11. Conmigo, estás segura.

1378 Palabras
El disparo dejó a los presentes aturdidos. Arthur se le quedó mirando a una Greta que con los labios ensangrentados, una velocidad bastante inusual logró salvarle el culo a Von Weber cuando la bala cayó al suelo. Von Weber se quedó perplejo, atónito. Sin poder creer que seguía entero, vivo. —¡Por favor, no lo haga!—suplicó Greta débil, con las piernas a punto de desmayar. —¡Te iba a violar!—habló con autoridad Schmidt frunciendo el ceño. —Por favor, déjelo ir, hágalo por mí—rogó apretando con fuerza la muñeca. Schmidt la miró tan vulnerable, tan débil, que tuvo ganas de tenerla entre sus brazos y protegerlas de ratas como Von Weber. Bufó, cerrando sus ojos para controlar los lazos de la ira que gobernaba cada músculo de su cuerpo. —Si vuelves a tocarla, te reviento el culo. Cuánto tres y ya no te veo—dijo guardando el arma. Su vista siguió con sigilo a Von Weber que con una reverencia corrió como un perro asustado. Greta le dió un agradecimiento con los ojos antes de desvanecerse en el suelo como un saco de papas. Arthur la cargó entre sus brazos para llevarla dentro de la casa. Percibió sus sollozos de cerca, su perfume dulzón, su cara pegada a su pecho cerca del corazón, y lo liviana y fácil que era acunarla como un bebé. —¡Benjamín!—sollozó muy bajito, sin embargo, el capitán logró escuchar a medida que caminaba directo a la casa. ¿Quien es Benjamin? ¿el esposo muerto? Apenas entró, Ana se asustó mucho al ver a Greta en esas condiciones, parecía haber tenido una pelea callejera lo bastante intensa para regresar hasta con la ropa rasgada. —¿Que pasó? ¿Que le pasó Arthur? —La llevaré a mi habitación. —Ella se está quedando en una habitación—Arthur abrió los ojos de sorpresa—.¿Cuál es? —La que está al lado de la mía. —Botoquin para limpiarle la herida, quizás té para que se calme. —Té no, agua—dijo Greta con la boca seca. Arthur la seguía teniendo en brazos cuando subió las escaleras, luego, a llevo a la alcoba y la acostó con sumo cuidado en la cama cubriendo su cuerpo con una corcha azul. Greta lo miró en lagrima, cuando su pulgar dibujo círculos en el labio herido, esos labios que hace varias semanas Arthur había disfrutado. —Capitan...—dijo corriendo las lágrimas por sus mejillas. —Chiiii... tranquila, estás bien... conmigo, estás segura—acarició su pelo con suavidad, y con la otra mano seco las lágrimas. —Gracias...—susurró Greta, tosiendo. —No te ves bien, llamaré a un médico —No es necesario capitán, solo estoy cansada. Arthur suspiro sin apartar su vista de esos ojos avellanas. Ambos se quedaron así unos minutos, enredándose en un juego de miradas peligrosas para los dos. El capitán acarició la mejilla de Greta con ganas de curarle ese labio roto con besos dulces. Evocó el recuerdo de como se habían besado en el despacho, del coqueteo y sonrió de medio lado dándole un beso suave en la frente. Greta cerró los ojos sintiendo esos labios carnosos en su frente. Ese beso no tenía nada lujurioso, solo protección, al menos así lo sintió y le gustó por una vez después de tanto tiempo sentirse protegida. —¡Greta!