Me despierto por la voz de Labrador acechando mis sueños, estaba soñando con algo bonito y lo ha arruinado, que molesto e inoportuno es el guapo. Me niego a abrir los ojos, me acomodo en el asiento y me hago un gusanito en el agh, tengo mucho sueño y este asiento está cómodo, este viaje es muy cansado. Imposible. Labrador está gruñéndome al oído, la voz es guapa pero, que deje en paz a los pobre de sueño.
-Mmm... cállate.- gruño. Su mano llega a mis ojos y los abre. –Labrador... aléjate... vete a tu cama.- gruño. Que pesado.
-Estamos en un avión.- me encojo de hombros y trato de seguir durmiendo. -Nicci despierta ya, estamos por aterrizar y tienes que ponerte el cinturón.- asiento sin entender lo que dice. Que tipo para fastidiar. –Nicci ¿quieres esta dona que tengo aquí?- mi estómago se despierta y yo también.
-Donaaaaa...- me incorporo. No tengo fondo, creo que aún es efecto del licor. Abro los ojos y me lo encuentro observándome con seriedad. -¿Mi dona?- pregunto, mi sonrisa debe de ser iluminadora. El solo rueda los ojos y se aguanta una sonrisa, yo lo sé.
-Siéntate bien y ponte el cinturón, estamos por aterrizar.- se acomoda en su asiento y comienza a ponerse el cinturón.
-¿Me has engañado para despertarme?- pregunto.
-Si.- responde a secas. Mi corazón es frágil.
-Me lastimas.- me ignora.
Me cabreo con él por herir mis sentimientos de esa manera, me pongo el cinturón y me arreglo el cabello, que veo en el espejo, que guapa soy. Cuando bajemos le pediré que me haga una trenza, me gustó mucho la de aquel día y quiero que lo vuelva a hacer, yo nunca he podido hacer trenzas y estoy segura que nunca podre. Soy inútil. Lamentablemente inútil.
He dormido por mucho tiempo. Vuelvo a ver por la ventana y ya puedo ver las tierras alemanas. Que emoción. Vida nueva en Alemania y será magnifico, muero por ver todos los lugares, visitar los restaurantes y sobre todo conocer el lugar donde estudiare. Tengo muchas expectativas en este lugar, espero que Labrador no se interponga en mis planes porque sería una lástima no llevarme bien con él y tener que abandonarlo. Hasta este momento creo que nos llevamos bien (Ha, si claro) como sea, creo que le gusto.
Nos anuncian que en efecto son las nueve de la mañana con veinte minutos, ha sido un vuelo muy largo pero ha sido entretenido después de todo. El avión comienza a descender, aunque voy lejos de la ventana Dainan se hace a un lado para que yo pueda ver y Labrador se hace hacia el otro lado para que yo no pueda ver. Raro. Cuando el avión toca tierra siento un cosquilleo extraño en el estómago, quizá me estoy poniendo nerviosa.
Cinco minutos tienen que pasar desde que el avión se ha detenido, respiro profundamente y me desabrocho el cinturón. Estoy muy emocionada y no sé por qué. Me levanto rápidamente y me estiro, me alegro mucho, estoy muy alegre. Me giro hacia Labrador que siempre manteniendo la seriedad conmigo, ruedo los ojos, vamos Labrador cambia esa actitud o pensare que tu nombre te sienta perfecto.
-¡Hemos llegado!- digo, me tiro a él y lo abrazo. No me corresponde el abrazo pero no me importa. -¡Dainan hemos llegado!- me alejo de Labrador y abrazo a Dainan que me lo devuelve de inmediato.
-Así es señorita Alderweireld, espero que disfrute este viaje.- asiento, claro que lo hare. Labrador hace algo amable por mí y baja mi mochila para entregármela. Guapo cuando quiere.
-Gracias.- la tomo y me la coloco rápidamente.
Padre ha dicho que no debo perderla, que no debo dejarla en cualquier lugar y sobre todo que no debo dejar que la roben. No sé qué demonios estaba pensando Louis al poner todas esas cosas en mi bolsa, los regalos de los chicos estaban bien pero ha puesto la tarjeta que me dio Kolet, unas perlas que me dieron, unas gargantillas con diamantes pequeños, y la chequera, ah, y unas tarjetas de emergencia. Lo que me ha costado que me las pasaran en revisión, por suerte Dainan ya había arreglado el asunto antes de que Labrador y yo pasáramos por ello.
