Narra Luna.
No puedo creerlo, ella no es real, tal vez solo sea una terrible pesadilla, como va a ser posible que ella está aquí, ella murió, mejor dicho, ella se suicidó.
—Tienes que ayudarme —Dijo Madison.
—No, yo no sé, tú no estás aquí, tú estás muerta.
—Si estoy muerta, pero hasta que no encuentre a quienes me asesinaron no podré estar en paz.
—Está bien, te voy ayudar, pero ¿Qué quieres que haga? —Pregunte.
—Tienes que averiguar quién me asesinó, si no lo haces todos pagaran —Dijo Madison para luego desaparecer en la oscuridad de mi habitación.
No puede ser, ¿por qué me pasa a mí? Ni siquiera me dijo algo que pueda ayudarme,
Yo no podré averiguar eso, aunque tengo que intentarlo.
Esa noche no pude cerrar los ojos, estoy tan aterrada por la aparición de Madison.
¿Y si ella me mata a mi primero por no encontrar a sus asesinos? No ella no haría eso, yo le daré mi ayuda.
Rápido pasaron las horas, cuando ya eran las 6 de la mañana me levanté y me di una ducha, me aliste para la escuela y me fui.
De camino a la escuela, yo siempre paso por mi amiga Milena para irnos juntas.
Llegue a casa de Milena, ella salió rápido, no sabía si contarle lo que me había sucedido.
—Amiga, ¿Te pasa algo? —Pregunto Milena.
—No, todo bien —Dije un poco incómoda.
—Te conozco, Luna dime que sucede —Exigió Milena.
—Creo que estoy loca —Grite.
—¿Que? ¿Por qué dices eso? —Pregunto.
—¿Recuerdas a Madison? —Pregunte y Milena sólo accedió con la cabeza —Bueno ella se apareció en mi casa anoche, me pidió que la ayudará a buscar a los que la mataron.
—No manches sí que estás loca, esa chica se suicidó —Dijo Milena con toda seguridad.
—¿Tú crees? —Pregunte.
—Claro que si, tal vez solo fue una pesadilla, solo ignorarlo, verás que nada va a pasar.
Creo que Milena tiene razón, las pesadillas a veces pueden ser muy reales.
Al llegar a la escuela, teníamos que dirigirnos al teatro, bueno eso es obvio por qué estudiamos actuación, nuestra clase nunca está en aulas normales, siempre estamos en el teatro.
Entramos al teatro y ya estaba la mayoría de la clase.
—Buenos días —Dije mientras pasaba por el pasillo donde estaban los asientos.
Muchos de mis compañeros contestaron amablemente, pero otros solo se quedaron callados.
—La clase comienza en 10 minutos, los que no estudiaron el libreto para la obra de Halloween, por favor estúdienlo o quedarán fuera —Dijo el profesor.
En esta ocasión yo obtuve un papel pequeño, solo aparezco 20 minutos de la obra por lo cual mis líneas eran pocas y me las aprendí fácil.
La clase comenzó y empezamos a ensayar, mi participación fue pequeña, me retire para estar detrás del telón.
El profesor es un gran director, él nos enseña de todo, solo faltan tres semanas para el estreno de la obra y ya casi está perfecta.
Observe que el profesor mandó a Manuel al sótano de teatro, creo que ira a revisar si aún hay sangre falsa para la obra, con todos los ensayos ya casi se termina.
Manuel se acercó a mí y me pidió que lo acompañara.
Me dispuse a seguirlo, a mí también me daría miedo venir aquí, está muy oscuro todo.
—Veo que ya te sabes todo —Mencionó Manuel.
—Sí, es muy fácil aprender algo que está muy corto —Dije riendo.
—Puedes pasarme esa caja de ahí —Dijo Manuel señalando una esquina llena de cajas.
—Claro —Dije.
Camine hacia la caja, la cargue y no estaba pesada, la abrí y en ella había una rata, rápido solté la caja y comencé a gritar como loca.
—¿Estas bien? —Preguntó Manuel.
—Sí, solo era una estúpida rata que se atravesó en mi camino —Dije muy apenada.
Manuel regresó a donde estaban las cajas de sangre.
Cuando iba caminando hacia él, unas horas de sangre cayeron a mi rostro.
—Manuel esto no es gracioso —Dije molesta.
La sangre empezó a llegar hasta mis pies.
—¿Estas bien?
Manuel se dio la vuelta y solo había reventado una bolsa de sangre.
—Casi me matas del susto —Dije molesta.
—Lo siento —Dijo Manuel riéndose.
Comencé a caminar a la puerta del sótano, cuando un grito de Manuel me hizo voltear de inmediato.
—¿Manuel?
Camine hacia él, ahora se encontraba tirado en el piso.
—Manuel, no es gracioso —Dije.
—Te parece gracioso no ayudarme —Escuche que dijeron desde la oscuridad.
—¿Madison? —Pregunte muy asustada.
Ella se acerca un poco más a mí, ella estaba sosteniendo un martillo.
—No lo hagas, prometo ayudarte —Dije.
—Lo siento, tengo que hacerlo, yo te lo advertí —Dijo y comenzó a golpear la cara de Manuel con el martilloCa