Dainan no ha traído comida y estoy deprimiéndome, por suerte me han dado una bolsa de maní y unos cuantos traguitos de coca cola. No creí que el clase turista fuese de esta manera, lo peor es que no hay mucha comida y este viaje para largo, Labrador ha pasado las primeras horas leyendo un libro y yo me estoy deprimiendo. Y falta unas... mil horas para llegar, saben hay una diferencia horaria de once horas, hay una distancia de aproximadamente 14000 km, ¿Qué hago ahora? Ni siquiera tengo sueño y no puedo hablar con Dainan porque nos separa un asiento. La vida es tan cruel, jugueteo con mi móvil pero no puedo hacer mucho parece que en clase turista no puedes utilizar el internet o eso es lo que me ha dicho Iason.
¿Labrador Iason o Iason Labrador? Ambos nombres son iguales y entiendo perfectamente por qué Labrador le resulta molesto, mis amigos no dejan de compararlo con una r**a canina que ni al caso. Me gusta el nombre, podría casarme con su nombre. Del nombre, no de el porque es un canijin, me ha ignorado todo el rato. Dainan me vuelve a ver, ni siquiera he podido hacerle bromas pero el si hace muecas para hacerme reír, Labrador me vuelve a ver desinteresado. Que tipo.
No quiero que Labrador sepa que es mi guardaespaldas, realmente no ha sido detenido por comida, sino que tuvo que cambiar su boleto a última hora. Me estaba preguntando todo el camino por que Labrador no me había dicho que viajaríamos en turista, tuve que preguntarle para que me respondiera. El hecho me desconcertó ¿Cuál era el propósito? ¿Hacerme sentir mal? Oye, es solo un avión, no es necesario que tenga unos cuantos asientos y mesas con comida para el momento que la desees... no, pensándolo bien lo último si es importante. En fin, eso solo me ha hecho pensar que Labrador quiere hacerme "sufrir" de alguna manera.
-Ey, ¿tienes comida?- le pregunto a un chico que va en el primer asiento del otro extremo. La resaca de esta mañana me ha dejado hambrienta, cuando llegue a Alemania una de las primeras cosas que hare es hacer ejercicio. El chico me mira y sonríe coqueto, que lindo pero eres muy joven.
-Si tengo, solo son algunos snacks.- me muestra su mochila. Tiene con especies, mis favoritas. -¿Qué me darás por ellos?- pregunta. No tengo dinero, tendré que pedirle a Iason, vuelvo a verle y sí que va muy concentrado en su librito, le pediré dinero para pagarlos pero no creo que me haga caso. Dainan me mira y levanta las cejas, le pregunto si lleva dinero y niega. Somos pobres.
-¿Qué es lo que quieres? No tengo dinero conmigo, tendrá que ser con otra cosa.- el chico niega, creo que tengo goma de mascar en mi mochila. El chico se acomoda el cabello en un gesto que según él es sensual, es un niño lindo.
-Tengamos una cita cuando bajemos del avión.- me guiña un ojo. Es guapo pero creo que está muy joven ¿Qué edad tiene? ¿Catorce?
-¿Qué edad tienes?- pregunto. El chico abre los ojos y parece pensarlo.
-Tengo veintitrés.- me dan ganas de reír, este niño tendrá sus quince lo mucho. –Soy lo suficiente grande para ti, nena.- me dice, sus ojitos brillan coquetos. Me siento pedófila.
-No es necesario, te daré dinero por ellos.- la voz de Labrador retumba en mi oído. Diablos. Vuelvo a verle y me está mirando furioso. j***r. Este tipo tiene mal carácter. -¿Cuánto quieres por ellos?- pregunta, su voz es un dilema. El chico le mira intimidado.
-No es nada se los daré, puedo compartirlos solo quería tener una cita con una chica tan linda. Eres muy bonita.- suspira, me casaría con él.