Camino delante y me acerco hacia la salida. Labrador me sigue y amablemente me ayuda a bajar, vaya, es buena onda cuando quiere. Lo primero que siento es el clima de la mañana, uau, me sorprendo, es un clima cálido, siento una brisa mover mi cabello. Muy pero muy diferente a Camberra y toda Australia, creí que sería igual de caliente pero en realidad no es lo mismo.
-Bienvenida a Alemania.- el piloto está ahí esperando que todos viajen. Me detengo al verle.
-Muchas gracias por el viaje y por lo demás.- evito darle un abrazo porque no sé si le reñirían, ah y porque siento las malas vibras de Labrador.
-Ha sido un placer señorita Alderweireld.- me da la mano y suavemente dice. –No olvides llamarme.- me guiña un ojo.
-Primer día y ya estás haciendo amiguitos.- dice con un amargura.
-Primer día y no cambia su mala actitud señor Vetra, le recomiendo comer dulces.- yo y mi bocota, me mira con todo el odio del mundo y yo creo que me enamoro.
-Vámonos.- me pasa de largo, me encojo de hombros. Vuelvo la mirada hacia atrás y me despido otra vez del piloto. Que guapo el hombre, creo que me enamore. Me hace una señal de que lo llame por teléfono y yo asiento. Me toco el bolsillo, que raro, meto la mano y no hay nada. Frunzo el ceño. En qué momento la perdí, he estado dormida todo el tiempo, ¿me habré movido mucho?
-Labrador ¿has visto una tarjeta que puse en mi bolsillo?- el me vuelve a ver sin expresión. Niega. Vuelvo la mirada hacia atrás y Dainan me sigue de cerca. –Era el número del piloto, quería llamarle alguna vez.- digo entristeciéndome. Él no me presta atención, ha sacado su móvil y parece cabrearse al leer algo.
Caminamos lentamente y yo comienzo a ver por todos lados, nunca había visitado Hamburgo. Ahora supongo que iremos a casa y después podre salir, mis amigos vienen hasta dentro de dos días así que no puedo hacer mucho sola, tengo a Dainan pero no quiero que piensen que es mi guardaespaldas, tengo a Labrador, tal vez pueda pasar tiempo con él y conocernos mejor.
Entramos a la sala y yo me acerco más a Labrador, no quiero perderme de él o capaz me deja tirada, aunque ya tengo la dirección de su casa pero de igual manera no quiero arriesgarme. El lugar es muy grande, las salas están a medio llenas, pues claro es de mañana. El móvil de Labrador timbra y contesta de golpe. Me vuelve a ver pero como llevo los audífonos puestos creo que piensa que no escucho, la verdad es que no voy escuchando nada porque se ha descargado solo son ganas de llevar algo en los oídos.
-¿Qué quieres?- dice en alemán. Su tono de voz es peor de cuando me habla a mí. –No... te he dicho que no... estoy saliendo... lo entiendo pero no... no hagas esto más irritante de lo que ya es...- me vuelve a ver y yo sonrío como si no me enterara de lo que pasa. El me mira furioso. Bien, calmado que no es mi culpa que este ahí peleando. –Regina no quiero verte... olvídate ya de todo... si hay algo que quieras hablar háblalo con mi abogado, firma los malditos papeles, si no te interesa la vida que puedo darte entonces no me llames, no me busques.- dicho esto corta la llamada y yo tarareo una canción para que no note que estuve de metiche escuchando. Suelta unos cuantos improperios en un muy furioso y lindo alemán. Que le ha dicho, ¿Qué vida? Uau.
¿Era su esposa?
Si era ella parece que en verdad se están divorciando ¿para qué ocultarlo de mi persona y familia? ¿Matrimonio arreglado quiza? Camino tras de él y todo su cuerpo se ha tensado, está furioso y está demostrándolo, algo súper serio tuvo que haber pasado entre ellos y Labrador parece muy furioso por solo escuchar su nombre. Caminamos sin detenernos pero quiero ir al baño. Decido aguantar por el bien de estabilidad, no me resisto y tengo que decirle.
-Labrador.- le digo. El me mira furioso, vale, tranquilo.
-Te he dicho que no me llames de esa manera.- gruñe con furia. Uau. Que intenso.
-Necesito ir al baño.- digo con tranquilidad. Por el amor a todo, hemos estado tranquilos durante el baño, que no me haga comenzar a odiarlo ahora.
