Cuando Amanda y Anne regresaron a la mansión, había un camión de caudales en la entrada. Una custodia especial estaba bajando bolsas con dinero. Mientras algunos guardias ingresaban la fortuna en la residencia, otros metían los fajos de billetes en un bolso deportivo muy grande. La inspectora de Interpol hizo un gesto de desaprobación. Dicha disposición de entregar tan generosamente el dinero le daba mala espina. Tenía que convencerlos de que jugar pasivamente en este asunto iba a ser muy contraproducente. Llegó hasta la biblioteca en dónde Octavio supervisaba la llegada de la fortuna que estaba por ceder. Anne fue la primera en acercarse a él. — Inspectora Thomson, — dijo. — ¡qué bueno que te nos unes! Como podrás ver, ya tenemos el dinero y nos preparamos para la entrega. — Me alegra