-Ay, qué lindo, muchas gracias pero soy mayor para ti.- escucho un gruñido de Iason. Hay que calmar a la fiera porque luego me castigan, ahora llevamos todo en paz así que hay que mejorar la situación. –Eres un chico lindo pero no puedo salir contigo, el hombre aquí es mi pareja y es muy celoso.- como Labrador está cerca de mi le toco la cara y le acaricio la mejilla cariñosamente, le miro y su mirada es de un gato agresivo (un gato muy grande). ¿Quiere que me deshaga de él o no?
-Oh, yo lo siento, es solo que eres linda...- dice con tristeza. Mi corazón no resiste. Me entrega una bolsa de Lays con especies y yo me enamoro de inmediato. –Espero que te gusten y compártelas con tu novio.- vuelvo a ver a Iason que rueda los ojos. Me acerco a su oído.
-¿Puedo darle un beso chiquito?- susurro en su oído. Inmediatamente niega. Lo hare de todos modos, preguntaba por compromiso. –Ven aquí te daré un beso pequeño.- llamo al chico, este me mira expectante. Iason pone su mano en mi pierna y yo lo ignoro, ey, es mi niñera no mi padre.
-Se enojara tu novio.- se acerca lentamente. El chico es muy lindo, es en serio. –No tienes que hacerlo, en serio, no quiero que tengas problemas.- me acero a él y le doy un beso en la mejilla.
-Gracias por las papitas.- el chico abre la boca. Le guiño un ojo y el asiente anonadado. Si, lo sé, soy genial.
Me acomodo en mi asiento y cojo la bolsa, ahora que te tengo soy feliz, ahora que estás conmigo te amare... ay, qué bonito recito. Siento un espectro del demonio a mi lado, lo ignoro y cojo unas cuantas papitas y las pongo en mi boca. uau. Ricas. El espectro sigue a mi lado, vuelvo a verle. Está mirándome furioso, que amargado, a Iason nada lo alegra.
-¿Quieres?- le ofrezco una papita. Me ignora y vuelve la vista a su libro. Dainan me vuelve a ver. -¿Quiere una papa, señor Larusse?- pregunto. Ay, quisiera ir sentada a su lado tal vez él no me ignoraría como lo hace Labrador.
-Me encantaría señorita Alderweireld.- Labrador gruñe algo en alemán que no logro entender. Le doy la bolsa a Dainan y después de agarrar unas cuantas me las devuelve.
El viaje es más aburrido de lo pensé. No quiero quejarme en que es aburrido, de este lado del avión se siente mucha turbulencia, no me quejare, esto es interesante pero no tener alguien con quien hablar me está desesperando, ¿Por qué Labrador no quiere relacionarse conmigo? ¿Por qué le desagrado si soy genial? Espero que pueda cambiar, el me agrada pero de verdad quiero que cambie un poco esa actitud conmigo.
Establezco conversación con algunos pasajeros, no puedo creer que Labrador pase todo el rato leyendo ese libro, si le pregunto de qué trata podría dormirme. Le observo por un rato, su perfil es perfecto, su cabello es bonito y su barba de días es sexy. Me gustaría trazar la línea de su mandíbula. Y sus labios, vaya que quiero besarlo desde que le conocí... ayer. Lo miro con intensidad esperando que me vuelva a ver. No lo hace así que me resigno.
-¿Me cuentas de que trata el libro?- pregunto con toda la amabilidad, tranquilidad y cariño que puedo. No me vale de nada.
-No te gustara.- responde sin siquiera volver a verme. Este hombre es difícil.
-Me puedes contar de todas maneras, voy a escucharte y entenderte.- le digo. Cambia la página y no me mira ni por un segundo.
-No lo creo.- responde. Esa voz ronca y profunda me cabrea. Resoplo. Labrador es muy difícil de tratar.
-Iré al baño.- asiente. Me levanto, vuelvo a ver a Dainan. Le hago una señal de que vaya conmigo pero niega y me señala a Labrador. Me resigno y comienzo a caminar hasta el baño, creo que es el baño pero no estoy segura. Saludo a algunos en el camino y me siento levemente tímida.