-No iras, nos vamos de aquí.- una mirada gélida, esa conversación lo ha puesto así de furioso y ahora está desquitando conmigo. Pues no le hare caso, quiero ir al baño y ya.
-Pero no aguantare.- le digo todavía con tranquilidad. En serio tengo que ir, si queremos evitar accidentes.
-No iras, vámonos ya, tienes que hacer lo que yo digo, entiéndelo.- me sujeta de la mano con fuerza. Un momentito por favor, se detiene señor ¿por favor? A mí no me trata así, primero porque no tenemos muy en claro por qué esta cabreado. Bien, si piensa que porque ya estamos aquí comenzare a hacer todo lo que me pide no, si lo hace de esa manera no lo hare.
-No estoy pidiendo permiso, estoy informando que necesito ir al baño.- me suelto de su agarre. Me mira con toda la rabia posible. El nombre le sienta perfecto, Labrador. Nos miramos por segundos interminables, me asesina con la mirada y yo hago lo mismo, si quiere pelea la tendrá, que cabron se comporta a veces.
-¡Iason! Cariño.- la mirada de Labrador se ensombrece y la desvía de inmediato hacia la voz. Yo hago lo mismo. –Iason, ¿Quién es esta mujer?- pregunta en un alemán muy tosco. Labrador se queda como una piedra y como si no pudiera hablar, ¿no le ha dicho que vengo? –Iason no me digas que es una de tus amantes, ¿me has cambiado tan rápido? Le informare a mi abogado de esto.- la mujer es morena, alta y cabello rojo teñido, no es por criticar pero ese color de labial no le queda para nada con su tono de piel.
-No es lo que piensas...- dice Labrador. Es estúpido o que, y esta mujer ¿está amenazándolo? Ahora entiendo el estrés.
-Que es... que vas de viaje como si nada pasara y regresas con una mujer.- Labrador no le dice nada, que idiota. Bien Nicci, ayúdale por esta vez.
-Señor muchísimas gracias por darme las direcciones, le dejo ahora, parece que tiene algo que arreglar.- digo en mi precioso inglés. Labrador me mira sin entender y yo ruedo los ojos. –Adiós, fue un placer conocerle, con sus direcciones creo que no me perderé y si lo hago, iré a la policía.- dicho esto me doy la vuelta y comienzo a caminar en otra dirección.
Saco mi móvil para pedirle a Dainan que me espere en la salida, creo que él tiene la dirección exacta de la casa de Vetra ¿debería ir allá o esperar que él me llame? Vuelvo la mirada hacia atrás para verle, ella parece estarle reclamando algo y el solo se queda en silencio, niega y le dice un par de cosas ¿está enamorado de ella? Me pregunto qué significaba eso de "Lo que yo puedo darte." ¿Se refería a algo económico? No lo creo y no importa, iré al baño.
Recorro los pasillos buscando los baños, por fin los encuentro. Entro al baño equivocado y unos cuantos hombres se cubren de inmediato, ha, tonta. Me disculpo y pregunto por el de mujeres, ellos amablemente me explican. Que lindos los alemanes.
-Que guapos todos.- les digo. Ellos me sonríen. –Muchas gracias.- me despido de ellos.
Dainan me espera en la salida junto a un taxi, milagro. Me mira extrañado y yo solo me encojo de hombros, no puedo decir nada porque no quiero que le diga nada a mis padres, a papa sobre todo. Subo al taxi y me recuesto, Dainan hace lo mismo y me ofrece su hombro para seguir durmiendo. Lo amo. Vuelvo a ver por la ventilla y veo a Labrador venir caminando con furia, teclea algo en su móvil pero la mujer que viene a su lado se lo arrebata, él se detiene y le mira furioso. Que amor tan salvaje el que tiene, yo quiero uno así, ha, divorcio a la primera semana.
-¿Quién es esa mujer?- pregunta Dainan. Me encojo de hombros.
-Creo que es la novia de Iason.- le digo, mi vista está en ellos. Que intenso todo.
-¿Por eso te ha enviado sola?- niego. La escena es perturbadora, ambos parecen estar gritándose y llaman la atención de los que pasan a su lado. Ella parece ser una mujer de esas que el dinero es todo, me pregunto si esto tiene que ver con... ah, no importa.
