Dieron las cinco de la mañana cuando Amanda llegó en un coche al depósito número veintitrés del puerto, en dónde se realizaría el intercambio con los secuestradores de Rodrigo. Llevaba un bolso deportivo de gran tamaño que contenía diez millones de dólares. También tenía el pendrive con la base de datos que era fundamental para los maleantes. La cita se concertó en un área abandonada, en dónde difícilmente se podría ver alguna actividad humana. Cumplían de este modo una de las demandas más importantes de los delincuentes. Se estacionó frente a una reja que daba a la entrada a un predio, que había estado activo en otros tiempos. Bajó del vehículo y se sentó en el capó a esperar. No transcurrieron ni diez minutos, cuando desde el fondo de una calle vio venir una camioneta que llegó hasta