Deslizo la puerta hacia la izquierda y esta se abre, es un baño pequeño. No es por nada pero me gusta este avión, hasta ahora de lo único que me puedo quejar es de la comida. Entro al baño, que es muy pequeño, y hago pis, no es por nada pero llevaba rato aguantándome y me negaba a ir porque veía mucha distancia entre nosotros. Este baño es muy diferente al avión de nuestra familia, aquí siento que si doy la vuelta me golpeo con la puerta.
Me tardo un poco viendo un papel de turismo pegado en la puerta, habla de un lugar llamado Cap San Diego, está ubicado en el museo de los barcos o eso es lo que creo, no entiendo muy bien el significado de esa palabra. Deberé visitarle un día con los chicos. Cuando salgo me encuentro con la espalda enorme de un hombre. Me vuelve a ver en cuanto salgo, uau, que guapo es el hombre. Que suerte tengo yo al encontrar hombres atractivos por aquí. Le sonrío de inmediato y el hace lo mismo. El viaje va mejorando poco a poco.
-Hola señorita.- me dice con un acento muy sexy, creo que es italiano. Es alto, cabello oscuro, ojos marrones y un buen cuerpo cubierto por un traje de piloto muy bonito ¿puedo pedir más? Yo creo que no.
-Hola, señorito.- respondo con cierto coqueteo. Él se ríe.
El avión se tambalea y yo pierdo el equilibrio, me sostiene antes de que pueda golpearme con la pared del avión. j***r. Esto tiene que ser amor o no tengo idea. Me mira directamente y sus ojos son chispeantes.
-¿Está bien señorita?- que brazotes. Me incorporo y no suelta mí brazo. -¿Se ha lastimado alguna parte? Las turbulencias pueden ser inoportunas.- me dice, vale, Nicci no te alteres has prometido comportarte.
-Estoy bien, muchas gracias y si, es mi primera vez viajando...- me detengo y lo pienso. –Es mi primera vez viajando tan lejos de casa así que siento hasta dolor de cabeza- miento. No puedo decir que es mi primera vez viajando en un avión comercial, eso sería muy sospechoso.
-Espero que el viaje no le esté desagradando, somos la mejor aerolínea.- si, su traje me llama la atención. Que guapo se ve con el puesto.
-En lo absoluto, solo es un poco aburrido estando ahí sin nadie con quien hablar.- le digo, me mira con una sonrisa esplendida. –Y creo que tengo que regresar a mi asiento.- voy a marcharme, Labrador podría cabrearse o algo ya saben que es algo raro.
-No, espera, soy Abelarde Montriel, soy italiano.- me sujeta el brazo y seguido sujeta mi mano.
-Nicci Alderweireld. Australiana.- me presento, no le beso la mejilla porque después se confunden y esta vez quiero portarme bien. No suelta mi mano. Quiero mi mano de regreso.
-Si quieres puedo mostrarte la cabina... ya sabes, soy el asistente de los pilotos.- su sonrisa es iluminadora. Me hago la que no sabe si ir o no. –Confía en mí, estas aburrida ahí y dices que te duele la cabeza, ¿te gustaría ver el cielo desde primera fila?- ya lo he visto antes y no lo sé, si quiero pero no lo sé.
-Nicci.- maldición. Vuelvo a ver hacia el otro lado. Labrador Vetra y su cara de amargura está ahí. Definitivamente me iré a la cabina después de todo Labrador ni siquiera cuenta cuentos.
-Oh, lo siento, no creí que tendrías novio.- el piloto me suelta, no.
-Oh no, ¿el mi novio? No tiene tanta suerte, es mi hermano mayor y es un aburrido así que si acepto ir contigo.- vuelvo a ver a Labrador y con los ojos le pido que se vaya pero no lo hacer, es más, me mira con tanto enojo y desconcierto que me termina haciendo suspirar. No lo entiendo, ni siquiera nos conocemos del todo y me trata como si fuera no sé qué.