-No, la mujer le ha preguntado si soy amante, creo que Iason entro en pánico porque no sabía que decir, así que decidí fingir que no lo conocía.- explico, creo que fue lo mejor, si esa mujer se entera que viviré con él podría hacerle daño a Vetra, es decir si están divorciándose puede usarlo en su contra ¿cierto?
-Así como hiciste conmigo, sabes, el señor Vetra se va a enterar y luego tu estarás en problemas.- vuelvo a verle, Dainan es muy lindo. –Nicci sabes que no debes mentir, ya suficientemente grande es la mentira que tienes planeada con el resto de herederos.-
-No digas herederos, es inquietante.- le pido. El asiente. –Nadie se va a enterar de este plan si todos hacemos lo dicho, además ya quiero ir al supermercado.- la idea me emociona.
-Señorita su padre podría.- lo detengo de seguir. Las paranoias de mi padre son solo paranoias de mi padre. Aquí vengo a ser libre.
... ¡Libre soy! ¡Libre soy! ¡Y no puedo ocultarlo más!
Ha. Me pongo idiota.
Dainan me lleva hasta la dirección que mi padre le dio como residencia de Vetra. Me sorprendo al ver una casa grande. No es como la mía pero si es grande. No quiero vivir en semejante lugar, nadie creerá que soy común. Dainan no me quiere dejar sola esperándole pero yo no puedo arriesgarme a que Iason lo vea, a parte, algo me dice que cuando Labrador venga no estará tranquilo y yo no estaré muy dispuesta a seguirle el rollo.
-Dainan estaré bien, solo vete, hoy, mañana o cuando pueda te llamare para que me lleves a la casa. El señor Vetra ni nadie puede enterarse que esa casa es mía, y sobre todo que tú eres mi guardaespaldas y aún más que tengo dinero ¿entendido?- el asiente resignado.
-Por favor una emergencia llámame.- asiento. Le hago subir al taxi y yo me quedo una calle antes de la casa de Iason. Tengo que esperarle afuera porque no quiero que alguien me vea sospechosa.
Paso alrededor de dos horas esperándole. Mi móvil suena y es un número desconocido y es con el código de área de aquí, increíble recepción. Contesto interesada en quien es, si es Dainan colgare rápidamente.
-Holo.- digo fingiendo un acento sureño.
-¿En dónde estás?- pregunta, oh, es Labrador y está enojado. Que voz tan sexy, me siento masoquista. Te amarro a la cama, bebe.
-En tu casa, la dirección que le diste a mi padre.- se hace un silencio.
-No te acerques a esa casa, iré por ti ahora.- dice y cuelga. Frunzo el ceño. Que amable es, Dios mío, cada segundo que pasa me siento más enamorada.
–Estoy bien, no te preocupes no importa como he llegado aquí y si, gracias por pensar en mi para venir a traerme.- le digo al teléfono como si este estuviera escuchándome. –Ah, y no, no me acercare a tu casa no te preocupes, si, no estoy perfectamente bien. Eres tan gentil ¿Hambre? Sí, me encantaría algo de comer.- continúo mi letanía, o monologo.
Le espero por veinte minutos y por fin aparece luciendo una cara de pocos amigos, se baja del auto sin decir nada, coge mis maletas y las tira en el baúl (literal), para evitar riesgos me subo en la parte de atrás pero su imponente voz y sobre todo ese gruñidito de fiera no me deja.
-No soy tu chofer, sube adelante.- como una sumisa lo hago. Esta cabreadísimo, creo que siento hasta algo ardiente alrededor de él. –La próxima vez espera a que te diga algo, nunca vuelvas a irte de esa manera y sobre todo no vuelvas a hacer como que no me conoces, me ha cabreado.- dice tras cerrar su lado con un golpazo. Esta cabreado y ahora es mi culpa.
-Solo estaba ayudante, no es mi culpa que te quedaras sin siquiera poder hablar.- respondo, no crea que va a venir a cabrearme.
-No necesito tu ayuda.- responde con furia. Labrador Frozen ha vuelto.
-¿Por qué no cantas la canción de Frozen?- pregunto. El me vuelve a ver. –Let it go... Let it go... Can't hold you back anymore.- me rio, el solo niega y cierro la boca. Que pesado.
No le digo nada más y me pongo los audífonos para no escucharlo. Aprieta el volante con fuerza hasta el punto de hacer que sus nudillos se pongan blancos. Uau. Que le habrá pasado, ¿tendrá hijos? No importa, se ve que este hombre está apunto del colapso. Intenso. Labrador es intenso, pero me divierto.