—escuchó la voz de Bruno asustada. Corriendo se posicionó al lado de su padre, sin apartar la mirada de la institutriz golpeada—. ¿Que paso? ¿estás bien? El capitán le puso la mano en el hombro. —Esta bien hijo. Solo tuvo un inconveniente, eso es todo. Bruno tomó la mano de Greta y ella le sonrió con ternura. —¡Estoy bien cariño! Ana llegó con un botiquín en las manos corriendo de manera atropellada mientras que la mucama tenía agua en una bandeja. —La ayudaré con ese labio—se sentó Ana en la cama tomando un pañuelo blanco y así limpiar la sangre, el capitán se quedó mirando con suma atencion el afecto que su hijo Bruno le había tomado a Greta en tan poco tiempo y en como su hermana Ana se preocupaba por ella. En ese momento su corazón latio con intensidad ante toda esa escena, y supo que Greta era especial. Arthur no creía en el destino, sin embargo, sacó conclusiones rápidas sobre la vida afirmando que el destino lo cruzó a estar con Greta. Ya es hora de olvidar y entregar mi corazón a alguien más. Olvidar a su antigua esposa, la madre de Bruno que yacia varios años muerta. —¡Ya está!—exclamó Ana—. Te buscaré un camisón para que esté cómoda—se alzó de la cama buscando entre el armario, le había prestado uno durante las noches que se quedó en la casa. Miró a Arthur y a Bruno—. Salgan, va a cambiarse de ropa. —¿Y eso que?—contestó Arthur. Ana le puso mala cara—. Bueno. Ya voy—bufó, saliendo de la alcoba a regañadientes. Arthur se sentó en las escaleras, Bruno a su lado en silencio, en uno que separaba a padre e hijo. Parecía que entre los dos hubiera una montaña enorme a pesar de tener un vínculo cercano y compartir la misma sangre. —¿Estás bien? Bruno asintió con la cabeza gacha. —¿Preocupado? Asintió. —Greta estará bien. El niño alzó la cabeza con sus ojos cubiertos de lágrimas. —¿L-lo pro-prometes? no quiero perder a mi amiga Esa últimas palabras dejaron maravillados al capitán, se había imaginado que se tenían cariño, pero no tanto como para que su hijo tuviera miedo. —¿La quieres? Bruno asintió. —M-Me recuerda a- aaaa- mi mamá. El padre abrazó a su hijo pegándole a su pecho. —Quizas sea tú mamá. El niño abrió los ojos de par en par. —¿Enserio? —Puede ser... pero para eso necesito tú ayuda Sonrió, su boca pequeña se ensanchó. —¿Cómo padre? —Contandome todo de ella, cuidandola cuando no esté en casa y... si me acepta, ella pudiera vivir definitivo con nosotros. Volvió a sonreír. —¿La quieres papá? ¿La quiero? si, no, si, no. La deseo, si. Me excita, también... No dijo nada, solo se le quedó mirando a su hijo preguntándose lo mismo. —¿Entonces, esas son tus intenciones con Greta?—se sentó a su lado Ana. Arthur tragó saliva. —Creo que es evidente que me gusta. —A ti te gustan todas Arthur. Su hermano la miró con mala cara. —Es una realidad. Greta es muy buena para que le hagas daño. —No le haré daño. No busco eso. —¿Entonces que buscas?—presionó Ana. —Busco que sea la madre de Bruno. Ana se echó a reír —Eso esta bien, por primera vez estás pensando en tu hijo, solo que....el lugar de Corina nadie podrá reemplazarlo, sin embargo, te recuerdo que Greta al estar aquí no significa que te quiera, o te ame, o este loca por ti. Tus encantos creo que no funciona con ella querido hermano. —Por eso, necesito tú ayuda. La muchacha enarcó una ceja. —No puedo creer que necesites mi ayuda. El capitán de la SS, necesita mi ayuda... —No seas sarcástica... —¿Que quieres que haga? —Que le hables de lo guapo que es tú hermano. Ana puso los ojos en blanco. —Practicamente que le diga mentiras Arthur se rió abrazando a Bruno y también a su hermana. —Los quiero ambos, son mi motor de vida, nunca olviden eso. —Nosotros te queremos a ti amargado. El capitán sonrió. —Dime una cosa...—dijo Ana. —Mmmm. —No respondiste la pregunta de Bruno. —¿Cuál? —¿La quieres? ¿quieres a Greta? Schmidt miró a su hermana dudoso porque él mismo no tenía respuesta a esa pregunta. ¿La quería? no lo sabía.. ****** Notita: Dejen sus comentarios, sus votos. Eso me anima a continuar con la historia.
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