Lo siento, Anna, yo tampoco he tenido suerte —respondió Lu, desde la ciudad cercana al campus. Él pensó en ir a buscarlo a uno de los muchos bares de ahí. Decepcionado, Leroy regresaba esa noche a ponerse un poco al día, no podía faltar a clases más. Meditando por el camino de árboles, sintió ese aroma, ese dulce y cruel aroma de su destinado. El tema de Matt lo había tenido tan ocupado que había olvidado ese pequeño detalle. Caminó guiado por aquel olor y lo vio a lo lejos, solo. Ya, al parecer, se dirigía a su habitación cuando de repente se detuvo y volteó a ver directo a donde estaba Lu. El muchacho no supo qué hacer, se suponía que no debían estar cerca, no obstante, su pánico aumentó, cuando fue Gino el que empezó a caminar hacia él, visiblemente angustiado. —Ho-hola… —dijo el patinador, casi en un susurro. —¿Estás bien? Te golpearon muy fuerte —preguntó el muchacho, afectado al ver su rostro con algunas gasas y moretones. —Sí, gracias, estoy bien… ¿Y tú? —Algo asustado, no recuerdo nada, pero sé que tú sí saliste lastimado al ayudarme. Al igual que Aluna. Lo siento mucho. —¡No! —respondió Lu algo nervioso—. En ese momento, nadie podía razonar… Hubo un silencio incómodo, que ninguno sabía cómo romper. Era muy frustrante para el patinador tener esas ganas locas de abrazarlo y no poder hacerlo. —Lo siento mucho por Matt, él es un buen hombre y Aluna… lo quiere mucho. Hoy solo ha preguntado por él, quiere verlo, pero no responde sus mensajes. Dijo que va a hablar con Anna… —¿Aluna ya está bien? ¿Ya salió de la clínica? —Sí, no hubo nada de gravedad, por fortuna. ¿Sabes dónde está Matt? Matthew Siberan en ese momento estaba recostado en la barra de un bar de mala muerte, mirando a través de su vaso de escocés. Le gustaba hacer eso, porque el cristal le mostraba otra perspectiva, como la de un mundo paralelo. Había estado en ese sitio todas las noches que no había regresado a su departamento en el campus, y cuando lo sacaban de ahí, iba a dormir a un hotel pequeño, pero muy limpio. Él estaba perdido, cansado de creer que no tenía un propósito en el mundo, más que el de mejorar la r**a. Además, que por más que se esforzara siempre terminaba lastimando a alguien y esta vez tuvo que ser precisamente a esa niña de la que estaba tan enamorado. Eso no era lo correcto, se suponía que debía protegerla, no golpearla. Miraba sus manos sin creer cómo es que en lugar de acariciarla y recorrerlas con estas, la había casi ahorcado. —Aluna… —susurró, tragando un poco sus lágrimas. Un omega que esparcía su aroma a lujuria se sentó junto a él. Era un joven muchacho, que empezó a acariciarle los cabellos. Matt apenas si movió los ojos para verlo. Hermoso, como todos ellos. —Creo que necesitas desesperadamente consuelo… ¿Puedo ayudarte? El muchacho se inclinó hasta poder ver bien el rostro de Matt. Estaba fascinado con ese atractivo macho que quería entre las piernas. El patinador se incorporó con esa mirada vacía, apenas respondiendo a sus instintos primarios. —Cuánto… —No, no me confundas. Yo no trabajo en eso. Estudio en el campus, sé quién eres, y sé que tu hermana y tu amigo te buscan con desespero. Te vi anoche y pensé que, quizás, un buen rato te quite el pesar que llevas dentro. Matt sintió un remezón en su corazón, estaba otra vez causando problemas a otras personas. Aun así, en ese alcoholizado momento, no podía tomar decisiones, solo quería desfogarse un poco. —Está bien… vamos —respondió Matt, poniéndose en pie. —No, no irás con él a ningún lado. Tras ellos, una tercera voz hizo intervención, una que dejó privado a Matt. Era la última persona que esperaba que lo viera caer así de bajo. No pudo mover un músculo, su barbilla empezó a temblar, y apenas con la fuerza necesaria, al fin logró hablar. —Papá… Matt cerró los ojos, no podía verlo, el hombre que más amaba lo veía ahí, revolcándose en su miseria. No obstante, lo que hizo su padre, fue abrazarlo con todas las fuerzas que tenía. *** Fin capítulo 14
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