-En ese caso vámonos ahora mismo.- el piloto me da una amplia sonrisa, que guapo es el muchacho. Asiento de la misma manera. Me casare con un piloto, siempre fue mi sueño. Me ofrece el brazo y yo lo acepto. Comienzo a caminar con él y paso de largo a Labrador, siento sus malas vibras pero decido ignorarlo.
-Te veo en un ratito, hermanito.- le guiño un ojo, oh vamos, estoy aquí coqueteando con el muchacho ¿podría ser menos Frozen? Su mirada es hiriente, asesina, intensa, no podría siquiera explicarlo. Weirdo.
Camino con el señor guapo hasta la cabina, sus compañeros me miran extrañados y al principio tengo problemas con el piloto pero inmediatamente lo pongo quieto, parece que es prohibido traer pasajeros aqui. Mira chico, tu compañero aquí está tratando de acortejarme, por favor compórtate. Los dos señores son muy amables, y crean, las azafatas me miraron con cierto odio y recelo ¿Qué? Ni siquiera volveré a ver a este hombre después de esto, así que tranquilas, relajadas que aquí no pasa nada.
Ya había estado antes en la cabina de un avión y se algunas cosas pero dejo que el chico piloto y sus compañero me den algunas clases, nunca está de más tal vez un día mi padre se decida por el avión. Todos en nuestra vida necesitamos un avión para transportarnos, ni modo que me salgan alas para volver por mí misma... aunque sería genial.
-Dime preciosa, ¿ha que te dedicas?- me he sentado en el asiento del asistente de piloto, genial, me siento con el poder de pilotar un avión. Él está a unos centímetros de mí. -¿Eres modelo?- pregunta con cierta fascinación, el hombre es guapo, en serio.
-No soy modelo, no creo dar el ancho en eso.- mis problemas de autoestima otra vez. -Estudio Marketing Digital & Social Media.- me mira sorprendido y creo que hasta abre la oca –Voy de intercambio a Alemania para estudiar un año de comunicaciones empresariales y relaciones públicas.- abre los ojos aún más, si bueno todos piensan que estudio comunicaciones pero la verdad es que no, si está relacionado pero es una materia diferente. Mis amigos también estudian diferentes carreras pero Adonii y yo venimos por esta especialización, Darel y Miki vienen por Derecho y Empresa. Eh, los amigos van juntos a todos lados ¿cierto?
-Uau. Eres una chica lista.- me dice. No sé si decirle que he sacado educación media en economía pública. No creo que sea necesario. –Alguien tan inteligente y hermosa como tú debe tener a alguien especial a su lado.- sí, mi padre pero no creo que este refiriéndose a eso.
-De hecho tengo una muy mala suerte en el amor.- suspiro. Ni siquiera recuerdo cuando fue mi última relación larga, ni me acuerdo con quien fue, Alex creo. El sujeta mi mano y la acaricia.
-Pobre chica.- se acerca a mí. Creo que quiere besarme. –No creo que tengas tan mala suerte, cualquier hombre podría caer por ti.- lo sé, pero no es tan fácil que yo lo acepte. Creo que tengo serios problemas de autoestima.
Continuamos hablando por quizás una hora, por lo menos no me he aburrido tanto como estando a la par de Labrador, me ha contado de su trabajo y me dice que ha estado en varios países, evito decir que yo también. Me hace contarle de mi vida pero evito detalles importantes. Sus compañeros pilotos me cuentan una que otra anécdota y yo me distraigo escuchándolos, en serio necesitaba esto para no deprimirme sentada ahí adentro.
Cuando ya se me ha pasado el tiempo me decido por volver a mi asiento, con lo poco que conozco a Labrador sé que estará molesto a estas horas, creo que he estado aquí por dos horas o más. Si él hubiese hablado conmigo yo no estuviera de metida aquí, aunque el hombre que me acompaña sea tan atractivo. Pero igual, tengo que ir a verle. Esa carta blanca conmigo me sigue tensando.
-Tengo que volver a mi asiento ahora.- le digo. Él se pone de pie y asiente. Creo que nos hemos llevado bien. Lástima que lo nuestro no pueda ser.
