Caerum: el guardian de los secretos
Sinopsis
En el pequeño y hermético reino de Albania, Elara ha vivido siempre a la sombra de su hermana mayor, la perfecta y ambiciosa Isolde. Mientras Isolde se prepara para ser reina, Elara encuentra refugio en los brazos de Anton, su prometido y el único que parece verla de verdad.
Sin embargo, el velo cae tres días antes de la boda real: Elara descubre a Anton y a Isolde en un romance clandestino que lleva años gestándose. Humillada y con el corazón roto, Elara decide que no huirá; se quedará para destruir el legado de su hermana y la reputación de su amante. Pero sus planes de venganza se ven interrumpidos cuando conoce a Caerum, un joven de una belleza sobrenatural y modales de príncipe que aparece en los jardines reales. Caelum no solo conoce los secretos de la corte, sino que parece decidido a guiar a Elara hacia una redención que ella no pidió, obligándola a decidir si quiere quemar el reino o reinar sobre sus cenizas.
Prefacio
"Dicen que el amor es el cimiento de los grandes reinos, pero en Albania, el amor es el veneno que corre por las venas de los herederos. Me enseñaron a ser silenciosa, a ser la sombra que no molesta, la princesa que espera en el rincón. Esperé por una corona que no era mía y por un hombre que tampoco lo era. Pero el silencio tiene un límite, y cuando las sombras deciden hablar, lo hacen con el estruendo de una tormenta. Mi nombre es Elara, y esta es la crónica de cómo dejé de ser una víctima para convertirme en el incendio que lo consumió todo."
El Inicio
El aire de los jardines reales de Albania olía a jazmín y a una mentira dulce que Elara ya no podía tragar. Llevaba en sus manos el velo de encaje que debía usar el sábado, una pieza delicada que ahora sentía como una soga.
Se dirigía al invernadero para sorprender a Anton con una noticia, pero el silencio del pasillo fue interrumpido por un susurro que conocía demasiado bien. La risa de Isolde, cristalina y d*******e, se mezclaba con la voz grave de Anton.
—Solo tres días más, mi futura reina —decía él, con una urgencia que nunca había usado con Elara—. Después de que me case con ella, nadie sospechará que es a ti a quien busco en la oscuridad.
Elara se detuvo. El mundo no se detuvo, pero su corazón sí. A través del cristal empañado, vio el reflejo de la traición: el beso de su hermana y su prometido bajo la luz de la luna. En ese instante, la princesa escondida murió.
Salió corriendo hacia los límites del bosque del palacio, buscando aire, buscando una salida, cuando tropezó con una figura que emanaba una luz tenue en medio de la penumbra. Un hombre de ojos claros y porte noble la sostuvo antes de que cayera al suelo.
—La venganza es un plato que quema las manos de quien lo sirve, princesa —dijo el extraño con una voz que sonaba a música antigua.
Elara retrocedió, asustada. —¿Quién eres? ¿Un espía?
Él sonrió, y por un segundo, Elara creyó ver el destello de unas alas invisibles.
—Llámanme Caerum. Y no soy un espía, soy tu última oportunidad de no perder el alma en este castillo