-Te veré cuando aterricemos.- asiento, no sé si pueda verle pero igual. Saca la tarjeta de su bolsillo y me la da, la leo rápidamente. –Por si no podemos vernos, llámame en cualquier momento.- me guiña un ojo. Oh, qué lindo, es su información y contactos. No la perderé.
Salgo de la cabina tras despedirme de los pilotos que me hacen mucho cariño, también muchos halagos. Qué bonita es la gente. Me gustaría que nuestros pilotos fuesen así de carismáticos, la mayoría son ex militares traumados y amargados. Les doy un beso en la mejilla a todos, son muy amigables.
Camino hasta llegar a mi asiento, Dainan me mira y yo sonrío haciéndole saber que todo va bien. Creo que es el único interesado por mí en este momento, Labrador ni cuenta que he regresado, si no me hubiese visto en el baño seguramente ni se hubiera dado cuenta que no estaba. Me siento en mi lugar y me ignora con toda la solemnidad del mundo. Solo de guapo.
-Tengo sueño, dormiré un rato.- le informo. No me mira, ya no está leyendo nada pero sigue sin siquiera verme. Que pesado es, en serio, que tipo tan aguafiestas.
-Como quieras.- responde a secas. Uff, el carácter de este hombre es difícil.
Guardo la tarjeta de Abelarde en la bolsita de mi chaqueta. Cierro los ojos y me acomodo para poder dormir, saco mi reproductor y me pongo los auriculares, que sobresalen mucho pero ni modo, fue un regalo. Pongo la lista mundial y me encierro en la música dejándome llevar, estoy a unas cuantas horas de pisar tierras alemanas con el tipo más estirado que he conocido. Me acomodo pero no me puedo dormir, finalmente siento la mirada de Labrador sobre mí y sin siquiera abrir los ojos sé que me está mirando con fuego en los ojos.
-¿Quién era ese hombre?- me pregunta. Abro los ojos y le vuelvo a ver. En efecto, me está mirando y su mirada sombría arde.
-Su nombre es Abelarde Montriel, es asistente de piloto y es un encanto de hombre, lo más sexy es que es italiano ¿lo creer? Tiene un acento precioso, me ha gustado mucho hablar con el.- su mirada es enigma, me mira y su expresión me perturba.
-¿Qué es esa tarjeta?- me señala la bolsa. Saco la tarjeta y se la muestro.
-Me ha dado su número, me ha dicho que le puedo llamar en cuenta quiera.- sonrío emocionada. Hasta ganas de contratarle me han dado.
-¿Lo harás?- pregunta.
-¿Por qué no? ¿Le has visto con traje de piloto? Dios mío he tenido ganas de pedirle matrimonio, creo que nunca había visto a un hombre de uniforme tan guapo.- la idea de ver a Iason con uniforme de medico vuelve. Se ha de ver muy sexy.
-No le he visto nada de especial.- responde, me entrega la tarjeta y la vuelvo a guardar.
-Señor Vetra ya quiero verle con uniforme de médico, apuesto a que se ha de ver muy atractivo.- me acerco a él y retrocede, creo que se ha sorprendido por lo que acabo de decirle. No me importa, la verdad es la verdad.
-Creí que iba a dormir.- dice con voz profunda. Desvía la mirada, me acomodo otra vez. –Si tienes sueño duerme, faltan unas horas para llegar.- su voz me gusta. Lo guapo de Labrador es su voz, es ronca pero no tosca, es profunda pero no intimidante. Es la clase de voz que hace a un hombre sensual en algunos aspectos.
-Entonces no me interrumpa cuando estoy a punto de hacerlo.- digo y cierro los ojos. –Me despiertas, y si no quiero despertar di algo relacionado con comida y mi estómago me despertara de inmediato.-
-Está bien.- responde.
Dicho y hecho cierro los ojos y me dispongo a dormir. Tengo sueño y tiempo, creo que faltan aproximadamente unas... quince mil horas, Dios, que lejos está Alemania de casa.